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lunes, 12 de mayo de 2014

EL ESCARABAJO TIGRE (Cicindela campestris)

Esta primavera hemos podido observar gran cantidad de ejemplares adultos de Cicindela campestris en la sierra de Cuenca septentrional. La cicindela campestre o escarabajo tigre es un coleóptero muy difícil de confundir, caracterizado por presentar grandes ojos y mandíbulas, y una coloración verde con ocelos blancos:


Todos los ejemplares que pudimos observar y fotografiar se encontraban en caminos y pistas de tierra que cruzaban bosques de coníferas, tanto en el nivel del pino negral (Pinus nigra) como en la transición con el nivel del pino albar (Pinus sylvestris), situado a mayor altitud. Tal y como indica el gran desarrollo de sus ojos, se trata de insectos predadores rápidos y agresivos. Pueden correr a gran velocidad y, en caso de peligro, pueden realizar vuelos cortos (unos cuantos metros a lo sumo). He encontrado en ocasiones cicindelas en otros lugares, pero nunca en mi vida había visto tantos ejemplares como esta primavera en la serranía.


Taxonómicamente, el escarabajo tigre se encuadra en la familia Carabidae, aunque dentro de una subfamilia bien diferenciada, la Cicindelinae. Presenta una amplia distribución en el Paleártico, estando muy extendida en Europa, la cuenca mediterránea (Magreb incluido) y grandes áreas de Ásia septentrional.

Al parecer, habita preferentemente medios forestales, aunque se encuentra fuertemente asociado a suelos arenosos y sueltos. De hecho, no encontramos cicindelas en el interior de los pinares, y sí en caminos (de suelo arenoso-pedregoso) que los cruzaban. Dado que estos escarabajos detectan visualmente sus presas y las persiguen a gran velocidad, esta selección de microhábitat se encuentra relacionada con su ecología trófica. Sin embargo, existe otra razón poderosa para que los escarabajos tigre permanezcan en las inmediaciones de suelos sueltos: sus larvas son estrictamente fosoriales, es decir, tienen que vivir bajo tierra. Para ser más precisos, excavan galerías verticales en el suelo arenoso, desde las que acechan sus propias presas. Y es que, ya en su fase larvaria, son carnívoros estrictos. Sin embargo, en este estadio son incapaces de correr y dependen del factor sorpresa para alcanzar a sus víctimas. Así, colocan su gran cabeza a modo de tapa en la entrada de su madriguera, y sólo se mueven para atacar algún invertebrado desprevenido que pase por allí.

En resumen, un coleóptero muy interesante y, además, dotado de una gran belleza:


viernes, 25 de abril de 2014

PRIMAVERA E INSECTOS EN SOTOMAYOR, ARANJUEZ

Aprovechando la recta final de la Semana Santa, hemos aprovechado para hacer una salida al valioso paraje conocido como Sotomayor, en Aranjuez. Valioso y amenazado, como ya he explicado otras veces en este blog, por los planes demenciales de algunos políticos madrileños (y sus amigos en la empresa privada) de hacer un complejo de ocio en esta joya medioambiental. La primavera pasada dediqué una entrada a algunas especies de plantas especializadas en suelos yesíferos que pueden encontrarse en los cerros de Sotomayor. Varias de ellas se encuentran protegidas (aunque en la práctica, eso no sirva de nada a la hora de maniobras especulativas y/o corruptas). Incluyendo el amenazadísimo pítano (Vella pseudocytisus):


En esta ocasión, tras las generosas lluvias de principios de primavera, los pítanos volvían a estar en flor. Muchas otras especies de plantas se encontraban en pleno crecimiento. Sin embargo, en aquel corto paseo decidí centrarme más en la fauna de insectos, para, así de paso, comenzar una especie de censo propio de este tipo de animales en la zona. Había una infinidad de insectos revoloteando, incluyendo dípteros peludos de color anaranjado que libaban de las flores, varios tipos de abejas solitarias y pequeños escarabajos que revoloteaban por todas partes. El problema, como no, es que casi todos eran rápidos, con unos reflejos endemoniados y muy desconfiados. Nada de eso es una sorpresa para aquellos que se hayan puesto a fotografiar insectos. Pero es mi excusa para el escaso número de especies que he podido poner en esta entrada.

El primer ejemplar realmente interesante que encontramos fue esta oruga del geométrido Compsoptera jourdanaria, que parecía camuflarse perfectamente con un diseño a rombos similar al dorso de una serpiente:


Se trata de una especie ligada a ambientes esteparios, cuya área de distribución mundial se limita, al parecer, a áreas de Portugal, España, Sur de Francia, Córcega y Cerdeña. En Madrid, sus principales poblaciones se encuentran en el noreste y, especialmente, en el sureste, siempre en medios abiertos y secos. En el sur y sureste de nuestra comunidad, Compsoptera jourdanaria se alimenta de plantas del género Artemisia, como esta ontina (Artemisia herba-alba), sobre la que encontramos la larva:


Las Artemisia son plantas características de los ambientes esteparios ibéricos. Con frecuencia consideradas "matojos" de los eriales, se trata en realidad de especies claves en nuestros ecosistemas áridos. Entre otras cosas por la gran variedad de insectos especializados que se alimentan de ellas. Ése es el caso de esta pequeña polilla de los cerros, Compsoptera jourdanaria, que, en realidad, sólo se alimenta en su fase de oruga. Los adultos viven poco tiempo, durante el verano, sin comer. Aprovechan para buscar pareja y reproducirse antes de morir, cuando sus reservas energéticas se agotan. Las larvas, eso sí, nacen y se desarrollan sobre las ontinas hasta bien entrado el otoño, y después se ocultan para hibernar. Vuelven a emerger en primavera para terminar su crecimiento, convertirse en crisálidas y completar el ciclo, de manera que sólo se da una generación al año.

Sin duda, la planta protagonista en buena parte de la actividad invertebrada era el gamón (Asphodelus ramosus), que se encontraba entonces en plena floración:


Esta planta vivaz, comestible si se prepara adecuadamente y muy peligrosa si no se cocina bien, es ignorada por el ganado, pero supone un alimento importante para una gran diversidad de invertebrados. El primero que pude fotografiar alimentándose de sus flores fue el chinche Horistus orientalis, un hemíptero de la familia Miridae:


La verdad es que resultaba muy común, aunque no necesariamente fácil de detectar. Horistus orientalis no es una especie rara. Se distribuye ampliamente por el continente europeo y, como otros de sus parientes, es un insecto polífago que se alimenta de la savia de muchas especies de plantas. Por suerte para mí, se trata de la única especie de Horistus presente en nuestra región, así que me resultó fácil de identificar.


En esta especie, como sucede con otros hemípteros, las crías carecen de fase larvaria propiamente dicha. Eso los diferencia de los escarabajos, que sí pasan por una fase de larva muy diferente a la forma adulta. En las chinches, las crías se desarrollan aprisa pasando por diferentes etapas de fase de ninfa, bastante parecidas a la forma adulta. Pudimos observar ninfas de Horistus orientalis, más pequeñas que sus progenitores y, como sucede con las ninfas de los saltamontes, sin alas:


Pero, si las chinches me resultaron bastante fáciles de fotografiar, las siguientes fotos costaron mucho sudor:



Se trata del único himenóptero que conseguí fotografiar, aunque a las flores bajaban numerosas especies de abejas y abejorros de diferentes tamaños y formas. Esta especie en concreto, me ha resultado imposible de identificar. Seguramente es por torpeza, pero le he dedicado bastante tiempo a comparar su morfología con diversas especies de ápidos, sin éxito. Creo poder asegurar que es un ápido del género Xylocopa o, al menos, muy próximo al mismo. Como otras abejas carpinteras de este género, se trataba de un himenóptero robusto, básicamente negro y, a diferencia de los miembros del género Bombus, con el abdomen liso en vez de peludo. Sin embargo, estos ejemplares eran bastante más pequeños que Xylocopa violacea, que es la abeja carpintera más común. Tal vez podría cuadrar con las dimensiones y aspecto general de Xylocopa iris, pero no sólo me parece un poco más grácil, sino que presenta una clara mancha de pelillos blanquecinos justo detrás de la cabeza. Agradecería mucho alguna pista de alguien que quiera echar una mano...

En algunas zonas de los cerros de Sotomayor, se pueden observar especies de plantas leñosas de porte arbustivo, también muy importantes para la biodiversidad local, como es el espino negro (Rhamnus lycioides):


Sin embargo, en la estepa alta, los espinos y efedras forman comunidades abiertas en una matriz de asociaciones bastante complejas de plantas de menor porte (muchas de ellas muy resistentes a la sequía y las temperaturas extremas):



En esta parte más elevada y seca, encontramos varias especies de insectos bastante llamativas. Es el caso de este curioso escarabajo con antenas largüísimas:


Se trata de un longicorne (Agapanthia asphodeli), un coleóptero del grupo de los cerambícidos que, como puede observarse, se diferencian fácilmente de otros escarabajos por sus impresionantes antenas.


Este longicorne se encuentra asociado a plantas de los géneros Asphodelus, Thapsia y Ferula. Estos tres géneros de plantas se desarrollan en los cerros de Sotomayor, de manera que se trata un hábitat ideal para este invertebrado. Por ejemplo, pudimos fotografiar varios ejemplares de cañaheja (Ferula comunis), en pleno desarrollo:


En este momento, sin embargo, se encontraban centrados en la floración del gamonal. Y, como curiosidad, su nombre científico (asphodeli) hace referencia al gamón (Asphodelus).

Los cerambícidos son conocidos por diversas especies que dependen de la madera muerta y que, por este motivo, se encuentran ligados a bosques maduros o a dehesas con árboles viejos. En estos casos, las larvas son xilófagas, es decir, se alimentan de madera. Sin embargo, Agapanthia asphodeli no lo hace. Las hembras depositan los huevos en los tallos de las plantas nutricias, cerca del suelo, y al eclosionar, éstas los horadan y penetran en su interior. Allí se alimentan de sus tejidos hasta que, completado el desarrollo, se metamorfosean en adultos.

En cuanto a su distribución mundial, se encuentra en Europa, norte de África, Ásia menor y el Cáucaso, por lo que se considera una especie holomediterránea. En nuestro país, entre tanto, es más común en regiones submontanas.

Otro hemíptero que localicé un poco más adelante, en la zona más elevada de los barrancos, fue este chinche de aspecto espectacular:


Lo he identificado tentativamente como Carpocoris fuscispinus. Y es que, aunque estoy completamente seguro de que se trata de un scutellérido del género Carpocoris, cuando me he puesto a investigar en casa, me he encontrado con que, para diferenciar unos Carpocoris de otros, es necesario poner atención a las características del abdomen, por ejemplo. Esto no lo sabía en el campo, así que ni se me ocurrió mirarle los bajos (cada vez más, procuro no tocar los animales que fotografío). En cualquier caso, Carpocoris fuscispinus es la especie que más se ajusta a las características del ejemplar que estaba posado en lo alto de una flor de gamón.

También conocido como chinche de las semillas, este insecto de amplia distribución (Mediterráneo occidental, tanto en su vertiente europea como africana) se encuentra ligado a ambientes abiertos o semiabiertos, ricos en vegetación herbácea. Puede encontrárselo en herbazales, campos, matorrales no demasiado cerrados, bordes de bosques, bordes de caminos e, incluso, en ambientes agrícolas, sobre todo si existen campos en barbecho. Tanto los adultos como las ninfas se alimentan de savia, que succionan con un aparato bucal especializado. Esto los convierte en plagas para algunas cosechas, aunque, como se ha mencionado, los paisajes agrícolas no son su hábitat principal. Como en otros chinches, el desarrollo hacia la fase adulta es relativamente sencillo, ya que las crías se parecen mucho a sus progenitores y crecen realizando una serie de mudas sin dejar de alimentarse.

Como en otros insectos de nuestras latitudes, se dan dos generaciones anuales, con adultos emergiendo en primavera y, después, en verano y otoño.

Mucho más especializado, y difícil de encontrar en esta ocasión, es el escarabajo de los espárragos (Crioceris asparagi):


Se trata de un pequeño coleóptero de la familia Chrysomelidae, conocida por sus espectaculares especies de colores metálicos. En este caso, el escarabajo de los espárragos es pequeño, aunque dotado de una coloración muy llamativa, basada en combinaciones de negro, rojo y amarillo. Por supuesto, estaba en un tallo tierno de espárrago silvestre (Asparagus acutifolius). Estos coleópteros son especialistas que sólo se alimentan de los tejidos de las esparragueras. Muy común en el sur de Europa, Crioceris asparagi también se caracteriza por presentar una fase larvaria más bien breve, mientras que los adultos viven durante todo el verano e hibernan después para emerger la primavera siguiente y reproducirse.

Después de esta corta visita primaveral a los cerros de Sotomayor (alrededor de una hora) dan ganas de volver con más tiempo para localizar nuevas especies. El placer que produce pasear por las laderas esteparias y contemplar sus formas de vida, sólo se ve empañado por la amenaza del complejo hotelero e hípico que el Gobierno de la Comunidad de Madrid quiere levantar en este paraje.

miércoles, 9 de abril de 2014

Tropinota squalida, EL ABOMINABLE ESCARABAJO DE LAS FLORES

Este pasado mes de marzo, David hizo esta foto a un pequeño escarabajo:


Se encontraba junto a una carretera, muy cerca de la ladera de un cerro yesífero. Lo que más llama la atención de este insecto es que tiene un aspecto tan peludo que parece una especie de insecto-yeti...

Con un poco de esfuerzo (dado que mis conocimientos sobre invertebrados son muy limitados), he conseguido identificarlo como Tropinota squalida, un coleóptero de la familia Scarabaeidae aunque, más específicamente, se engloba en la subfamilia Cetoniidae. Establecer la especie exacta no me ha resultado sencillo, debido al parecido entre Tropinota squalida y Tropinota funesta, aunque algunas características apuntan claramente hacia la primera especie (como la prominencia marcada a lo largo de la junta de las alas).

Tropinota squalida es un escarabajo de distribución circunmediterránea muy extensa, que abarca la cuenca mediterránea europea, el norte de África y el oeste de Oriente Próximo, encontrándose también presente en el archipiélago canario. Ocupa preferentemente hábitats abiertos o semiabiertos, ricos en plantas con flores. Es más raro en medios forestales más densos, donde la diversidad de flores es menor. Esto se debe a que los adultos se alimentan preferentemente de estos órganos vegetales. No son insectos libadores, sino que muerden y comen los estambres y pistilo, fundamentalmente. Por este motivo, puede perjudicar determinados cultivos (como vides, árboles frutales o arándanos, caso de Huelva).

Tropinota squalida aparecen en su forma adulta dos veces al año. En primavera, de marzo a junio, emergen de forma escalonada de sus refugios invernales, y comienzan a volar y a alimentarse. Durante esta estación también se aparean y ponen huevos, antes de morir. De hecho, durante el verano no suelen observarse ejemplares maduros de Tropinota squalida, coincidiendo con un periodo de escasez de flores. Las larvas, eso sí, crecen rápidamente mientras tanto. Presentan un color blanquecino y se alimentan de raíces y otra materia vegetal en descomposición. Hacia finales de verano, completan su desarrollo y se metamorfosean en una nueva generación de escarabajos adultos. Estos ejemplares son los que se entierran durante el otoño para emerger una vez más la siguiente primavera.


miércoles, 5 de febrero de 2014

¿ES ÉTICO SEGUIR "OCUPANDO" TERRITORIO? EL CASO DE LA DEPURADORA DE VALDEMORO

Hace poco, me encontraba teniendo una conversación sobre energías renovables e instalación de paneles solares. Hablando del caso de Argentina, alguien comentó: 

- Fíjate, con la superficie que tiene ese país, ¡la cantidad de campos de paneles solares que podrían ponerse! ¡Muchísimos!

Eso me hizo ponerme a pensar sobre hasta qué punto estamos legitimados para seguir ocupando tierras y humanizando lo que queda sin tocar de nuestro planeta. Es un dilema de tipo moral, en cierto modo. ¿Tenemos derecho a cubrir un determinado territorio de placas solares? ¿Podemos permitirnos seguir pensando en la superficie de la Tierra, como si fuera nuestra para lo que necesitemos?

Un amigo, hace no mucho, me comentó que había oído que unas empresas energéticas de origen alemán, estaban planteándose extender inmensos campos solares en el Sahara marroquí y argelino. Le planteé la posibilidad de que, tal vez, esa iniciativa dañara lugares valiosos. "Pero... es un desierto", me respondió, "no hay nada". 

Suele ser mucho más cómodo ignorar que conocer. Saber que la superficie de nuestro planeta es un tesoro irrepetible, en toda su extensión, es inquietante. Saber que, a lo largo de las eras, la vida se ha abierto camino en formas casi infinitas para ocupar casi cada rincón de la Tierra. Que allá donde miremos, contemplamos algo único y frágil. Durante el último siglo, hemos destruido o consumido buena parte de esa riqueza, mientras extendíamos nuestra presencia e infraestructuras más allá de lo soportable. 

Así que, ¿hasta donde queremos llegar? ¿Estamos dispuestos a conservar algo para las generaciones futuras? Aquí se plantea un dilema cada día más urgente, pues cada día nos queda menos que salvar. Hace muy poco saltaba a la prensa el daño que la construcción de una depuradora va a causar en un espacio natural protegido del sureste de Madrid. La finca El Espartal, en Valdemoro, es muy conocida por su riqueza botánica, con numerosas plantas de ambientes áridos endémicas, así como por ser el hábitat de algunos invertebrados rarísimos y actualmente amenazados. Además, es el hogar de especies de vertebrados protegidos por la legislación española. El Canal de Isabel II (es decir, el Gobierno de la Comunidad de Madrid) planea construir una depuradora que, en gran medida, ocupará un área valiosa del Espartal.

Todos queremos que nuestros ríos bajen limpios. Yo, además, querría que bajaran con agua. Sin embargo, ¿cuánto más estamos dispuestos a perder?

Dejo aquí un artículo sobre este tema:


Una depuradora en Valdemoro contra las especies de El Espartal

Más del 85% de la superficie de los terrenos donde se quiere construir la estación depuradora de aguas fecales está compuesta por hábitats de interés comunitario.



La Comisión de Pe­ticiones del Parlamento Europeo tiene previsto abordar hoy en su orden del día la denuncia de Ecologistas en Acción de Valdemoro, Madrid, contra la construcción de una estación depuradora de aguas residuales en los terrenos protegidos de El Espartal. Ésta no es la única denuncia de la organización contra los planes del Canal de Isabel II, empresa que promueve la estación depuradora y que gestiona el agua de Madrid y sus municipios.
En octubre de 2011, la Comuni­dad de Madrid emitió una declaración de impacto ambiental favorable a la nueva estación depuradora de Valdemoro. La parcela escogida, con una superficie de 82.090 m2, se sitúa en el interior de El Espartal, una extensa finca de gran valor ecológico, al este del municipio. Algo más de la mitad esos terrenos –746 hectáreas– forman parte del Parque Regional del Sureste y en su conjunto presenta un elevado interés de fauna, flora y de geomorfología.
Desde que la empresa pública Ar­pe­gio anunciara su proyecto de urbanización –hace casi una década– este paraje ha venido polarizando el grueso de las reivindicaciones de Ecologistas en Acción. Las aguas residuales del municipio de Valdemoro se tratan en la actualidad en la estación depuradora del pueblo de Ciempozuelos, que, junto con las generadas en esta localidad, también procesa las procedentes de San Martín de la Vega.
El escarabajo Buprestis sanguinea es un "endemismo ibero-magrebí, muy raro y localizado en España, en Madrid, considerado como una reliquia zoológica
El Canal justifica la necesidad de la nueva infraestructura por la insuficiente capacidad de la depuradora actual para atender las futuras demandas previstas en el planeamiento de estos municipios. El proyecto supondrá un movimiento de tierras de 275.000 m3 en una parcela de alta calidad paisajística, como reconoce el propio estudio de impacto ambiental de por la empresa Prointec. Más del 85% de su superficie está ocupada por hábitats de interés comunitario, tres de ellos de conservación prioritaria en la UE. Además, la obra supondrá que las acometidas de agua potable, electricidad y la conducción de agua reutilizada discurrirán por terrenos clasificados como Lugares de Importancia Comunitaria (LIC), como las vegas, cuestas y páramos del sureste de Madrid, y como Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA), como los cortados y cantiles de los ríos Jarama y Manzanares, lo que significará la destrucción añadida de 2,5 km de estoshábitats.

Alternativa al emplazamiento

Para evitar impactos sobre la Red Natura 2000, Ecologistas en Acción de Valdemoro propuso un emplazamiento alternativo para la depuradora contiguo a un área industrial, en el margen contrario del arroyo de La Cañada. Pero el promotor rechazó la propuesta aduciendo que ese emplazamiento hacía preciso el bombeo de agua por la diferencia de cota respecto a las alternativas iniciales, aunque el proyecto contempla la construcción de una nueva estación de bombeo en Ciempozuelos para tratar las aguas residuales del polígono industrial S1.
Durante el periodo de alegaciones, los ecologistas sostuvieron que el estudio de impacto ambiental no ofrecía un diagnóstico preciso ni completo de los valores naturales comprometidos por la infraestructura. Éste es el caso del coralillo (Microcnemum coralloides), una rara planta presente en el arroyo de La Cañada que se vería afectada por la construcción de la estación depuradora. La rareza –una de sus subespecies se distribuye por de­siertos de Siria y Turquía– y la extrema fragilidad de sus poblaciones hizo que fuera incluida como vulnerable en el Libro Rojo de la flora vascular española. El estudio de impacto ambiental no hacía mención a esta especie,aunque agentes forestales de la Comunidad de Ma­drid certificaron oficialmente su presencia en septiembre de 2012.
Este no es el único de los valores botánicos del entorno en riesgo. Como recuerdó Juan Manuel Martínez Labarga, profesor de la Escuela de Ingeniería Técnica Forestal, de la Universidad Politécnica de Madrid, en el IV Congreso de Biología de la Conservación de Plantas celebrado en Almería en 2009, en el paraje de El Espartal “varias de sus especies vegetales gipsícolas [de suelos de yesos]  son endemismos exclusivos de estos afloramientos edáficos de la cuenca del Tajo o de la península Ibérica. Eso quiere decir que no viven en ningún otro lugar del planeta (Thymus lacaitae, Gypsophila struthium, Vella pseudocytisus, etc)”.
Labarga insiste en que: "La finca de El Espartal y el Arroyo de la Cañada, entre Valdemoro y Ciempozuelos, albergan la mejor comunidad halohidrófila de la Comunidad de Madrid, con interesantes especies vegetales endémicas y con un muestrario de los más importantes hábitats naturales de zonas salinas y gipsícolas incluidos en la red Natura 2000 que se pueden encontrar en el centro de la península ibérica".
El retraso en la ejecución del proyecto debe explicarse por las reclamaciones ante la Comisión Europea por su difícil encaje en el marco de la legislación ambiental de la UE. En este sentido una reciente respuesta de David Lowe, desde la Comisión de Peticiones, precisa que: “Las autoridades competentes sólo darán su consentimiento para el plan o proyecto después de asegurarse de que no tendrá efectos adversos sobre los referidos parajes vistos en su conjunto”. Por otra parte, el proyecto sigue supeditado a las consecuencias de la sentencia 403/2012 del Tribunal Superior de Justicia de Madrid que en mayo de 2012 anulaba importantes desarrollos previstos en el  Plan General de Valdemoro.
Mientras tanto, en octubre se cumplieron dos años de la emisión de la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) sin que el promotor haya iniciado las obras. De acuerdo con la Ley 2/2002 de Evaluación Ambiental de la Comunidad de Madrid la declaración debe someterse a un nuevo informe con el fin de revisar su vigencia.

"Una reliquia zoológica"

El valor científico de estos terrenos ha vuelto a manifestarse tras la localización en agosto de Buprestis (Yamina) sanguinea, un escarabajo del que no existían citas en toda la Comunidad de Madrid en los últimos 15 años. En opinión del entomólogo José Ignacio López-Colón: “Este endemismo ibero-magrebí, muy raro y localizado en España —y más todavía en Madrid—, está considerado como una reliquia zoológica y su supervivencia está estrechamente ligada a la conservación del hábitat donde se desarrolla sus plantas-huésped, las efedras o canadillos (género Ephedra)”.
Hembra de Buprestis sanguinea, en agosto en El Espartal, tras 15 años sin citas en la Comunidad de Madrid. ECOLOGISTAS EN ACCIÓN VALDEMORO.
Además, El Espartal cuenta también con un gran valor arqueológico, una buena parte de la finca fue declarada por la Comunidad de Madrid Bien de Interés Cultural en 1995. Las prospecciones arqueológicas confirmaron la existencia de numerosos yacimientos que atestigúan la presencia en este entorno de ocupaciones humanas desde época muy remota. En su interior se localiza el yacimiento donde se halló el célebre vaso campaniforme de Ciempozuelos.


Fuente:

https://www.diagonalperiodico.net/global/21397-depuradora-contra-especies-espartal.html


jueves, 13 de junio de 2013

CARRALEJA O ACEITERA IBÉRICA (Physomeloe corallifer)

El pasado mes de abril, en uno de esos raros fines de semana en los que las lluvias nos dieron un respiro, David y yo hicimos una salida a los Montes de Toledo. En un camino de la cara norte de los mismos, bastante cerca de San Pablo de los Montes, nos encontramos un insecto muy curioso. Se trataba de una carraleja (Physomeloe corallifer), un coleóptero de la familia Meloidae:


Era la primera vez en mi vida que veía esta especie y al principio no la reconocí. Sin embargo, decidí hacerle una foto porque me recordaba mucho a otro coleóptero no volador que recuerdo con cariño. Se trata del cura o curita (Berberomeloe majalis), muy común en los campos de mi pueblo durante mi infancia, y actualmente prácticamente desaparecido en mi zona. Tanto el cura como la carraleja tienen un abdomen alargado y un color predominantemente negro (aunque el cura suele presentar bandas laterales rojas). De hecho, pertenecen a la misma familia. Además, comparten otras características. 

Por ejemplo, las larvas de ambas especies son parásitas. Tras eclosionar a finales de primavera o principios de verano, trepan a los tallos de plantas bajas y allí, en sus flores, esperan el paso de alguna abeja, abejorro u otro insecto similar, y se aferran a sus patas. De ese modo viajan pasivamente hasta el nido de su hospedador, donde se alimentan de sus larvas indefensas y de la miel acumulada por su madre. No obstante, dado que la criatura debe aferrarse a las patas de la especie adecuada de abeja solitaria, el puro azar determina que muy pocas consigan su objetivo. En cualquier caso, su desarrollo es complejo y pasa por dos fases larvarias muy diferentes, lo que se conoce como "hipermetamorfosis". Ésta tarda en concluirse casi un año: los imagos o adultos emergen en abril o mayo (depende de la altitud) del año siguiente.

Además, ambos meloidos presentan una estrategia defensiva similar y bastante eficaz: son tremendamente tóxicos. Sin son molestados son capaces de segregar una sustancia de aspecto aceitoso que, además de venenosa, es capaz de provocar enrojecimiento, erupciones e irritación sólo con entrar en contacto con la piel. Mejor que no nos toque los ojos. Curiosamente, aunque son insectos que caminan confiados a pleno día, no recuerdo que ni yo ni ningún otro niño de mi entorno fuera tan tonto como para tocar un cura con la mano. Podíamos coger grillos, aunque mordieran, pero sabíamos que los curas sólo se tocaban con un palito.

A diferencia de este último, la carraleja es un endemismo ibérico. Sólo se encuentra en el sur y el centro de la Península Ibérica. Dadas las necesidades de sus larvas, no es de extrañar que este y otros meloidos habiten medios abiertos con vegetación baja. Sin embargo Physomeloe corallifer parece bastante flexible. Por ejemplo, en el Parque del Sureste ocupa cerros yesíferos sin arbolado en El Espartal de Valdemoro, donde en ocasiones las precipitaciones no alcanzan los 300 mm cúbicos anuales (valores propios de un semidesierto). En otras zonas aparece en dehesas y campos próximos a monte bajo. En Gredos se la puede encontrar en praderas cercanas a bosques de robles y pinos. En nuestro caso, aquella carraleja se nos cruzó a más de 1.000 m de altitud, en la transición entre el piso del encinar y el del melojar. Aunque, eso sí, junto a una zona desarbolada en la que abundaban las jaras y otra vegetación pionera de pequeño porte:


En fin, esto es lo bueno que tienen las salidas al campo, que casi siempre tienes posibilidades de encontrarte con algo interesante en medio del camino.