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jueves, 31 de marzo de 2016

PASOS EN EL CONTROL DE ESPECIES INVASORAS: ¿DEMASIADO TARDE?

Hace unos días se hizo pública una sentencia del Tribunal Supremo que anula las exclusión de varias especies de plantas, hongos y animales del catálogo de especies exóticas invasoras establecido en 2.013. Es decir, es una sentencia que devuelve al catálogo de invasoras diversas especies que, por motivos económicos o comerciales, habían sido "indultadas". Las criaturas de la discordia son las siguientes: Batracio mirhocytrium dendrobatidis, Udaria pinnatifida, Helianthus tuberosus, Cyprinus carpio, Oncorhynchus mykiss, Hucho hucha, Ammotragus lervia, Neovison vison, Procambarus clarkii, Phytophthora ramorum, Phytophthora cinnamomi, Ophistoma ulmi y Ophistoma nono-ulmi. Todas, con excepción del salmón del Danubio o hucho (Hucho hucho), vuelven al Anexo del Catálogo de Especies Exóticas Invasoras aprobado por el Real Decreto 630/2013.

En teoría, este fallo judicial debería provocar cambios importantes en la gestión de todas estas especies. Por ejemplo, la comercialización del cangrejo de río americano (Procambarus clarkii) y la trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss), que son de lo más común en las pescaderías, tendría que desaparecer o producirse de otra manera. Además, deberían prohibirse por completo las sueltas masivas de truchas arcoíris y carpas (Cyprinus carpio) en nuestros ríos y embalses, algo cotidiano en la gestión de muchos cotos de pesca de medio país. Tampoco podrán autorizarse ni ampliarse granjas de cría de visón americano (Neovison vison), especie relacionada con la destrucción de especies autóctonas amenazadas como la rata de agua meridional (Arvicola sapidus), el desmán (Galemys pyrenaicus), la rana patilarga (Rana iberica) y, especialmente, el visón europeo (Mustela lutreola).

No obstante, para muchas de estos animales, hongos y plantas asilvestrados e invasores, puede que las medidas tomadas lleguen ya muy tarde. Por ejemplo, eliminar el visón americano o el cangrejo rojo, va a ser prácticamente imposible, a no ser que se realicen planes integrales dotadas con ingentes presupuestos. Además, los intereses económicos creados en torno a muchas especies invasoras, hacen que cuenten con el apoyo popular de ciertos sectores de la sociedad. Eso explica la continua expansión del siluro o la resistencia del sector cinegético para declarar el arruí como invasor. En cambio, se da la paradoja de que algunas especies autóctonas son señaladas como invasoras en determinadas situaciones. Por ejemplo, se ha dado la circunstancia de que el gamo (Dama dama) ha sido tratado como un invasor indeseable en su expansión por el suroeste de Teruel, adonde ha llegado desde Cuenca. El gamo debe considerarse como <<reintroducido>>, pues existen numerosas pruebas de que existió en nuestro territorio durante milenios, antes de extinguirse probablemente por influencia humana. Lo mismo puede decirse del muflón (Ovis musimon). La extinción del bisonte europeo (Bison bonasus) y el caballo salvaje (Equus ferus) son aún más recientes, y no está prevista su reintroducción. Más patético aún resulta que el meloncillo (Herpestes ichneumon), e incluso el oso pardo, sean tratados de exóticos y dañinos en algunas regiones por determinados colectivos. Y, mientras tanto, esta invasión silenciosa continúa. Como muestra, esta fotografía de un arce negundo (Acer negundo) junto al río Jarama, en Madrid, donde este árbol de origen americano está ocupando los bosques de ribera del sureste:


Veamos qué efecto tiene esta sentencia en el futuro de nuestros ecosistemas:

El Tribunal Supremo amplía el registro de especies invasoras


La Sala de lo Contencioso anula las excepciones de la normativa que permitían la caza o pesca de algunas de estas especies, la comercialización de otras, como el cangrejo rojo, o las explotaciones de cría del visón americano.
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Sentencia especies invasoras
El Supremo ha estimado parcialmente un recurso de Ecologistas en Acción y ha ampliado el Catálogo español de Especies Exóticas Invasoras, incluyendo entre otras especies a la carpa común y a la trucha arco iris. Asimismo, anula las excepciones de la normativa que permitían la caza o pesca de algunas de estas especies, la comercialización de otras (cangrejo rojo) o las explotaciones de cría del visón americano.
La Sala III del alto tribunal estima parcialmente el recurso de Ecologistas en Acción, la Sociedad Española de Ornitología y la Asociación para el Estudio y Mejora de los Salmónidos, contra el Real Decreto 630/2013, de 2 de agosto, por el que se regula el Catálogo español de Especies Exóticas Invasoras.
La sentencia anula la exclusión del Catálogo, y por tanto ordena su inclusión, de la carpa común, la trucha arco iris, el alga comestible wakame, la pataca o tupinambo y el hongo quitridio. La decisión se basa en informes científicos del CSIC y otros expertos que prueban el carácter invasor y la amenaza grave que suponen sobre las especies autóctonas, el medio ambiente y los hábitats y ecosistemas. Algunas de estas especies ya estaban incluidas en el listado de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
La inclusión en este Catálogo conlleva la prohibición genérica de posesión, transporte, tráfico y comercio de ejemplares vivos o muertos, incluyendo el comercio exterior.
Asimismo, el Supremo establece la inclusión en el catálogo de la población murciana del bóvido conocido como arruí (Ammotragus lervia), que los demandantes señalaban que fue introducida en la sierra murciana de Espuña en 1970 por su interés cinegético como trofeo debido a su notable cornamenta. El Supremo rechaza que pueda ser excluido por razón del lugar o provincia de su originaria introducción, o de la fecha de introducción, cuando no se han acreditado circunstancias relativas al hábitat o ecosistemas que sí podrían valorarse.
De las especies por cuya inclusión en el Catálogo abogaban los demandantes, el Supremo no comparte sólo la del Hucho hucho, o salmón del Danubio, al no existir una evidencia científica contrastada acerca de la consideración de este pez como especie exótica invasora, contando con datos como sus dificultades de adaptación al medio y su localización geográfica restringida al río Tormes.
Además, la sentencia anula diversas disposiciones adicionales y transitorias del Real Decreto que reconocen o facilitan actividades empresariales o deportivas en relación con especies catalogadas, prohibidas con carácter general e incondicional en el artículo 61.3 de la Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad.
De ese modo, se anula el apartado segundo de la disposición adicional sexta, en cuanto permitía la autorización de explotaciones de cría de visión americano, o la disposición adicional quinta, que posibilitaba la comercialización del cangrejo rojo, al que califica como especie invasora con acreditada constatación científica sobre su carácter dañino.
También se anula la disposición transitoria segunda, ya que “se trata de una disposición transitoria que no es, en rigor, transitoria, sino que provee un régimen prolongado de disfrute de determinadas situaciones, por tiempo indefinido, en favor de actividades cinegéticas o piscícolas que son legítimas en su ejercicio, pero que no pueden prevalecer frente a los valores superiores que se tratan de preservar con el Catálogo de previsión legal, de suerte que será legal, incluso encomiable y susceptible de protección la caza y la pesca, cuando no se haga objeto de ellas especies catalogadas, que lo son por sus perniciosos efectos sobre el medio ambiente y, en especial, sobre las especies autóctonas y los hábitats y ecosistemas”.
“Está en la naturaleza de las cosas que la caza y la pesca, lejos de servir a los fines de erradicación de las especies catalogadas, más bien determinan su mantenimiento indefinido, cuando no la agravación, del status quo actual, dificultando, si no haciendo imposible, su erradicación, que es un objetivo inequívoco de la Ley del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad”, añade.
Como demandados en el proceso figuraban, además de la Administración General del Estado, la Asociación Española de Black-Bass y la Federación Española de Pesca y Casting.
En varios de los casos, la exclusión del Catálogo de las especies ahora consideradas invasoras por el Supremo fue acordada a solicitud de las comunidades autónomas afectadas.
Fuente: http://www.ecologistasenaccion.org/article31869.html

lunes, 31 de marzo de 2014

PRIMER INTENTO CON EL FOTOTRAMPEO

Este mes me he puesto por primera vez a utilizar una cámara de fototrampeo. Soy muy torpe con la tecnología, pero me decidí a arriesgarme a hacer un churro de fotos porque, con las últimas lluvias, esta primavera se ven multitud de rastros muy fácilmente en el suelo mojado. No obstante, no siempre las huellas dan una idea precisa de lo que se mueve por el campo, así que pensé que con este medio sacaría algunos datos interesantes.

Relato del primer intento (advierto que no muy interesante): Coloqué la cámara en el interior de un bosque húmedo. Los rastros de mamíferos que podían verse con más facilidad eran los de jabalíes, zorros y mapaches, con otros menos abundantes dejados por mustélidos y ginetas. Era última hora de la tarde. El punto elegido fue el borde de un pequeño claro, que permitía a la cámara controlar la mayor parte del mismo. Al poco tiempo de irme, comenzó a haber movimiento de aves, quedando registradas fotos de varias especies, como petirrojos o este macho de mirlo común (Turdus merula):


La noche estuvo bastante más animada. Desgraciadamente, mi falta de experiencia hizo que colocara la cámara demasiado cerca del suelo y, además, frente a una rama que dificultaba la visión del fondo. El resultado fue que se ven bultos al fondo, animales pasando, de los que se distinguen colas y lomos, pero poco más. Ya sé que eso lo tengo que corregir para la próxima vez. En cualquier caso, hubo al menos un mapache que estuvo fisgoneando por los alrededores, tal vez atraído por mi olor. Aparece en varias fotos, aunque sólo partes de su cuerpo: morro, cola, lomo... La mejor es ésta:


Se aprecia bastante bien el antifaz de la cara, así como su morro y orejas más cortos que los del zorro. El mapache se asoma de entre la maleza y olisquea con cautela. Luego se pasa un buen rato dando vueltas por el claro, cada vez más intrigado por la cámara. Se acerca, se pone delante:


Y llega a tocarla y a moverla (las fotos siguientes salen con una inclinación diferente).

Recogí la cámara a la mañana siguiente bien temprano, así que no estuvo en funcionamiento muchas horas. De todas maneras, supongo que el hecho de que el único mamífero registrado sea el mapache, es la confirmación de que esta especie introducida es muy común (o abundante) en esta zona del este de Madrid. Y eso, pese a la campaña de trampeo que se ha estado realizando durante años.

Con respecto a este prociónido asilvestrado en nuestro territorio, que probablemente siga extendiéndose, habría que conocer qué impacto real está teniendo en el medio. Por ejemplo, ¿cómo compite con otros carnívoros forestales? El mapache es sumamente oportunista, capaz de explotar una amplia variedad de recursos, y se alimenta tanto en el suelo del bosque como en las copas de los árboles. Su nicho ecológico ha estado siempre ocupado por otros mesocarnívoros, incluyendo semi arborícolas como la gineta y la garduña, o terrestres como el turón y el zorro. La competencia puede estar relacionada no sólo con el consumo de recursos antes disponibles para otras especies, sino en forma de monopolización de refugios (por ejemplo, troncos huecos) o desplazamiento directo mediante interacciones agresivas. Además, dado que es capaz de alcanzar densidades muy elevadas en nuestros ecosistemas, el impacto sobre otros grupos de animales (anfibios, aves, galápagos,...) puede ser muy grande.

sábado, 3 de agosto de 2013

ESPECIES EXÓTICAS: LA ECONOMÍA CAPITALISTA CORTOPLACISTA CONTRA LA CONSERVACIÓN AMBIENTAL



En los últimos años del gobierno de de José Luis Rodríguez Zapatero, asistimos a un tímido intento por solucionar uno de los problemas medioambientales más graves que afronta nuestro país (y el planeta en general): la introducción de especies exóticas. 

Este fenómeno no es nuevo. Sin embargo, las mejoras en los medios de transporte, el comercio internacional y ciertos hábitos relacionados con las sociedades de consumo del Primer Mundo, han convertido esto en un auténtico cataclismo medioambiental. En la actualidad, la introducción de especies exóticas de todo tipo, se considera la segunda causa de pérdida de biodiversidad en nuestro mundo. Sólo la destrucción de los hábitats tiene un efecto aún más dañino para los habitantes de Gea.

En nuestro país, son numerosos y muy graves los casos de animales y plantas exóticos que, una vez adaptados a nuestro entorno, han causado daños de diferentes tipos. Estos van desde perjuicios económicos a la eliminación de especies nativas, por competencia o depredación, fundamentalmente. 

Durante el siglo XX, y sobre todo a mediados del mismo, las administraciones públicas se lanzaron a la introducción legal de numerosas de nuestras actuales "bestias negras". Era dominante, como hoy, una ideología según la cual la naturaleza debía servir a los intereses del ser humano, y debía hacerlo de una forma inmediata como beneficio económico. Es decir, los bosques, las estepas, los ríos, y todas las criaturas que los habitaban, sólo valían si generaban puestos de trabajo, madera, carne, pieles, resina; dinero, en definitiva. En ocasiones, los técnicos de este sistema político e intelectual, deducían que nuestra naturaleza era "mejorable", es decir, no producía todo lo que debía. Las mejoras consistían, básicamente, en introducir unas especies exóticas y eliminar otras nativas, según dictaban los intereses económicos. Desde este prisma capitalista productivista fue como el gobierno de Franco se lanzó a plantar nuestros montes de eucaliptos y a soltar lucios y black-bass por toda nuestra geografía, al tiempo que se invertía dinero público en exterminar lobos y águilas.

Con el paso del tiempo, parecieron operarse ciertos cambios en la mentalidad de los españoles y este tipo de prácticas dejaron de verse con buenos ojos en amplios sectores de nuestra sociedad. Otras, no obstante, han seguido vigentes hasta nuestros días, demostrando que la preocupación por el medio ambiente no es sino muy superficial.

Un caso flagrante, bien conocido en la Comunidad de Madrid por aquellos a los que nos gusta la pesca, es la gestión de los ríos de montaña como cotos. Y es que, aunque los cursos de agua son de titularidad pública en nuestro país, con mucha frecuencia se gestionan de forma privada, por tramos que se encuentran bajo la tutela de asociaciones de pescadores. Así, en los ríos de montaña madrileños, diferentes asociaciones gestionan los ecosistemas fluviales (públicos legalmente y salvajes medioambientalmente) como si fueran el patio de su casa. Se trata, por tanto, de un caso en el que la naturaleza se pone al servicio de intereses privados, para satisfacer el ocio de sectores minoritarios de nuestra sociedad. 

Las consecuencias son graves desde muchos puntos de vista. Una de ellas es que estas asociaciones no se encuentran interesadas en gestionar ecosistemas completos y complejos, sino que su principal objetivo es garantizarse jornadas de pesca que cumplan sus expectativas. Eso se encuentra detrás de sus continuas demandas a la Administración para que controle nutrias, cormoranes o martines pescadores (predadores naturales de peces). Y, por supuesto, que quieran "sus" ríos siempre llenos de truchas arcoíris de piscifactoría, puntualmente soltadas desde camiones cisterna.

Efectivamente, a corto plazo, este sistema de gestión genera puestos de trabajo. Hace imprescindibles empresas que críen toneladas de truchas exóticas, que a su vez demandan pienso, medicamentos, vehículos, combustible,... Además, la Administración recauda suculentas cuotas de estos cotos de pesca. La naturaleza al servicio del consumo. Los ecosistemas al servicio de nuestros caprichos. ¿A quién le importan las truchas nativas que deberían vivir en esos tramos fluviales, y todas las demás piezas de ese sistema vivo y complejo? Desde luego, a la sociedad de consumo no.

Eso parece tenerlo muy claro el gobierno de Mariano Rajoy, que ha derogado buena parte de la legislación sobre especies exóticas impulsada por el anterior gobierno (muy tibia de por sí). Su objetivo es que la conservación del medioambiente no sea un obstáculo para el desarrollo económico y determinadas minorías influyentes. Lo dicho: miopía económica capitalista contra la conservación de la naturaleza. Una vergüenza.

Dejo aquí este artículo, publicado el miércoles por El País:

El Gobierno rebaja la normativa contra las especies exóticas invasoras

El decreto que prevé aprobar mañana el Consejo de Ministros permite comercializar especies

La normativa 'indulta' al cangrejo rojo, la trucha arcoiris y el arruí, entre otros









El Gobierno tiene previsto aprobar mañana, en el último Consejo de Ministros antes de las vacaciones, el Real Decreto que regula el catálogo de especies exóticas invasoras en España, un texto que ha generado rechazo entre las asociaciones ecologistas puesto que elimina el actual listado de unas 200 "especies exóticas con potencial invasor" e introduce excepciones a la prohibición general de introducirlas y comercializarlas. La norma derogará la anterior legislación aprobada hace apenas año y medio por el anterior Gobierno socialista.
En el catálogo se incluyen las especies exóticas que constituyen una amenaza grave para las especies autóctonas, los hábitats o los ecosistemas. Según el proyecto que se conoció en abril pasado, que se presentó a las organizaciones ecologistas en el Consejo Asesor de Medio Ambiente, el cangrejo rojo queda 'indultado' cuando los ejemplares se destinen a la industria alimentaria. Algo parecido sucede con el visón americano. Se considera especie invasora, pero se permite que continúen las explotaciones actuales. Desde Medio Ambiente precisan que no estará permitido establecer o ampliar granjas en zonas de cría de visón europeo. Los ecologistas entienden que en el resto de áreas, sí. Fuentes del Ministerio consideran un "gran avance" la "restricción" de la presencia del visón americano, que en la anterior norma "no aparecía".
El texto también permite sueltas de trucha arcoiris, especie con gran interés para el negocio de la pesca recreativa. Parte de este sector y algunas comunidades autónomas alegaron a finales de 2011 contra su inclusión en el catálogo de especies invasoras. El texto define la suelta como la "liberación de ejemplares en el medio natural con la intención de su captura y extracción del medio de forma inmediata y sin perseguir el establecimiento de los ejemplares soltados". En el caso de la trucha arcoiris, la sueltas deberán hacerse, añade, "exclusivamente con ejemplares criados en cautividad, procedentes de cultivos monosexo y sometidas a tratamiento de esterilidad".
El arruí, una cabra procedente del Sáhara que se introdujo hace décadas para ser cazada, también queda amnistiada en la región de Murcia. El texto precisa que "en las áreas de introducción autorizada" antes de 2007, y de expansión natural delimitadas en Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana, Andalucía y Extremadura "será obligatoria la elaboración de normas, planes o estrategias para su gestión y control".
"Es un Real Decreto lleno de trampas", asegura Miguel Ángel Hernández, responsable estatal de conservación de especies de Ecologistas en Acción. "Elimina especies del listado que ahora se pueden comercializar y además introduce excepciones para atender a intereses particulares", añade.
Fuentes del Ministerio hacen otra lectura: “Por fin tenemos una normativa vigente sobre exóticas, porque la anterior norma estaba tan mal hecha que el Tribunal Supremo suspendió su aplicación de manera cautelar. Cuando esto ocurre, cuando el Supremo actúa de esta forma, es porque hay serias, profundas dudas sobre la legalidad del texto. Ahora sí podemos decir que España cuenta con una legislación vigente sobre especies exóticas invasoras, con un catálogo en el que se han incluido 53 especies más y un texto que ha sido debatido ampliamente con los sectores implicados, con todos los grupos ecologistas cuyas observaciones han sido incluidas en un buen número de casos".
En realidad, lo único que suspendió el Tribunal Supremo fue la inclusión en el catálogo de una única especie, Micropterus salmoides o black bass, un pez llamado también perca negra americana muy apreciado por los pescadores deportivos. Un grupo de presión formado por varias comunidades y dos importantes colectivos de pescadores había pedido la suspensión parcial del catálogo, algo a lo que accedió el Consejo de Ministros del 24 de febrero de 2012 (suspendió los artículos 1,4,5,7,8,10, la disposición transitoria 2ª y el anexo 2), recién llegado el nuevo Gobierno. La decisión del Supremo se produjo un mes después.

Fuente:

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/08/01/actualidad/1375383055_339580.html

miércoles, 3 de noviembre de 2010

PARADOJAS DE LOS INCENDIOS: EL CASO DE LA MARAÑOSA

En un país como el nuestro, en el que cada verano los ciudadanos pensamos con preocupación en la posibilidad de que se produzcan incendios descontrolados en parajes de gran valor medioambiental, estamos ya acostumbrados a pensar en el fuego como en un agente netamente destructor de toda vida. En ocasiones, la gente se enzarza en discusiones acerca de la necesidad de que los políticos hagan más por mantener limpios los bosques (a menudo se dice que están "abandonados"), y se mira con temor la aparición de cualquier columna de humo en el horizonte durante el verano. Ciertamente, los incendios son peligrosos para las personas y sus intereses económicos. Sin embargo, últimamente cada vez se oyen más voces que cuestionan esta visión monolítica del papel del fuego.

Sobre su papel destructor, los telediarios nos dan datos espeluznantes sobre la extensión de los montes quemados, e incluso sobre el olor que desprenden y las lágrimas de la gente que vive cerca. Lo que no nos cuentan es que, para las plantas, con frecuencia el fuego no es un fenómeno ni nuevo ni desconocido. Ya había rayos e incendios millones de años antes de que aparecieran los seres humanos y los pirómanos. De hecho, una gran cantidad de especies de plantas han coevolucionado estrechamente con las llamas. En julio de 2007 se quemaron miles de hectáreas de superficie forestal en Gran Canaria. Un desastre, efectivamente. Sin embargo, gran parte de lo que ardió eran pinares de pino canario (Pinus canariensis) y otros tipos de monte dominados por especies como la palmera canaria (Phoenix canariensis), que pueden quemarse sin morir. Tras el paso del fuego, rebrotan. Y más aún, las piñas de pino canario se abren con el calor, por lo que su reproducción puede verse facilitada al aumentar la dispersión de piñones y eliminarse malezas competidoras.

En muchas otras regiones del mundo, los bosques se han adaptado al fuego maravillosamente, hasta tal punto que algunos tipos dependen de éste para sobrevivir. Por ejemplo, en Australia muchas comunidades vegetales de alto valor ecológico necesitan quemarse periódicamente (entre cada 20 ó 50 años) para no languidecer y ser sustituidas por otras más homogéneas y pobres. Algunas especies de plantas en la práctica sólo se reproducen cuando arden. Es el caso de muchas Banksia, que florecen todos los años, pero cuyas cápsulas de semillas sólo se abren al quemarse (único momento en el que liberan su contenido). En Norteamérica, el fuego es importante en el diseño de muchos ecosistemas boscosos, aunque parece especialmente importante el oeste. El monte de tipo mediterráneo de California (llamado localmente "chaparral") se quema naturalmente de forma periódica, y en algunas zonas se recomienda provocar los incendios si no suceden fuegos espontáneos. No obstante, el equilibrio es sutil: el chaparral se cierra y envejece si no se quema durante mucho tiempo (perdiendo biodiversidad), pero si se quema demasiado (cada 15 años o menos) también se degrada y se pierde. En la práctica, las manchas de monte con diferentes grados de quema, conforman un mosaico de distintas comunidades vegetales que globalmente alberga una inmensa riqueza biológica.
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En nuestro país, la vegetación mediterránea también lleva millones de años conviviendo con el fuego, y desarrollando estrategias que no sólo permiten que sobreviva a sus efectos, sino que incluso permiten sacar partido de ellos. No es casualidad que el alcornoque (Quercus suber) invierta tanta energía en generar una corteza ignífuga (el corcho), que permite que las llamas pasen por él sin apenas dañarlo. Otras plantas directamente propician los incendios, y se benefician de ellos. Es el caso de la jara pringosa (Cistus ladanifer), cuyas malezas maduras generan ramas secas y hojarasca altamente inflamables. Al quemarse, eliminan competidores y favorecen la germinación de sus semillas. Otras especies, como el acebuche o el madroño, simplemente rebrotan con facilidad tras el paso del fuego.

En la Comunidad de Madrid, y concretamente en el Parque Regional del Sureste, los incendios se han venido produciendo de forma puntual y poco importante. Sin embargo, todo apunta a que la gestión de nuestros montes es muy mejorable tanto antes como después de estos fenómenos. Un caso paradigmático es el de los pinares de La Marañosa. Se trata de plantaciones de pino carrasco (Pinus halepensis) establecidos sobre cerros yesíferos que se elevan entre unos 550 y los casi 700 metros de altitud, en la margen derecha de los ríos Manzanares (cerca de su desembocadura) y Jarama, en los términos municipales de Getafe, Rivas Vaciamadrid y San Martín de la Vega. La presencia de estas masas densas de pinos se explica por "reforestaciones" llevadas a cabo en la segunda mitad del siglo XX. Originariamente la vegetación arbórea y arbustiva estaba dominada por especies adaptadas a suelos pobres y calizos, como la encina (Quercus rotundifolia), la coscoja (Quercus coccifera) y una cohorte florística rica en especialistas en suelos yesíferos (algunas de ellas plantas muy amenazadas en la actualidad).

Aunque las plantaciones de pinos se realizaron sobre unos cerros muy degradados por exceso de pastoreo, sin cobertura arbórea y aquejados de erosión, a la larga han supuesto una alteración de los patrones de maduración de las comunidades vegetales autóctonas. Por ejemplo, en cerros cercanos sin reforestar (caso de los cantiles del Jarama junto a la finca del Piul), el matorral nativo se ha ido asentando paulatinamente sin mayores impedimentos. En La Marañosa no. Y cosa curiosa, los pinos parecían tener serias dificultades para reproducirse, observándose un número muy pequeño de retoños nuevos.

Sin embargo, en julio de 2004 se produjo un incendio importante en este paraje. Se quemaron más de 1.000 hectáreas, lo que supuso una superficie considerable de la finca. En los meses anteriores se habían producido ya otros fuegos menores. La noticia corrió como la pólvora en la prensa local, y las formaciones ecologistas se mostraron muy alarmadas:



Nuestros políticos reaccionaron comprometiéndose a reforestar la zona. Más concretamente, el 12 de febrero de 2009, se reunía la Junta Rectora del Parque del Sureste y, entre numerosos desmanes, se aprobaba lo siguiente:

Reforestación del área incendiada de la Marañosa. Objetivos: reinstalar la cubierta vegetal, reforestar con especies arbóreas y arbustivas propias de la vegetación potencial del monte, diseño de la reforestación frente a futuros incendios forestales. Acciones: plantaciones con encina, coscoja, sabina, pinos carrasco y piñonero, almendro, olivo y diversas especies arbustivas.

Sin embargo, unos años después de aquellos incendios, merece la pena acercarse a las áreas quemadas de La Marañosa para observar varias paradojas a cerca de nuestra visión de la naturaleza, nuestro papel en ella, y nuestro profundo desconocimiento de lo que sucede a nuestro alrededor. Aquí tengo que agradecer a Darío Meliá las fotografías y observaciones que tan amablemente me ha proporcionado.

Primera paradoja: ¿Se pueden favorecer los incendios mediante determinadas políticas de plantación de árboles?

Es muy posible. En la Marañosa se plantaron pinos muy juntos, generándose una superficie homogénea por la que el fuego se puede propagar muy deprisa. Además, los pinos (y concretamente el carrasco) son árboles de características pirófitas. Es decir, la acumulación de sus acículas y ramas secas arden muy fácilmente, e incluso los ejemplares vivos son altamente inflamables gracias a sus resinas. En definitiva, una plantación artíficial, extensa y homogénea de pinar, sólo está esperando una chispa para desatar un verdadero infierno. De hecho, el fuego puede beneficiar al pino carrasco. Y como muestra, la siguiente foto:
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Como se puede apreciar, en algunos puntos quemados se produjo una germinación masiva de piñones (obsérvese que los nuevos pinitos se alinean a lo largo de las terrazas creadas durante la plantación original). Esto contrasta con las condiciones imperantes antes del fuego, en las que la tasa de germinación era muy muy baja. En este sentido, el fuego ha matado muchos pinos, pero ha rejuvenecido el pinar, y en cierto modo ha permitido que éste se perpetúe en el tiempo.

Segunda paradoja. El fuego podría ser un agente positivo, capaz de favorecer la restauración de ecosistemas degradados por la acción del hombre.
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Basta mirar lo que ha sucedido en La Marañosa a lo largo de los últimos 6 años. En general puede decirse que la quema de bosque ha propiciado una diversificación paisajística evidente.


En esta foto se puede ver lo que era una zona de pinar homogéneo. Unos años después del fuego se observa como ha ido surgiendo una cubierta de matorral nativo diversificado. Coexisten manchas de pinos supervivientes (en primer plano), con una variedad de matorrales de coscojas y otras especies colonizadoras y pirófitas. En el centro pueden observarse varias encinas y otros árboles ya de cierto porte. El monte autóctono tiende a extenderse rápidamente allí donde el incendio eliminó el pinar. En este sentido, puede decirse que el fuego ha actuado como un elemento de cambio, propiciando la regeneración de un ecosistema mucho más rico que el quemado (que era artificial y muy pobre en su composición). En esta otra foto se observa la regeneración de distintas comunidades vegetales en una pequeña superficie de terreno: desde espartos a fases arbustivas de encinas y coscojas:


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Con el tiempo, podría desarrollarse un verdadero bosque esclerófilo dominado por encinas. La resistencia de este tipo de flora autóctona al paso de las llamas puede comprobarse en esta coscoja superviviente:
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Al fondo se distinguen multitud de matorrales de ésta y otras especies que se desarrollan en suelos ganados al pinar gracias al fuego. La rápida reacción de muchas plantas nativas se evidencia en la colonización casi inmediata de las tierras quemadas. Por ejemplo, estas retamas locas (Osyris alba) se encuentran ocupando una sección donde el fuego mató los pinos que antes daban sombra, impidiendo crecer casi nada debajo:
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Pese a tratarse de ejemplares jóvenes, ya producen una gran cantidad de frutos:
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La retama loca, como muchas otras especies de plantas pioneras, facilitan el posterior crecimiento de árboles y arbustos más exigentes. Nos encontramos, por tanto, en un escenario en el que se está produciendo el regreso de numerosas especies de plantas autóctonas, acompañadas de multitud de hongos y animales asociados a ellas. Este regreso es sumamente complejo y heterogéneo, produciéndose distintos tipos de maduración de la vegetación, que se estructura de forma muy diferente dependiendo de las características del suelo y de la humedad disponible.
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Anteriormente sólo había una extensión uniforme y densa de pinos carrascos, pobre biológicamente hablando. Así que puede decirse que el incendio ha servido para iniciar la recuperación de un ecosistema prácticamente perdido por culpa de prácticas humanas muy agresivas (deforestación debido a la actividad pastoril, y posterior plantación masiva de pinos).
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Tercera paradoja. Los intentos de la Administración por reforestar La Marañosa tras el incendio, pueden estar teniendo resultados desastrosos.

Tal y como se aprobó en la Junta Rectora del Parque del Sureste, y tras ser anunciado por varios representantes políticos regionales y locales, se han ido acometiendo tareas de reforestación en la zona quemada. Pese a lo establecido en esa Junta de 2009, buena parte de lo que se ha plantado hasta el momento, han sido pinos carrascos:



De nuevo se está impulsando, con dinero público, la expansión de la superficie de pinar. Un pinar estructuralmente artificial, que no sólo contribuye a empobrecer las comunidades vivas locales, sino que además favorece la propagación de futuros incendios descontrolados. En otros casos, se plantan especies totalmente inadecuadas para el lugar elegido. Es el caso de estos taráis (Tamarix sp.) colocados en los cerros de La Marañosa. Este tipo de árboles se establece en terrenos de ribera, húmedos e incluso sometidos a inundaciones periódicas. Nada tienen que ver con las plantas propias de los cerros:



En la Comunidad de Madrid es fácil acostumbrarse a ver desmanes de este tipo. Con dinero público, dedicado en principio a partidas que buscan mejoras medioambientales, se pagan operaciones que generan problemas y gastos innecesarios. Podría hablarse mucho de esto, y de los intereses que se ocultan detrás de estas campañas "verdes", pero dedicaré otro día a hacerlo.
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Sigamos ahora con los efectos de las plantaciones en estos montes del sureste madrileño. Conviene señalar ahora que, además de reforestarse de forma errónea y con especies inapropiadas, se está utilizando maquinaria pesada para ello. Los efectos son claramente perceptibles, ya que las máquinas desbrozan grandes áreas para excavar después los agujeros de los nuevos plantones. Con ello se remueven los suelos, y se matan infinidad de matorrales que ya estaban regenerando la zona. Pero como una imagen vale más que mil palabras, dejo esta foto:


Como se puede ver, se ha plantado en un lugar en el que ya estaba creciendo monte de coscojas. Las maquinas han matado casi todas las plantas del lugar de la reforestación, quedando como únicos supervivientes algunos ejemplares de jara blanca (Cistus albidus). Ni siquiera han quedado apenas terófitos (plantas herbáceas de vida corta) ni herbáceas permanentes. En realidad, la vegetación nativa se recupera rápidamente tras el paso del fuego, pero se ve dañada de forma muy grave por el paso de maquinaria pesada.

Más o menos por las mismas fechas del incendio, se acometió en las inmediaciones la construcción de un oleoducto. Aunque a nadie pareció importarle, a día de hoy su cicatriz está ahí para quien quiera ir a verla:
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Casi nada ha crecido. El suelo, removido y alterado por excavadoras y buldócer, no presenta apenas cubierta vegetal. Tardará décadas en volver a la normalidad. Tras el paso de estos años, puede observarse nítidamente la diferencia entre un monte quemado y un monte arrasado por máquinaria pesada:
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En conclusión, las actuaciones públicas dirigidas a paliar los efectos del incendio, amenazan con convertirse en un problema mucho mayor que el propio fuego. Desde un punto de vista de conservación medioambiental, sería en principio aconsejable dejar los montes como están. Y de realizarse algún tipo de actuación por parte de la Administración, desde luego debería ser algo muy diferente a lo que está sucediendo. Entre tanto, el dinero del contribuyente se va en esto. Esperemos que poco a poco se vaya cambiando el modo de hacer las cosas. Y mientras, merece la pena estar atento a la evolución de la vegetación en los cerros de La Marañosa.

martes, 15 de diciembre de 2009

UNA VUELTA POR EL ENTORNO DE LAS CHARCAS DE VELILLA DE SAN ANTONIO

El pasado domingo 13 de diciembre nos dimos una vuelta al atardecer por el camino que recorre la margen izquierda del río Jarama a su paso por Velilla de San Antonio. Es un paseo muy bonito en cualquier época del año, ya que si a un lado queda el río y su bosque de ribera, al otro queda el conjunto de charcas resultantes de la actividad de graveras antiguas. Todo el eje del curso bajo y medio del Jarama, en el sureste de la Comunidad de Madrid, fue tradicionalmente un paraíso al que acudían las familias los fines de semana atraídas por sus generosas playas de arena fina, las aguas cristalinas y un entorno verde y frondoso. Al menos fue así hasta mediados del siglo XX, y de hecho se refleja en nuestra literatura, como en la novela El Jarama, de Rafael Sánchez Ferlosio. Sus valores naturales impulsaron la creación del Parque del Sureste, que tantos disgustos ha dado a la larga a nuestros políticos más depredadores.

Sin embargo, con dar un simple paseíto, uno puede advertir como el paraíso se encuentra seriamente amenazado, y ya gravemente dañado. Lo cual hace que su belleza sea más sorprendente aún. Al comienzo de la ruta, el camino sale de un parque donde se encuentra plantado un buen número de árboles y arbustos exóticos. Bordea una primera charca, que hace de transición entre el polígono industrial de Velilla y las charcas más naturalizadas. En esta primera, varias especies de árboles exóticos se encuentran plantas por las orillas, aunque destacan el sauce llorón (Salix babylonica) y el paraíso (Eleagnus angustifolia), como este ejemplar:



La costumbre de utilizar árboles alóctonos en ambientes naturales, semi naturales, o próximos a parajes sensibles, parece no crear ningún tipo de problema de conciencia en nuestros políticos. Y eso pese a que, como veremos más adelante, es una práctica de altísimo riesgo. Plantear a nuestros gobernantes que las reforestaciones deben realizarse de un modo racional y con planta autóctona, está fuera de su entendimiento, ya que por lo general echan mano de lo más barato que tengan en el vivero más próximo.

Árboles aparte, las charcas están llenas de aves acuáticas en esta época del año. Aquí, aunque de lejos, se puede ver un bando de cucharas (Anas clypeata):



Desde luego, el pato cuchara es la especie estrella de la zona, con unas concentraciones que llegan a ser impresionantes. Otras especies también comunes son el ánade real (Anas platyrhynchos) y el porrón común (Aythya ferina). Había pescando varios cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo), que además tienen un dormidero importante en otra de las charcas locales. En el paseo también pudimos observar zampullines chicos (Tachybaptus ruficollis) y fochas (Fulica atra) en el Jarama, así como gallinetas (Gallinula chloropus) y otras especies más comunes.

La ribera del Jarama presentaba una estampa crepuscular apacible, muy agradable:



Pero ya en esta foto podemos observar varias cosas que ni Sánchez Ferlosio, ni los visitantes de fin de semana de antaño, habrían podido ver en este lugar. Para empezar, nos desplazamos por un camino elevado, que discurre por una loma artificial que, a modo de muro, traza una frontera nítida entre la ribera y el entorno. Originalmente el Jarama tenía amplias llanuras de inundación, pero desde la segunda mitad del siglo XX se ha realizado un verdadero espolio de sus planicies inundables. Para arrebatárselas, se han creado muros como éste. El resultado: un río que se parece cada vez más a un canal.

Vemos también un bonito bosque de galería, que flanquea el río formando un apretado reborde en la poca orilla que le queda. Actualmente los bosques de este tipo que aún podemos observar están dominados por el chopo blanco (Populus alba):



Coexiste con el chopo negro (Populus nigra), el sauce blanco (Salix alba), así como los taráis (Tamarix sp). No obstante, en un pasado reciente los bosques ribereños tenían una estructura mucho más dinámica y una composición mucho más compleja. Dado que el Jarama se desbordaba estacionalmente, una parte importante de su llanura inundable estaba sujeta a episodios de crecidas destructoras, que arrasaban la vegetación. Dichas crecidas aportaban también arenas y gravas, procedentes de la erosión de las rocas de la Sierra de Guadarrama. La destrucción de la vegetación más expuesta, y los depósitos de arenas, generaban las famosas playas del Jarama, que durante el verano eran la delicia de tanta gente. Podría parecer que esa dinámica fluvial dificultaba enormemente la formación de los bosques ribereños, pero en realidad producían un escenario cambiante y heterogéneo, ya que el río se desplazaba através de su llanura de inundación a medida que los depósitos creaban islas o nuevos meandros. Cuando el Jarama se iba retirando de una zona, ésta era rápidamente colonizada por árboles adaptados a sobrevivir a inundaciones ocasionales. Sobre todo los sauces y sargas. Detrás, les seguían los chopos. Tras ellos, los fresnos, y más allá, en los suelos fértiles pero firmes, los olmos. Unos bosques complejos y dinámicos, sometidos a cambios profundos que a su vez eran el motor de su propia riqueza.

Con la construcción de los grandes embalses de la cuenca alta del Jarama, el Lozoya y el Manzanares, se acabaron las crecidas estacionales, y también se acabaron las arenas. Como consecuencia, las playas han desaparecido rápidamente, y los bosques se han atrincherado y espesado junto a la misma orilla del agua. Allí donde nunca hubieran podido establecerse si el Jarama no hubiese sido "castrado" a base de muros y compuertas.

Eso no significa que el río no fluya (aunque muchos desearían que ni una gota de agua se "tirase al mar"), y como ya no puede expandirse por su llanura de inundación, y además no deposita sedimentos, actualmente erosiona su propio cauce en vertical. En consecuencia cada vez se hunde más en el terreno, y a medida que lo hace también se hunde el nivel freático de la zona. Eso significa que, a medio plazo, los bosques ribereños supervivientes comenzarán a declinar y a secarse. De hecho, ese proceso ya se observa en sus límites exteriores. En ese declive y empobrecimiento, incluso puede apreciarse como algunas especies de árboles antaño muy abundantes, que incluso formaban bosques de consideración, tienen ya una presencia puramente testimonial y relicta. El olmo (Ulmus minor) se encuentra en un número muy escaso. En cuanto al fresno de hoja estrecha (Fraxinus angustifolia) se puede considerar raro.

A este panorama, provocado por acciones humanas dentro y fuera del Parque del Sureste, se suman otras amenazas más recientes. Y es que, por ejemplo, varias especies de árboles exóticos están penetrando en los ecosistemas ribereños y lagunares. En el caso de Velilla de San Antonio, todas ellas proceden de los parques y jardines urbanos, y de las plantaciones realizadas en la charca del polígono industrial. Por ejemplo, este ejemplar joven de paraíso crecía a un kilómetro del parque más cercano:



Muchos más ejemplares pueden encontrarse en las charcas, y a distancias mayores. Otro árbol en proceso de asilvestramiento es el arce negundo (Acer negundo), como éste, también en las charcas:



También el ailanto (Ailanthus altissima):




El olmo siberiano (Ulmus pumila) y la morera (Morus sp), se encuentran asímismo ganando terreno, sin que existan planes de gestión, control y erradicación.

Y si la flora se encuentra en un proceso de tranformación, de resultados preocupantes y muy inciertos, la fauna no escapa a ese mismo fenómeno. Por ejemplo, los mamíferos. Sí, es cierto, cada vez sorprende menos encontrar huellas de jabalí en este lugar:



Y es una buena noticia, porque la especie ha vuelto por sí sola. Lamentablemente, otras huellas más inquietantes nos son también cada vez más cotidianas: las del mapache y el visón americano. Hasta hace unos años, dos eran seguramente los mamíferos más fáciles de encontrar por aquí: el conejo y la rata de agua (Arvícola sapidus), dos especies nativas de hábitos crepusculares. Ciertamente el conejo no sólo sigue siendo abundante, sino que probablemente nunca lo ha sido tanto. Sus conejeras atraen muchos merodeadores, como la gineta o el mustélido que dejó éste excremento:



En cambio, los destrozos en la entrada de esta otra madriguera tienen como autor a uno de los zorros que habitan en las charcas:



Pero, ¿y las ratas de agua? Pues a ésas hace algún tiempo que no se las ve. Las alteraciones en la dinámica fluvial del Jarama han hecho desaparecer la mayor parte de los herbazales inundables y las praderas ribereñas. La vegetación palustre y riparia se ha ido volviendo cada vez más leñosa y envejecida, inapropiada para este roedor vegetariano y semiacuático. Y además, la irrupción del visón americano, capaz de exterminar localmente a nuestro roedor nativo, ha supuesto tal vez el golpe de gracia.

Dentro del Parque del Sureste, resulta llamativo observar cuán grandes han sido las consecuencias de actividades desarrolladas fuera de sus confines. En mi opinión es un ejemplo claro de cómo los parques necesitan de una gestión global, ya que dependen de que su entorno se mantenga también en un estado de conservación adecuado.

sábado, 21 de noviembre de 2009

EL ACANTISITA O CHOCHÍN DE STEPHEN, Y EL DESTINO DEL ARCA

Cuando en el otoño austral de 1879 comenzaron las obras para construir el faro de la Isla de Stephen, en Nueva Zelanda, nadie pensó en ella como en un arca salvadora. Ni siquiera como en una balsa en la que un náufrago se hubiese echado desesperadamente al mar. Porque la Isla de Stephen, con sus 2.6 kilómetros cuadrados era un insignificante pedazo de tierra, sin más utilidad que la de sostener un faro frente a las costas de la Isla Sur de Nueva Zelanda. El paisaje áspero y barrido por los vientos la hacían muy poco acogedora.



Sin duda, ninguna de las personas que impulsaron el proyecto de aquel faro, ni las que lo construyeron, ni aquellas que se fueron a vivir a ese lugar inhóspito para atender la infraestructura, pensaron que sus actos estaban apunto de hacer naufragar a uno de esos habitantes únicos de nuestro mundo. Un desastre que sucedió rápidamente, y del que la humanidad tendría conocimiento cuando ya hacía tiempo que era un hecho consumado. Los indicios del hundimiento comenzaron a llegar en junio de 1894, sin que nadie imaginara lo que en realidad estaba sucediendo:

Un gato, al que llamaban Tibbles, comenzó a llevar al faro unos pajarillos en las fauces. Por suerte, un farero llamado Lyall estaba interesado en la historia natural, y se tomó la molestia de enviar uno de esos cadáveres a Walter Buller (naturalista y ornitólogo neozelandés). Éste reconoció los restos como pertenecientes a una especie de paseriforme no descrita aún por la ciencia. Se preparó así la descripción científica para publicarse en la revista Ibis. Durante el invierno y comienzos de la primavera, en la isla Lyall continuó recogiendo esos misteriosos pajarillos muertos que el gato dejaba en el faro. En base a algunos de los preservados, se realizaron ilustraciones como ésta:



Claramente hubo personas que, conscientes de lo que estaba sucediendo, trataron de sacar partido de la situación. Fue así como se le ofreció por una buena suma de dinero unos ejemplares a Lionel Walter Rothschild, banquero, político y zoólogo británico, que bautizó a la criatura como Traversia lyalli. Lo hizo en honor al naturalista llamado Travers, que le había vendido muy caros los especímenes asegurándole que pronto no quedaría ninguno, y también en recuerdo del farero.

El 24 de enero de 1895 Travers ofreció a Rothschild un especimen conservado en alcohol, con las vísceras intactas. El zoólogo nunca lo recibió. Tal vez porque unos días más tarde Travers visitó la isla, sin lograr encontrar ni un sólo pájaro. Por esos días, a comienzos de febrero, Lyall, el farero, escribió a Buller diciéndole que los gatos se habían asilvestrado y estaban acabando con todas las aves.

El 7 de marzo Travers informó a Rothschild sobre algunos de los hábitos que se habían podido observar en el pájaro, que no había sido visto vivo más que en dos ocasiones. Finalmente logró obtener otro ejemplar, que el gato había traído agonizante. Lo conservó en alcohol. El día 16 de ese mismo mes, aparecía en el periódico The Press esta afirmación en su editorial:

"Hay buenas razones para creer que el pájaro ya no puede encontrarse en la isla, y, como no se sabe que exista en ningún otro lugar, aparentemente se ha extinguido".

No había pasado un año desde que se descubriera la especie.

En abril se cambió su nombre científico, quedando englobado dentro de la familia Acanthisittidae (endémica de Nueva Zelanda): Xenicus insularis, actualmente Xenicus lyalli. El interés de los científicos no disminuiría, pero ya era demasiado tarde. Durante mucho tiempo se pensó que el caso de este animalito, bautizado como chochín de Stephen, era el único conocido en el que toda una especie hubiera sido exterminada por un solo gato. En realidad, su extinción fue consecuencia de una población asilvestrada de gatos domésticos. Pero estos sólo eliminaron los últimos supervivientes de una especie antigua, que había encontrado su última y desgraciada tabla de salvación en la isla de Stephen.

El chochín de Stephen pertenecía a una familia de paseriformes primitivos, que no se encontraban (ni se encuentran) fuera del archipiélago neozelandés. Habían evolucionado allí aislados durante millones de años, en un medio en el que no existían más vertebrados que algunos reptiles, unas pocas ranas, y dos especies de murciélagos. Aunque sin duda ninguna el grupo de animales vertebrados que había tenido más éxito para alcanzar y poblar las islas había sido el de las aves. Casi todas volando arrastradas por los vientos desde continentes remotos, y que al llegar encontraban un archipiélago lleno de nichos ecológicos libres. Y se desataron así las más sorprendentes fuerzas de la evolución.

Decía Platón que la realidad se divide en dos esferas o mundos: el Mundo de las Ideas, donde se encuentran los entes reales, eternos, perfectos, que nos son invisibles. Porque nosotros habitamos el Mundo Sensible, en el que todo lo que nos rodea (y nosotros mismos) no es más que un reflejo o imitación imperfecto de las ideas inmutables. Así, cuando vemos un caballo no vemos sino una copia que trata de imitar al original del Mundo de las Ideas, aunque acercándose sólo un poco. Estoy casi seguro de que Platón nunca había pensando en la evolución de los seres vivos. Y sin embargo en la naturaleza encontramos formas que se repiten, partiendo de la progresiva transformación de criaturas muy diferentes. Tal vez el filósofo, en sus paseos, vio alguna vez una musaraña buscando insectos entre la hojarasca del suelo del bosque. Si él hubiese podido viajar en su época a la isla de Stephen, habría observado atónito que allí la musaraña tenía plumas y correteaba sobre dos patas: el chochín de Stephen había desarrollado la forma de un pequeño insectívoro terrestre, hasta el punto de adoptar una forma de vida parcialmente nocturna.

Otras aves desarrollaron en aquellas islas las formas y el comportamiento de animales que se encuentran en otros continentes. Así, las gigantescas moas evolucionaron hasta convertirse en los equivalentes de los ciervos, alces y girafas. Los kiwis, como los erizos y los tejones, salían al anochecer de sus madrigueras para buscar lombrices por el suelo. Y los keas, unos loros, pasaron a transformarse en reflejos de los cuervos en las montañas.

Una estirpe de pajarillos antiguos (los acantisítidos) se diversificó hasta ocupar casi todos los hábitats locales. De ellos unos pocos llevaron al extremo la convergencia con la "idea de musaraña". En el caso del chochín de Stephen pasó a ser estrictamente terrestre, alimentándose sobre y entre la hojarasca. De hecho no podía volar, ni le hacía ninguna falta. Correteaba por el suelo con movimientos rápidos y ágiles, ocultándose en fisuras y agujeros como los ratones. Aunque no existen registros sobre su reproducción, si tenemos en cuenta los hábitos de otras especies supervivientes de su familia, hay que suponer que hacía su nido en agujeros, y que su descendencia era poco numerosa y se desarrollaba lentamente.

Pero el chochín de Stephen evolucionó sin tener que hacer frente a predadores eficaces, así que pudo poblar todo tipo de bosques y matorrales sin mayores problemas. En un microcosmos que se desarrollaba en paralelo al resto del mundo, y sin saber de él. Por eso, el día en que en el horizonte apareció una embarcación humana, navegando con los vientos desde islas lejanas, aquellas frágiles emanaciones de la naturaleza estuvieron perdidas. Porque desde que los antepasados de los maoríes pusieron el pie en Nueva Zelanda, se inició una catarata de extinciones en la fauna y flora locales.

De forma directa, aquellos primeros pobladores humanos cazaron hasta la extinción a diversas especies de aves terrestres, sobre todo las grandes y pesadas moas. Pero sin quererlo, en sus embarcaciones los humanos habían llevado consigo ratas, que se extendieron rápidamente, devorando huevos y pollos de otras muchas especies que la gente no cazaba. La oleada de extinciones recorrió el territorio hasta las cumbres más altas de las montañas, y uno de los grupos más afectados fueron los pajarillos-musaraña, que no volaban y criaban en el suelo.

Por eso, cuando llegaron los europeos al archipiélago, y comenzó la segunda oleada de destrucción (tal vez incluso más terrible y rápida), el pajarillo que quería ser musaraña sólo vivía ya en la isla de Stephen. Donde no habían llegado las ratas. Y como un náufrago aferrado a un madero, pretendía seguir existiendo. Su desaparición puede entenderse como símbolo de varias cuestiones importantes: de la fragilidad de nuestro propio mundo, al que entendemos como nuestra arca común. De la rapidez con la que nuestro planeta se vacía. Y también del alcance de la ignorancia, o el desinterés, que el ser humano muestra hacia las consecuencias de sus actos.

jueves, 12 de noviembre de 2009

LA GESTIÓN DE LA PESCA EN MADRID: CUANDO LA MEDIOCRIDAD SE IMPONE EN TODO SU PATETISMO

Un año más, este 4 de noviembre se ha celebrado en Madrid la reunión del Consejo Regional de Pesca. Y de nuevo ha mostrado eso a lo que ya nos tienen acostumbrados en esta Comunidad Autónoma: que el esperpento lo inventaría Valle-Inclán, pero que aquí se ha convertido en un arte.

El Consejo se reune una vez al año. No necesita aparentemente más reuniones, teniendo en cuenta que la "utilidad" que se le reserva desde la Administración es hacer propuestas para modificaciones en la orden anual de vedas. Lejos de velar por una gestión racional de los ríos, embalses y peces de la región, se convierte en un espectáculo bochornoso en el que el único criterio a tener en cuenta es la garantía de que "haya peces para todos".

Para comprender mejor las limitaciones del Consejo hay que saber algo sobre su composición. Son 35 miembros, de ellos 15 son representantes de la administración, 8 de las Asociaciones y la Federación de Pesca, etc. Hay incluso 3 representantes de los piscicultores comerciales (muy revelador). Quienes pueden hablar en términos de conservación de ríos y especies son una rareza en ese ambiente. Para quien tenga curiosidad, el decreto de la composición del Consejo podéis bajarlo en este enlace:
http://www.madrid.org/cs/Satellite?blobcol=urldata&blobheader=application/pdf&blobheadername1=Content-Disposition&blobheadervalue1=filename%3Dmgr_cit_52756212_CM_D_203_2003.pdf&blobkey=id&blobtable=MungoBlobs&blobwhere=1155596740711&ssbinary=true

Lo primero que llama la atención es que las propuestas para cambiar la orden de vedas ya están entregadas por las asociaciones que tienen cotos consorciados, y se incorporan a la propuesta (una presentación en PowerPoint) que hace la administración. Es decir, resulta evidente que las asociaciones han ido pasando por la Consejería para dejar negociadas sus propuestas. Suelen ser medidas relativas a "mejorar" la gestión de los cotos consorciados, por ejemplo, ampliar sus límites por arriba o por abajo, pasar a sin muerte o a captura-y-frie, aumentar el número de permisos (más raro es reducirlos), etc. Suelen comentar que son propuestas asumidas por la Administración, y por supuesto nadie pone en duda que si lo propone la asociación que gestiona el coto, será lo mejor. Es un método de decisión basado en el principio "hoy por tí mañana por mi".

Pero más gráfico de todo esto es el relato de Antonio, que estuvo el pasado día 4 en el Consejo. Lo reproduzco aquí:

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EL CONSEJO DEL DÍA 4:

Dejando a un lado la aprobación del acta y el informe de la temporada (una presentación que trataré de pasarlo cuando me envien el fichero), los puntos más destacados fueron los siguientes:

Propuestas de la Orden de Vedas:

La Administración hizo varias propuestas sobre pequeñas modificaciones en algunos acotados y tramos. Creo recordar que solo la intervino la Federación de Pesca solicitó que se les dejara cebar las aguas en competiciones (lo piden todos los años) y que se creara un Escenario Deportivo y Social para entrenamientos (se supone que en exclusiva). De las propuestas que asumió la Administración para determinados cotos, nadie de las Asociaciones intervino, parecía claro que no había que convencer a nadie, tan sólo a la Administración, y esa tarea ya estaba hecha hace tiempo. Nosotros intervinimos con las siguientes propuestas, que entregamos también por escrito para que se recogieran literalmente en el acta:


1) Declarar como tramos de captura y suelta los cotos donde hay presencia de ejemplares de trucha fario autóctona, o su recuperación es factible a corto plazo, los denominados: Rascafría II, Alameda III (en el Lozoya) y Horcajo (en el río Madarquillos). Esta medida garantizaría que cualquier tramo de trucha común en la Región de Madrid se pescara sin muerte de la misma manera que ya se hace en otras Comunidades Autónomas como Andalucía.

2) Establecer una época de protección para el período de reproducción del barbo y la boga de río, siendo obligatoria la modalidad de captura y suelta durante ese período.

3) Declarar como tramos de captura y suelta, con excepción de capturas de ejemplares alóctonos, a los tramos de “Pesca Controlada”, del Anexo III de la orden 158/2009 (embalse de Riosequillo; embalse de Puentes Viejas; en el río Tajo en el término municipal de Aranjuez, donde ya se practica solo en modalidad de CyS; en los tramos señalizados de los arroyos de Aguilón, Artiñuelo; el tramo comprendido aguas abajo de la presa del embalse de San Juan hasta la presa del embalse de las Picadas.

4) Eliminación definitiva de los “tramos de pesca experimental”, a los que se refiere el artículo 10.4. La existencia de los mencionados tramos destinados no está justificada y, el recuento de capturas, constituye una simple excusa para practicar la pesca en lugares con poblaciones sensibles de trucha, como ha sido el caso del arroyo de Canencia.

5) Veda temporal en el embalse de Puentes Viejas hasta la recuperación total de sus poblaciones de peces.

6) Incluir en el artículo 23.5, como cebos aceptados, el empleo de ninfa y streamer.

7) Prohibición de repoblar con trucha común ajena a la cuenca fluvial de destino. Con objeto de evitar la hibridación de las últimas poblaciones de trucha autóctona.

8) Para estimular la práctica de la modalidad de “captura y suelta”, establecer una licencia especial para “pesca sin muerte”, a un precio inferior a la ordinaria, y en la misma dirección que actualmente está en estudio por otras Comunidades Autónomas.

9) Declarar veda total en el río Madarquillos a la vista de la desecación crónica de su cauce y de la crítica población de ejemplares de trucha común.

Se retiró la implementación electrónica en la expedición de permisos y sorteo, al estar ya en marcha (los permisos) y parcialmente para los sorteos. Nadie opinó. La mesa se limitó a comentar que se recogían para su estudio.

Ruegos y preguntas:

Intervino en primer lugar el representante de la Asociación que gestiona el coto de Manzanares, para decir que estaban muy preocupados por la calidad de su coto. En primer lugar por la presencia de depredadores como el cormorán, el visón ...y el martín pescador (!). Tuve que contestar para aclarar que el martín pescador, además de protegido es una especie que forma parte del equilibrio del ecosistema fluvial y un indicador de la calidad de las aguas. En segundo lugar se quejó de la cantidad de arena que anegaba las pozas del coto por culpa de la rotura de la presa de la Camorza, y de que los trabajos para resolver este "problema" se habían paralizado por "Ecologistas en Acción". Sobre este asunto trataba la primera de las "preguntas-ruegos" que les hicimos. Les leímos y entregamos las siguientes:

Que esta Administración Regional informe al Consejo sobre los trabajos de drenaje del cauce del río Manzanares, realizados durante la tercera semana del pasado mes de septiembre, y en el coto del mismo nombre, y dentro de un tramo de máxima protección del ParqueRegional de la Cuenca Alta del Manzanares (PRCAM). ¿Que garantías legales y ambientales se han aplicado? ¿Qué órganos de la Administración Ambiental y de la Cuenca ha participado dando su autorización y en que fecha?, ¿El Patronato del PRCAM ha emitido “informe” sobre estos trabajos?, ¿Los trabajos requerían del procedimiento de Evaluación Ambiental?. ¿Existe proyecto previo sobre estos trabajos, y quien lo suscribe?. Se tramita actualmente alguna denuncia sobre estos trabajos?.

Información de los caudales ambientales o régimen de caudales que la Administración Regional está proponiendo en el actual proceso de revisión del Plan Hidrológico de la Cuenca del Tajo.

En el capítulo de cauces desecados 2009. ¿Que medidas ha tomado la Consejería de Medio Ambiente ante los fenómenos de desecación de la totalidad de la cuenca del río Guadalix, producida entre los meses de junio a agosto, mientras las reservas de los embalses alcanzaban la cifra del 72%?. ¿Qué daños se han producido sobre la fauna ictícola de este río?. Esta situación fue denunciada el 13 del pasado mes de agosto por Jarama Vivo ante la Dirección General de Evaluación Ambiental de la Consejería de Medio Ambiente, y de la que aun no se ha recibido respuesta. Una denuncia similar se interpuso ante la Confederación Hidrográfica del Tajo con el mismo resultado hasta la fecha.

¿Que medidas ha tomado La Consejería de Medio Ambiente ante la mortandad de peces producida en el embalse de Puentes Viejas durante el mes de agosto?. El hecho fue denunciado por la Sociedad de Pescadores de Buitrago, y Jarama Vivo, advirtiendo que no se había respetado un caudal mínimo que evitara los fenómenos de eutrofización. A la denuncia de Jarama Vivo aun no se ha producido ningún tipo de respuesta. En relación con este asunto resulta pertinente que la Consejería de Medio Ambiente aclare que hará con los 30 metros cúbicos de peces que han sido enterrados por debajo del nivel potencial de las aguas del embalse.

Que se informe del estado-del-avance-del-borrador-del-proyecto de Ley de Pesca para la Comunidad de Madrid que ya se comentaba en el acta de la sesión de hace dos años, procedimiento previsto de aprobación, trámite de audiencia social, y los plazos para su aprobación.

Ninguna de ellas se contestaron. Tuve que insistir sobre el asunto del coto de Manzanares, advirtiendo que Ecologistas en Acción es una ONG sin competencias para paralizar obras (ya quisieran), que la paralización se había producido por orden de la Confederación Hidrográfica y que esa era una de las cosas que queríamos conocer: cuales eran las irregularidades que aconsejaron intervenir a la CHT. Le dijimos a la Administración que todas esas preguntas estaban destinadas a que se informara al Consejo, y que nosotros ya tramitábamos esa demanda de información por otro lado.

Insistí en que la Consejería respondiera-informara sobre lo que había sucedido en el río Guadalix (desecado por el cierre de las compuertas del pantano de Pedrezuela). Nadie quería contestar. Alguien de la asamblea comentó que igual era cosa de la CHT y que este Consejo igual no tenía competencias para tratar de estos asuntos. El de representante de la CHT presente, creyó oportuno que tenía que decir algo y comentó que como hay una denuncia interpuesta (por Jarama Vivo) no podía hablar de expedientes en trámite. Intervine para decir que ninguna ley les impide informar (sin hacer públicos datos reservados del expediente), aclarar, comentar, etc... se trataba de un río seco-peces desaparecidos-imposibilidad de practicar la pesca... que el Consejo era competente para tratar de los asuntos de peces-ríos-pesca, que era una ecuación muy sencilla. Lo más que hizo el Presidente del Consejo fue comentar que "es una pena pero que algunos ríos sufren mucho por el estiaje". Me pareció una intervención lamentable y le recordé que estábamos hablando de un río que estaba regulado por una presa en Pedrezuela (seguramente no tenía ni idea de qué es el río Guadalix). El representante del Canal ni siquiera intervino.

Más o menos así transcurrió lo más relevante de la reunión.

Por la experiencia de las dos reuniones a las que he asistido, no se puede esperar mucho del Consejo de Pesca, como herramienta para abordar los problemas de los ríos, los peces y la pesca. La confluencia de intereses entre Administración y Asociaciones de pescadores consorciados condiciona la naturaleza y las posibilidades de este órgano.

En mi opinión en la Comunidad de Madrid se están esquilmando los últimos tramos trucheros, la trucha fario autóctona es una reliquia, no existe plan de recuperación (lo único que exhibe la Administración es: pesca sin muerte en algunos tramos + piscifactoría experimental de algunos ejemplares autóctonos en la Escuela de Montes), no hay Ley de Pesca (lo que permite la discrecionalidad de la Administración en la adjudicación-entrega de tramos de ríos a las asociaciones de pescadores), se desecan tramos de rios todos los años por parte del Canal de Isabel II (que depende del mismo gobierno regional que la Consejería de Medio Ambiente), las repoblaciones con ejemplares de psicifactoría es la base del mantenimiento de las poblaciones de trucha común, se sigue permitiendo la pesca en tramos con presencia de ejemplares de trucha autóctona....

Creo que la Administración se ha dado un pequeño atracón de "pesca sin muerte" y lo utiliza como la panacea de la conservacion. La triste realidad es que la situación de los ríos de Madrid, de sus especies, y de una pesca que calidad razonable, es bastante crítica por no decir irreversible en muchos aspectos. Para hacer algo, desde criterios de conservación, el Consejo de Pesca no sirve.


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Desde luego, el panorama que nos presenta esta "política pesquera" es desolador. Con la gestión de amplios tramos de nuestros ríos en manos de asociaciones particulares, privadas, de pescadores, podemos encontrarnos con paradojas asombrosas. Por ejemplo, los representantes de algunas de estas asociaciones no parecen en absoluto preocupados por las políticas de "compuertas cerradas", a las que la administración regional somete a los ríos madrileños. Esto no es un tema baladí, todos los años se secan grandes tramos de nuestros ríos, porque el Canal cierra las compuertas de los embalses. Lo que, por supuesto, provoca enormes mortandades de peces (afectando a la pesca), y un deterioro general de los ecosistemas fluviales. Ya puede ser seco o lluvioso el invierno, que sucederá lo mismo.

Pues bien, esto no parece preocupar a las asociaciones de pescadores, que en cambio se alarman por dos cuestiones sorprendentes:

1) La presencia de predadores, como los cormoranes. Vaya, qué desvergüenza, predadores en un ecosistema natural. ¿Quién lo hubiera dicho? Desde luego hay que buscar soluciones, antes de que se les chafen las jornadas de pesca. ¿Disparar a los cormoranes, tal vez?

Pero el ridículo alcanza su punto más alto al proponer como "amenaza" a una especie protegida y sensible como el martin pescador (Alcedo atthis):



¡Caramba carambita! ¡Liémonos a tiros con los martines pescadores! ¡Menuda plaga!

2) Aquí el estado de los ríos es lo que menos importa, la clave está en que se garantice el ocio pesquero de algunos ciudadanos, que ya no saben siquiera lo que viene a ser un río. Así nos encontramos con que la rotura de una presa les alarma porque de pronto la corriente arrastra arenas. Tal vez no saben que lo natural es que suceda así, y que durante millones de años nuestros ríos han arrastrado arenas y gravas, y han formado playas, y se han desbordado estacionalmente,... Es decir, hubo un tiempo que nuestros ríos estaban vivos. Qué triste que lejos de alegrarse por ver una dinámica fluvial naturalizada, les incomode ver cómo cambia su poza.

Las cuestiones técnicas, y todo lo relacionado con el mantenimiento de unos ríos sanos (que podrían soportar de forma natural una explotación pesquera racional) brillan por su ausencia. En el caso de la trucha (única especie que despierta ciento interés institucional), las políticas madrileñas no van dirigidas a recuperarla (pues está muy amenazada), mediante la regeneración del hábitat y un programa de aumento de las poblaciones supervivientes. ¡Qué va! Lo único importante es que los madrileños puedan echar la caña y sacar truchas a montones. De granja, por supuesto, tanto arcoíris como comunes de cualquier procedencia (con consecuencias nefastas para las poblaciones residuales de nuestras truchas nativas). En este documento de la CAM queda muy claro:

http://www.madrid.org/cs/Satellite?blobcol=urldata&blobheader=application/pdf&blobheadername1=Content-Disposition&blobheadervalue1=filename%3DT-165315.pdf&blobkey=id&blobtable=MungoBlobs&blobwhere=1220404517922&ssbinary=true

Por ejemplo, encontramos esta joya de frase (página 5), que resume el espíritu de la gestión de la pesca en nuestra comunidad autónoma:

La presión a que se ven sometidas estas áreas, por una población de más de 5 millones de habitantes y mas de 51000 licencias de pesca, hacen imprescindible la repoblación con ejemplares de esta especie, que den respuesta a la demanda social existente.

Esta otra parte (página 6), recoge la estupidez manifiesta de entender nuestros ríos como nuestro espacio de recreo, donde podemos soltar lo que más nos convenga y nos divierta (y si es un sistema vivo, nadie se da por enterado):

ESPECIES A EMPLEAR (en las repoblaciones masivas)
Las características de los tramos de destino, la resistencia a la pesca de la trucha común y su lucha tras la picada, que le conceden un alto valor deportivo, así como el valor de su carne, recomienda que los Ríos aptos para su supervivencia sean repoblados con esta especie.

NECESIDADES A SATISFACER (de los pescadores)
El total de trucha común a suministrar, para el necesario abastecimiento, asciende a la cantidad de 5290 Kg/año que se soltarán en los cotos antes citados.


Personalmente no puedo entender cómo se puede llegar a una situación así. A mí me gusta pescar, y siempre se ha dicho que los pescadores son especialmente sensibles con el estado de los ríos y la naturaleza en general, por disfrutar en ella de buenos momentos. Pero desgraciadamente en Madrid se está en un punto en el que se cometen verdaderas barbaridades en nombre del divertimento frívolo y egoísta. Las asociaciones de pescadores que acuden al Consejo están sometidos a una especie de juego de relaciones clientelares con la administración, que aprueba sus demandas (dirigidas a satisfacer sus intereses propios) a cambio de no ser cuestionada. Así reina la paz en esas reuniones vergonzosas, donde se decide el presente y el futuro de nuestros ecosistemas fluviales.