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viernes, 21 de noviembre de 2014

ESPLENDOR EN LA MIERDA: MOSCAS AMARILLAS DEL ESTIERCOL (Scathophaga stercoraria) EN UNA BOSTA DE VACA

Después de un tiempo de descanso, me he propuesto retomar la actividad del blog, subiendo un par de fotos de un insecto que me llamó mucho la atención al encontrarlo. Concretamente, me he tropezado con él en Somiedo, muy cerquita de La Peral.

Este año, tras volver al occidente asturiano en nuestras vacaciones de septiembre, hemos podido disfrutar de un tiempo excelente, hemos comido como reyes, hemos hecho rutas preciosas y, por si fuera poco, hemos tenido el privilegio de ver osos salvajes. No obstante, fotografiar, lo que se dice fotografiar, he tenido más suerte con animalitos más pequeños. Como siempre.

El caso es que, en una zona de prados de alta montaña, bien desbrozados por una abundante cabaña de vacas autóctonas asturianas, encontramos unos llamativos (y frescos) excrementos de vacuno. Llamativos porque se encontraban salpicados de motitas doradas que, al acercarnos, resultaron ser nada menos que moscas:


Parecían muy afanadas y el caso es que era la primera vez que yo veía unas moscas de colorido tan llamativo. Las fotos que les hice no hacen justicia a sus brillantes tonos dorados y amarillos, pese a que la luz no era mala:


La criatura en cuestión resulta ser Scathophaga stercoraria, un díptero con una inmensa área de distribución en el hemisferio norte, desde Europa al norte de Asia y Norteamérica. Pero, ¿por qué no me resultaba familiar, siendo una especie tan extendida y común? Bueno, desde luego en mi zona yo no las he visto nunca. Las moscas amarillas del estiercol son propias de regiones frescas y húmedas, por lo que en la península ibérica son mucho más comunes en la franja eurosiberiana del norte. Incluso abundan en áreas montanas, a gran altitud en los Pirineos, por ejemplo.

Sin embargo, las Scathophaga stercoraria no se alimentan de las bostas de vaca que frecuentan: son insectos depredadores que atacan y devoran otros dípteros de menor tamaño. Las que se alimentan del estiercol son sus larvas, razón por la que se concentran en los excrementos de grandes herbívoros para depositar allí sus huevos.

lunes, 19 de mayo de 2014

Eurranthis plummistaria, UN GEOMÉTRIDO ESPECTACULAR

Otro de los insectos que pudimos fotografiar en la cuenca alta del río Escabas, fue este lepidóptero de coloración sorprendente:


Se trata de una hembra de Eurranthis plummistaria, claramente diferenciable de un macho por la estructura simple de las antenas (en los machos adoptan una forma plumosa muy llamativa). A diferencia de lo que sucede con muchas polillas del grupo de los geométridos, Eurranthis plummistaria presenta una coloración muy contrastada y viva, con sutiles combinaciones de amarillo, blanco, negro y oro.

Se trata de un endemismo del Mediterráneo occidental: se encuentra en el noroeste de África, la península ibérica, el sur de Francia y el noroeste de Italia (Liguria). Esta especie ocupa preferentemente ambientes de matorral o bosques abiertos con claros ricos en vegetación herbácea, bordes de pastizales o laderas pedregosas con vegetación parcialmente abierta, desde el nivel del mar hasta por encima de los 1.000 m. En buena parte de la península ibérica, supera con frecuencia los 1.000 m. Nosotros la fotografiamos a más de 1.200, en el piso oromediterráneo. La vegetación se encontraba dominada por bosques de pinos (Pinus nigra-Pinus sylvestris), con un sotobosque variado que incluía Quercus faginea, Crataegus monogyna, Rosa sp. y al menos dos especies de Euphorbia, entre otras muchas plantas de porte bajo y medio. Sin embargo, Eurranthis plummistaria se localizaba exclusivamente en pastizales y sus bordes, caracterizados por presentar una gran diversidad de herbáceas y matorrales dispersos de Crataegus monogyna y Prunus spinosa. Estas praderas se encontraban fuertemente afectadas por la presencia de rebaños de ovejas y ciervos (que pudimos filmar con cámara trampa). 

Esta polilla de actividad diurna se encuentra estrechamente ligada a las plantas del género Dorycnium y, muy especialmente, a Dorycnium pentaphyllum. Esto se debe a que las larvas de Eurranthis plummistaria sólo se alimentan de ellas. Tanto la polilla como su planta nutricia se encuentran amenazadas en muchas zonas, debido a la conversión de pastizales naturales en cultivos, por el cierre del monte, la expansión de los bosques sobre laderas antaño dedicadas al pastoreo de ovino y caprino, las reforestaciones o la urbanización de sus hábitats.

lunes, 12 de mayo de 2014

EL ESCARABAJO TIGRE (Cicindela campestris)

Esta primavera hemos podido observar gran cantidad de ejemplares adultos de Cicindela campestris en la sierra de Cuenca septentrional. La cicindela campestre o escarabajo tigre es un coleóptero muy difícil de confundir, caracterizado por presentar grandes ojos y mandíbulas, y una coloración verde con ocelos blancos:


Todos los ejemplares que pudimos observar y fotografiar se encontraban en caminos y pistas de tierra que cruzaban bosques de coníferas, tanto en el nivel del pino negral (Pinus nigra) como en la transición con el nivel del pino albar (Pinus sylvestris), situado a mayor altitud. Tal y como indica el gran desarrollo de sus ojos, se trata de insectos predadores rápidos y agresivos. Pueden correr a gran velocidad y, en caso de peligro, pueden realizar vuelos cortos (unos cuantos metros a lo sumo). He encontrado en ocasiones cicindelas en otros lugares, pero nunca en mi vida había visto tantos ejemplares como esta primavera en la serranía.


Taxonómicamente, el escarabajo tigre se encuadra en la familia Carabidae, aunque dentro de una subfamilia bien diferenciada, la Cicindelinae. Presenta una amplia distribución en el Paleártico, estando muy extendida en Europa, la cuenca mediterránea (Magreb incluido) y grandes áreas de Ásia septentrional.

Al parecer, habita preferentemente medios forestales, aunque se encuentra fuertemente asociado a suelos arenosos y sueltos. De hecho, no encontramos cicindelas en el interior de los pinares, y sí en caminos (de suelo arenoso-pedregoso) que los cruzaban. Dado que estos escarabajos detectan visualmente sus presas y las persiguen a gran velocidad, esta selección de microhábitat se encuentra relacionada con su ecología trófica. Sin embargo, existe otra razón poderosa para que los escarabajos tigre permanezcan en las inmediaciones de suelos sueltos: sus larvas son estrictamente fosoriales, es decir, tienen que vivir bajo tierra. Para ser más precisos, excavan galerías verticales en el suelo arenoso, desde las que acechan sus propias presas. Y es que, ya en su fase larvaria, son carnívoros estrictos. Sin embargo, en este estadio son incapaces de correr y dependen del factor sorpresa para alcanzar a sus víctimas. Así, colocan su gran cabeza a modo de tapa en la entrada de su madriguera, y sólo se mueven para atacar algún invertebrado desprevenido que pase por allí.

En resumen, un coleóptero muy interesante y, además, dotado de una gran belleza:


viernes, 25 de abril de 2014

PRIMAVERA E INSECTOS EN SOTOMAYOR, ARANJUEZ

Aprovechando la recta final de la Semana Santa, hemos aprovechado para hacer una salida al valioso paraje conocido como Sotomayor, en Aranjuez. Valioso y amenazado, como ya he explicado otras veces en este blog, por los planes demenciales de algunos políticos madrileños (y sus amigos en la empresa privada) de hacer un complejo de ocio en esta joya medioambiental. La primavera pasada dediqué una entrada a algunas especies de plantas especializadas en suelos yesíferos que pueden encontrarse en los cerros de Sotomayor. Varias de ellas se encuentran protegidas (aunque en la práctica, eso no sirva de nada a la hora de maniobras especulativas y/o corruptas). Incluyendo el amenazadísimo pítano (Vella pseudocytisus):


En esta ocasión, tras las generosas lluvias de principios de primavera, los pítanos volvían a estar en flor. Muchas otras especies de plantas se encontraban en pleno crecimiento. Sin embargo, en aquel corto paseo decidí centrarme más en la fauna de insectos, para, así de paso, comenzar una especie de censo propio de este tipo de animales en la zona. Había una infinidad de insectos revoloteando, incluyendo dípteros peludos de color anaranjado que libaban de las flores, varios tipos de abejas solitarias y pequeños escarabajos que revoloteaban por todas partes. El problema, como no, es que casi todos eran rápidos, con unos reflejos endemoniados y muy desconfiados. Nada de eso es una sorpresa para aquellos que se hayan puesto a fotografiar insectos. Pero es mi excusa para el escaso número de especies que he podido poner en esta entrada.

El primer ejemplar realmente interesante que encontramos fue esta oruga del geométrido Compsoptera jourdanaria, que parecía camuflarse perfectamente con un diseño a rombos similar al dorso de una serpiente:


Se trata de una especie ligada a ambientes esteparios, cuya área de distribución mundial se limita, al parecer, a áreas de Portugal, España, Sur de Francia, Córcega y Cerdeña. En Madrid, sus principales poblaciones se encuentran en el noreste y, especialmente, en el sureste, siempre en medios abiertos y secos. En el sur y sureste de nuestra comunidad, Compsoptera jourdanaria se alimenta de plantas del género Artemisia, como esta ontina (Artemisia herba-alba), sobre la que encontramos la larva:


Las Artemisia son plantas características de los ambientes esteparios ibéricos. Con frecuencia consideradas "matojos" de los eriales, se trata en realidad de especies claves en nuestros ecosistemas áridos. Entre otras cosas por la gran variedad de insectos especializados que se alimentan de ellas. Ése es el caso de esta pequeña polilla de los cerros, Compsoptera jourdanaria, que, en realidad, sólo se alimenta en su fase de oruga. Los adultos viven poco tiempo, durante el verano, sin comer. Aprovechan para buscar pareja y reproducirse antes de morir, cuando sus reservas energéticas se agotan. Las larvas, eso sí, nacen y se desarrollan sobre las ontinas hasta bien entrado el otoño, y después se ocultan para hibernar. Vuelven a emerger en primavera para terminar su crecimiento, convertirse en crisálidas y completar el ciclo, de manera que sólo se da una generación al año.

Sin duda, la planta protagonista en buena parte de la actividad invertebrada era el gamón (Asphodelus ramosus), que se encontraba entonces en plena floración:


Esta planta vivaz, comestible si se prepara adecuadamente y muy peligrosa si no se cocina bien, es ignorada por el ganado, pero supone un alimento importante para una gran diversidad de invertebrados. El primero que pude fotografiar alimentándose de sus flores fue el chinche Horistus orientalis, un hemíptero de la familia Miridae:


La verdad es que resultaba muy común, aunque no necesariamente fácil de detectar. Horistus orientalis no es una especie rara. Se distribuye ampliamente por el continente europeo y, como otros de sus parientes, es un insecto polífago que se alimenta de la savia de muchas especies de plantas. Por suerte para mí, se trata de la única especie de Horistus presente en nuestra región, así que me resultó fácil de identificar.


En esta especie, como sucede con otros hemípteros, las crías carecen de fase larvaria propiamente dicha. Eso los diferencia de los escarabajos, que sí pasan por una fase de larva muy diferente a la forma adulta. En las chinches, las crías se desarrollan aprisa pasando por diferentes etapas de fase de ninfa, bastante parecidas a la forma adulta. Pudimos observar ninfas de Horistus orientalis, más pequeñas que sus progenitores y, como sucede con las ninfas de los saltamontes, sin alas:


Pero, si las chinches me resultaron bastante fáciles de fotografiar, las siguientes fotos costaron mucho sudor:



Se trata del único himenóptero que conseguí fotografiar, aunque a las flores bajaban numerosas especies de abejas y abejorros de diferentes tamaños y formas. Esta especie en concreto, me ha resultado imposible de identificar. Seguramente es por torpeza, pero le he dedicado bastante tiempo a comparar su morfología con diversas especies de ápidos, sin éxito. Creo poder asegurar que es un ápido del género Xylocopa o, al menos, muy próximo al mismo. Como otras abejas carpinteras de este género, se trataba de un himenóptero robusto, básicamente negro y, a diferencia de los miembros del género Bombus, con el abdomen liso en vez de peludo. Sin embargo, estos ejemplares eran bastante más pequeños que Xylocopa violacea, que es la abeja carpintera más común. Tal vez podría cuadrar con las dimensiones y aspecto general de Xylocopa iris, pero no sólo me parece un poco más grácil, sino que presenta una clara mancha de pelillos blanquecinos justo detrás de la cabeza. Agradecería mucho alguna pista de alguien que quiera echar una mano...

En algunas zonas de los cerros de Sotomayor, se pueden observar especies de plantas leñosas de porte arbustivo, también muy importantes para la biodiversidad local, como es el espino negro (Rhamnus lycioides):


Sin embargo, en la estepa alta, los espinos y efedras forman comunidades abiertas en una matriz de asociaciones bastante complejas de plantas de menor porte (muchas de ellas muy resistentes a la sequía y las temperaturas extremas):



En esta parte más elevada y seca, encontramos varias especies de insectos bastante llamativas. Es el caso de este curioso escarabajo con antenas largüísimas:


Se trata de un longicorne (Agapanthia asphodeli), un coleóptero del grupo de los cerambícidos que, como puede observarse, se diferencian fácilmente de otros escarabajos por sus impresionantes antenas.


Este longicorne se encuentra asociado a plantas de los géneros Asphodelus, Thapsia y Ferula. Estos tres géneros de plantas se desarrollan en los cerros de Sotomayor, de manera que se trata un hábitat ideal para este invertebrado. Por ejemplo, pudimos fotografiar varios ejemplares de cañaheja (Ferula comunis), en pleno desarrollo:


En este momento, sin embargo, se encontraban centrados en la floración del gamonal. Y, como curiosidad, su nombre científico (asphodeli) hace referencia al gamón (Asphodelus).

Los cerambícidos son conocidos por diversas especies que dependen de la madera muerta y que, por este motivo, se encuentran ligados a bosques maduros o a dehesas con árboles viejos. En estos casos, las larvas son xilófagas, es decir, se alimentan de madera. Sin embargo, Agapanthia asphodeli no lo hace. Las hembras depositan los huevos en los tallos de las plantas nutricias, cerca del suelo, y al eclosionar, éstas los horadan y penetran en su interior. Allí se alimentan de sus tejidos hasta que, completado el desarrollo, se metamorfosean en adultos.

En cuanto a su distribución mundial, se encuentra en Europa, norte de África, Ásia menor y el Cáucaso, por lo que se considera una especie holomediterránea. En nuestro país, entre tanto, es más común en regiones submontanas.

Otro hemíptero que localicé un poco más adelante, en la zona más elevada de los barrancos, fue este chinche de aspecto espectacular:


Lo he identificado tentativamente como Carpocoris fuscispinus. Y es que, aunque estoy completamente seguro de que se trata de un scutellérido del género Carpocoris, cuando me he puesto a investigar en casa, me he encontrado con que, para diferenciar unos Carpocoris de otros, es necesario poner atención a las características del abdomen, por ejemplo. Esto no lo sabía en el campo, así que ni se me ocurrió mirarle los bajos (cada vez más, procuro no tocar los animales que fotografío). En cualquier caso, Carpocoris fuscispinus es la especie que más se ajusta a las características del ejemplar que estaba posado en lo alto de una flor de gamón.

También conocido como chinche de las semillas, este insecto de amplia distribución (Mediterráneo occidental, tanto en su vertiente europea como africana) se encuentra ligado a ambientes abiertos o semiabiertos, ricos en vegetación herbácea. Puede encontrárselo en herbazales, campos, matorrales no demasiado cerrados, bordes de bosques, bordes de caminos e, incluso, en ambientes agrícolas, sobre todo si existen campos en barbecho. Tanto los adultos como las ninfas se alimentan de savia, que succionan con un aparato bucal especializado. Esto los convierte en plagas para algunas cosechas, aunque, como se ha mencionado, los paisajes agrícolas no son su hábitat principal. Como en otros chinches, el desarrollo hacia la fase adulta es relativamente sencillo, ya que las crías se parecen mucho a sus progenitores y crecen realizando una serie de mudas sin dejar de alimentarse.

Como en otros insectos de nuestras latitudes, se dan dos generaciones anuales, con adultos emergiendo en primavera y, después, en verano y otoño.

Mucho más especializado, y difícil de encontrar en esta ocasión, es el escarabajo de los espárragos (Crioceris asparagi):


Se trata de un pequeño coleóptero de la familia Chrysomelidae, conocida por sus espectaculares especies de colores metálicos. En este caso, el escarabajo de los espárragos es pequeño, aunque dotado de una coloración muy llamativa, basada en combinaciones de negro, rojo y amarillo. Por supuesto, estaba en un tallo tierno de espárrago silvestre (Asparagus acutifolius). Estos coleópteros son especialistas que sólo se alimentan de los tejidos de las esparragueras. Muy común en el sur de Europa, Crioceris asparagi también se caracteriza por presentar una fase larvaria más bien breve, mientras que los adultos viven durante todo el verano e hibernan después para emerger la primavera siguiente y reproducirse.

Después de esta corta visita primaveral a los cerros de Sotomayor (alrededor de una hora) dan ganas de volver con más tiempo para localizar nuevas especies. El placer que produce pasear por las laderas esteparias y contemplar sus formas de vida, sólo se ve empañado por la amenaza del complejo hotelero e hípico que el Gobierno de la Comunidad de Madrid quiere levantar en este paraje.

miércoles, 9 de abril de 2014

Tropinota squalida, EL ABOMINABLE ESCARABAJO DE LAS FLORES

Este pasado mes de marzo, David hizo esta foto a un pequeño escarabajo:


Se encontraba junto a una carretera, muy cerca de la ladera de un cerro yesífero. Lo que más llama la atención de este insecto es que tiene un aspecto tan peludo que parece una especie de insecto-yeti...

Con un poco de esfuerzo (dado que mis conocimientos sobre invertebrados son muy limitados), he conseguido identificarlo como Tropinota squalida, un coleóptero de la familia Scarabaeidae aunque, más específicamente, se engloba en la subfamilia Cetoniidae. Establecer la especie exacta no me ha resultado sencillo, debido al parecido entre Tropinota squalida y Tropinota funesta, aunque algunas características apuntan claramente hacia la primera especie (como la prominencia marcada a lo largo de la junta de las alas).

Tropinota squalida es un escarabajo de distribución circunmediterránea muy extensa, que abarca la cuenca mediterránea europea, el norte de África y el oeste de Oriente Próximo, encontrándose también presente en el archipiélago canario. Ocupa preferentemente hábitats abiertos o semiabiertos, ricos en plantas con flores. Es más raro en medios forestales más densos, donde la diversidad de flores es menor. Esto se debe a que los adultos se alimentan preferentemente de estos órganos vegetales. No son insectos libadores, sino que muerden y comen los estambres y pistilo, fundamentalmente. Por este motivo, puede perjudicar determinados cultivos (como vides, árboles frutales o arándanos, caso de Huelva).

Tropinota squalida aparecen en su forma adulta dos veces al año. En primavera, de marzo a junio, emergen de forma escalonada de sus refugios invernales, y comienzan a volar y a alimentarse. Durante esta estación también se aparean y ponen huevos, antes de morir. De hecho, durante el verano no suelen observarse ejemplares maduros de Tropinota squalida, coincidiendo con un periodo de escasez de flores. Las larvas, eso sí, crecen rápidamente mientras tanto. Presentan un color blanquecino y se alimentan de raíces y otra materia vegetal en descomposición. Hacia finales de verano, completan su desarrollo y se metamorfosean en una nueva generación de escarabajos adultos. Estos ejemplares son los que se entierran durante el otoño para emerger una vez más la siguiente primavera.


miércoles, 5 de febrero de 2014

¿ES ÉTICO SEGUIR "OCUPANDO" TERRITORIO? EL CASO DE LA DEPURADORA DE VALDEMORO

Hace poco, me encontraba teniendo una conversación sobre energías renovables e instalación de paneles solares. Hablando del caso de Argentina, alguien comentó: 

- Fíjate, con la superficie que tiene ese país, ¡la cantidad de campos de paneles solares que podrían ponerse! ¡Muchísimos!

Eso me hizo ponerme a pensar sobre hasta qué punto estamos legitimados para seguir ocupando tierras y humanizando lo que queda sin tocar de nuestro planeta. Es un dilema de tipo moral, en cierto modo. ¿Tenemos derecho a cubrir un determinado territorio de placas solares? ¿Podemos permitirnos seguir pensando en la superficie de la Tierra, como si fuera nuestra para lo que necesitemos?

Un amigo, hace no mucho, me comentó que había oído que unas empresas energéticas de origen alemán, estaban planteándose extender inmensos campos solares en el Sahara marroquí y argelino. Le planteé la posibilidad de que, tal vez, esa iniciativa dañara lugares valiosos. "Pero... es un desierto", me respondió, "no hay nada". 

Suele ser mucho más cómodo ignorar que conocer. Saber que la superficie de nuestro planeta es un tesoro irrepetible, en toda su extensión, es inquietante. Saber que, a lo largo de las eras, la vida se ha abierto camino en formas casi infinitas para ocupar casi cada rincón de la Tierra. Que allá donde miremos, contemplamos algo único y frágil. Durante el último siglo, hemos destruido o consumido buena parte de esa riqueza, mientras extendíamos nuestra presencia e infraestructuras más allá de lo soportable. 

Así que, ¿hasta donde queremos llegar? ¿Estamos dispuestos a conservar algo para las generaciones futuras? Aquí se plantea un dilema cada día más urgente, pues cada día nos queda menos que salvar. Hace muy poco saltaba a la prensa el daño que la construcción de una depuradora va a causar en un espacio natural protegido del sureste de Madrid. La finca El Espartal, en Valdemoro, es muy conocida por su riqueza botánica, con numerosas plantas de ambientes áridos endémicas, así como por ser el hábitat de algunos invertebrados rarísimos y actualmente amenazados. Además, es el hogar de especies de vertebrados protegidos por la legislación española. El Canal de Isabel II (es decir, el Gobierno de la Comunidad de Madrid) planea construir una depuradora que, en gran medida, ocupará un área valiosa del Espartal.

Todos queremos que nuestros ríos bajen limpios. Yo, además, querría que bajaran con agua. Sin embargo, ¿cuánto más estamos dispuestos a perder?

Dejo aquí un artículo sobre este tema:


Una depuradora en Valdemoro contra las especies de El Espartal

Más del 85% de la superficie de los terrenos donde se quiere construir la estación depuradora de aguas fecales está compuesta por hábitats de interés comunitario.



La Comisión de Pe­ticiones del Parlamento Europeo tiene previsto abordar hoy en su orden del día la denuncia de Ecologistas en Acción de Valdemoro, Madrid, contra la construcción de una estación depuradora de aguas residuales en los terrenos protegidos de El Espartal. Ésta no es la única denuncia de la organización contra los planes del Canal de Isabel II, empresa que promueve la estación depuradora y que gestiona el agua de Madrid y sus municipios.
En octubre de 2011, la Comuni­dad de Madrid emitió una declaración de impacto ambiental favorable a la nueva estación depuradora de Valdemoro. La parcela escogida, con una superficie de 82.090 m2, se sitúa en el interior de El Espartal, una extensa finca de gran valor ecológico, al este del municipio. Algo más de la mitad esos terrenos –746 hectáreas– forman parte del Parque Regional del Sureste y en su conjunto presenta un elevado interés de fauna, flora y de geomorfología.
Desde que la empresa pública Ar­pe­gio anunciara su proyecto de urbanización –hace casi una década– este paraje ha venido polarizando el grueso de las reivindicaciones de Ecologistas en Acción. Las aguas residuales del municipio de Valdemoro se tratan en la actualidad en la estación depuradora del pueblo de Ciempozuelos, que, junto con las generadas en esta localidad, también procesa las procedentes de San Martín de la Vega.
El escarabajo Buprestis sanguinea es un "endemismo ibero-magrebí, muy raro y localizado en España, en Madrid, considerado como una reliquia zoológica
El Canal justifica la necesidad de la nueva infraestructura por la insuficiente capacidad de la depuradora actual para atender las futuras demandas previstas en el planeamiento de estos municipios. El proyecto supondrá un movimiento de tierras de 275.000 m3 en una parcela de alta calidad paisajística, como reconoce el propio estudio de impacto ambiental de por la empresa Prointec. Más del 85% de su superficie está ocupada por hábitats de interés comunitario, tres de ellos de conservación prioritaria en la UE. Además, la obra supondrá que las acometidas de agua potable, electricidad y la conducción de agua reutilizada discurrirán por terrenos clasificados como Lugares de Importancia Comunitaria (LIC), como las vegas, cuestas y páramos del sureste de Madrid, y como Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA), como los cortados y cantiles de los ríos Jarama y Manzanares, lo que significará la destrucción añadida de 2,5 km de estoshábitats.

Alternativa al emplazamiento

Para evitar impactos sobre la Red Natura 2000, Ecologistas en Acción de Valdemoro propuso un emplazamiento alternativo para la depuradora contiguo a un área industrial, en el margen contrario del arroyo de La Cañada. Pero el promotor rechazó la propuesta aduciendo que ese emplazamiento hacía preciso el bombeo de agua por la diferencia de cota respecto a las alternativas iniciales, aunque el proyecto contempla la construcción de una nueva estación de bombeo en Ciempozuelos para tratar las aguas residuales del polígono industrial S1.
Durante el periodo de alegaciones, los ecologistas sostuvieron que el estudio de impacto ambiental no ofrecía un diagnóstico preciso ni completo de los valores naturales comprometidos por la infraestructura. Éste es el caso del coralillo (Microcnemum coralloides), una rara planta presente en el arroyo de La Cañada que se vería afectada por la construcción de la estación depuradora. La rareza –una de sus subespecies se distribuye por de­siertos de Siria y Turquía– y la extrema fragilidad de sus poblaciones hizo que fuera incluida como vulnerable en el Libro Rojo de la flora vascular española. El estudio de impacto ambiental no hacía mención a esta especie,aunque agentes forestales de la Comunidad de Ma­drid certificaron oficialmente su presencia en septiembre de 2012.
Este no es el único de los valores botánicos del entorno en riesgo. Como recuerdó Juan Manuel Martínez Labarga, profesor de la Escuela de Ingeniería Técnica Forestal, de la Universidad Politécnica de Madrid, en el IV Congreso de Biología de la Conservación de Plantas celebrado en Almería en 2009, en el paraje de El Espartal “varias de sus especies vegetales gipsícolas [de suelos de yesos]  son endemismos exclusivos de estos afloramientos edáficos de la cuenca del Tajo o de la península Ibérica. Eso quiere decir que no viven en ningún otro lugar del planeta (Thymus lacaitae, Gypsophila struthium, Vella pseudocytisus, etc)”.
Labarga insiste en que: "La finca de El Espartal y el Arroyo de la Cañada, entre Valdemoro y Ciempozuelos, albergan la mejor comunidad halohidrófila de la Comunidad de Madrid, con interesantes especies vegetales endémicas y con un muestrario de los más importantes hábitats naturales de zonas salinas y gipsícolas incluidos en la red Natura 2000 que se pueden encontrar en el centro de la península ibérica".
El retraso en la ejecución del proyecto debe explicarse por las reclamaciones ante la Comisión Europea por su difícil encaje en el marco de la legislación ambiental de la UE. En este sentido una reciente respuesta de David Lowe, desde la Comisión de Peticiones, precisa que: “Las autoridades competentes sólo darán su consentimiento para el plan o proyecto después de asegurarse de que no tendrá efectos adversos sobre los referidos parajes vistos en su conjunto”. Por otra parte, el proyecto sigue supeditado a las consecuencias de la sentencia 403/2012 del Tribunal Superior de Justicia de Madrid que en mayo de 2012 anulaba importantes desarrollos previstos en el  Plan General de Valdemoro.
Mientras tanto, en octubre se cumplieron dos años de la emisión de la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) sin que el promotor haya iniciado las obras. De acuerdo con la Ley 2/2002 de Evaluación Ambiental de la Comunidad de Madrid la declaración debe someterse a un nuevo informe con el fin de revisar su vigencia.

"Una reliquia zoológica"

El valor científico de estos terrenos ha vuelto a manifestarse tras la localización en agosto de Buprestis (Yamina) sanguinea, un escarabajo del que no existían citas en toda la Comunidad de Madrid en los últimos 15 años. En opinión del entomólogo José Ignacio López-Colón: “Este endemismo ibero-magrebí, muy raro y localizado en España —y más todavía en Madrid—, está considerado como una reliquia zoológica y su supervivencia está estrechamente ligada a la conservación del hábitat donde se desarrolla sus plantas-huésped, las efedras o canadillos (género Ephedra)”.
Hembra de Buprestis sanguinea, en agosto en El Espartal, tras 15 años sin citas en la Comunidad de Madrid. ECOLOGISTAS EN ACCIÓN VALDEMORO.
Además, El Espartal cuenta también con un gran valor arqueológico, una buena parte de la finca fue declarada por la Comunidad de Madrid Bien de Interés Cultural en 1995. Las prospecciones arqueológicas confirmaron la existencia de numerosos yacimientos que atestigúan la presencia en este entorno de ocupaciones humanas desde época muy remota. En su interior se localiza el yacimiento donde se halló el célebre vaso campaniforme de Ciempozuelos.


Fuente:

https://www.diagonalperiodico.net/global/21397-depuradora-contra-especies-espartal.html


martes, 12 de noviembre de 2013

SALTAMONTES DE MATORRAL (Steropleurus brunnerii) EN UN ROBLEDAL TOLEDANO

Con el mes de noviembre comenzando, aprovechamos uno de esos sábados de sol para hacer una interesante ruta por el sur de Toledo, una vez más en la franja montañosa que separa esta provincia de Ciudad Real. La mayor parte del recorrido atraviesa bosques de roble melojo (Quercus pyrenaica), árboles que se ven favorecidos por las condiciones de mayor humedad y frescor en la umbría de los montes. Resulta curioso como, recorriendo unos pocos km, podemos pasar de dehesas de encinas y monte bajo con vegetación esclerófila a esto:


Los robledales no son maduros. La talla de la mayoría de los árboles indica que no tienen más que unas décadas de vida. No obstante, en barrancos protegidos pueden encontrarse gigantes varias veces centenarios y, de algún  modo, parece que esta zona siempre ha conservado restos de bosque caducifolio incluso en las peores épocas de carboneo y talas. Prueba de ello es que pudimos observar ejemplares muy viejos de algunos árboles propios de bosques húmedos, como el cerezo silvestre. A ellos les dedicaré otra entrada.

Sin embargo, las plantas no son las únicas criaturas llamativas. Existe una enorme diversidad de especies de hongos y animales también, incluyendo muchos invertebrados interesantes. Es el caso de un gran saltamontes de matorral, que pudimos fotografiar en una roca junto al camino que recorre el robledal:


Se trata de una hembra, fácil de identificar gracias al afilado ovipositor que sobresale de su abdomen. Lo que es mucho más complicado, es acertar con la especie. Se trata de un ortóptero perteneciente a la familia Tettigoniidae, que cuenta con numerosas especies en nuestra península, incluyendo algunos de nuestros saltamontes más corpulentos, conocidos como chicharras. El ejemplar que encontramos podría ser, en mi humilde opinión y teniendo en cuenta que sé lo justito de invertebrados, una hembra de Steropleurus brunnerii. Buscando imágenes sobre la morfología de la parte superior del tórax, es la especie que se me parece más. No obstante, dada la diversidad de ortópteros de este grupo en nuestro territorio, es complicado de decir sin el examen de un experto. Y, en cualquier caso, Steropleurus brunnerii es una especie rara en Castilla la Mancha, donde se ha capturado en Toledo, si bien existen citas para Cuenca. Steropleurus brunnerii es un endemismo ibérico. El área de distribución mundial de este saltamontes se circunscribe a nuestro país (en Cuenca, Toledo, Madrid, Segovia, Ávila, Cáceres, Jaén y Zaragoza) y en algunas localidades de Portugal.

Como algunos de sus parientes, Steropleurus brunnerii tiende a aparecer en zonas montanas. Las colonias conocidas en Toledo aparecen a poco más de 800 m de altitud. Ocupa generalmente matorrales aclarados, permaneciendo en estratos arbustivos dominados por Cistus ladanifer, Cistus albidus y Thymus zigis. Las jaras, aunque sobre todo Cistus ladanifer, resultan muy abundantes en la zona donde encontramos el ejemplar, cerca del camino y en cualquier lugar aclarado y con suelo pedregoso. Los adultos suelen encontrarse a partir de julio, alcanzando sus mayores densidades en agosto. A partir de este mes su número se reduce en el campo, aunque pueden encontrarse algunos incluso hasta noviembre. Esto significaría que ese sábado encontramos uno de los últimos adultos activos y, a su vez, explicaría por qué se encontraba completamente inmóvil.

Los ortópteros, o saltamontes, se encuentran entre los insectos más antiguos. Durante el Mesozoico, antes de que las plantas con flores aparecieran en nuestro planeta y provocaran la explosión de insectos asociados a ellas, los saltamontes eran uno de los grupos dominantes de esta inmensa clase. Provistos de unas mandíbulas fuertes, han sido capaces de explotar una gran variedad de alimentos, incluida la vegetación fibrosa, difícil de digerir. En nuestro país podemos encontrar una diversidad apabullante de estos artrópodos, ocupando una diversidad de hábitats enorme. Muchos de ellos, además, son endémicos de regiones muy concretas.

martes, 5 de noviembre de 2013

OTRO INVERTEBRADO DE LOS CERROS DE ARANJUEZ: MANTIS ENANA EUROPEA (Ameles spallanziana)

Una de las pruebas del gran valor biológico de los cerros yesíferos del sur y sureste de Madrid, es que a poco que nos fijemos, descubrimos una variedad asombrosa de formas de vida de pequeño tamaño. A veces, incluso, sin pretenderlo ni buscarlas, nos cruzamos con plantas o invertebrados muy interesantes. Éste es el caso de la pequeña mantis enana (Ameles spallanziana) que fotografió David con su móvil en los cerros de Aranjuez, a principios de este mes de octubre:


Nada como mirar por donde pisamos para descubrir criaturas como ésta; máxime en un país como el nuestro, con una fauna de invertebrados variadísima y sumamente interesante.

Como otros animales, incluidos numerosos artrópodos, Ameles spallanziana puede observarse fácilmente en otoño. Es un mántido exclusivo del Mediterráneo occidental, encontrándose poblaciones en diversas áreas del norte de África (Marruecos y Argelia), mientras que en el continente europeo aparece en regiones de clima mediterráneo de la península ibérica y del extremo sur de Francia. Se trata de un insecto propio de ambientes secos y cálidos, ocupando matorrales bajos, herbazales no húmedos y, en general, medios esteparios y arbustivos áridos o semiáridos. Es rara en medios arbolados y no suele aparecer en bosques (sobre todo si son extensos). En este sentido, la vegetación gipsófila, de bajo porte, que predomina en los cerros yesíferos de Aranjuez, parece un hábitat perfecto.

La mantis enana es realmente un insecto muy pequeño, sobre todo teniendo en cuenta las dimensiones que alcanzan algunos de sus parientes: mide entre 1 y 2'5 cm, lo que la hace difícil de observar. También es característico el marcado dimorfismo sexual de esta especie. Los machos, de complexión ligera, presentan alas funcionales y son capaces de volar. Las hembras, mucho más robustas, se caracterizan por tener un gran abdomen curvo y alas vestigiales. Claramente, este ejemplar era una hembra:


Como otros de sus parientes, la mantis enana es un predador obligado. Se alimenta de pequeños artrópodos (fundamentalmente insectos y arácnidos de campo abierto), que captura normalmente al acecho. Aun así, este invertebrado puede correr a gran velocidad, sobre todo si el tiempo es muy caluroso.

Con respecto a su biología reproductiva, es similar a la de otros mántidos. La reproducción tiene lugar durante el verano y hasta mediados de otoño (dependiendo del clima). Tras el apareamiento, la hembra deposita los huevos en una masa de espuma que se endurece rápidamente en contacto con el aire. Dicha masa, llamada ooteca, permanece pegada a una piedra u otro substrato firme hasta la eclosión, que se produce en pocas semanas. Las crías no atraviesan una fase larvaria compleja, sino que nacen en estado de ninfa, tal y como sucede con los saltamontes y otros insectos primitivos. Esta ninfa es bastante parecida a los adultos, aunque diminuta, y crece rápidamente realizando varias mudas. Un aspecto curioso de esta estrategia de desarrollo es que, cuando alcanzan el tamaño definitivo y realizan la última muda, el color de la mantis queda fijado. Eso significa que, mientras que el juvenil adapta su color para mimetizarse con el entorno, esta habilidad se pierde en los adultos. Si durante la última muda el individuo era verde, por encontrarse en un ambiente con hojas o gramíneas vivas, ese color verde permanecerá ya durante toda su vida.

Parece ser que la hembra fotografiada por David, se desarrolló en un medio seco, en el que predominaban los colores pardos o terrosos. En cualquier caso, debe ser muy difícil de encontrar entre los espartos y tomillos, sobre todo si no se mueve y no tenemos mucha suerte.


jueves, 13 de junio de 2013

CARRALEJA O ACEITERA IBÉRICA (Physomeloe corallifer)

El pasado mes de abril, en uno de esos raros fines de semana en los que las lluvias nos dieron un respiro, David y yo hicimos una salida a los Montes de Toledo. En un camino de la cara norte de los mismos, bastante cerca de San Pablo de los Montes, nos encontramos un insecto muy curioso. Se trataba de una carraleja (Physomeloe corallifer), un coleóptero de la familia Meloidae:


Era la primera vez en mi vida que veía esta especie y al principio no la reconocí. Sin embargo, decidí hacerle una foto porque me recordaba mucho a otro coleóptero no volador que recuerdo con cariño. Se trata del cura o curita (Berberomeloe majalis), muy común en los campos de mi pueblo durante mi infancia, y actualmente prácticamente desaparecido en mi zona. Tanto el cura como la carraleja tienen un abdomen alargado y un color predominantemente negro (aunque el cura suele presentar bandas laterales rojas). De hecho, pertenecen a la misma familia. Además, comparten otras características. 

Por ejemplo, las larvas de ambas especies son parásitas. Tras eclosionar a finales de primavera o principios de verano, trepan a los tallos de plantas bajas y allí, en sus flores, esperan el paso de alguna abeja, abejorro u otro insecto similar, y se aferran a sus patas. De ese modo viajan pasivamente hasta el nido de su hospedador, donde se alimentan de sus larvas indefensas y de la miel acumulada por su madre. No obstante, dado que la criatura debe aferrarse a las patas de la especie adecuada de abeja solitaria, el puro azar determina que muy pocas consigan su objetivo. En cualquier caso, su desarrollo es complejo y pasa por dos fases larvarias muy diferentes, lo que se conoce como "hipermetamorfosis". Ésta tarda en concluirse casi un año: los imagos o adultos emergen en abril o mayo (depende de la altitud) del año siguiente.

Además, ambos meloidos presentan una estrategia defensiva similar y bastante eficaz: son tremendamente tóxicos. Sin son molestados son capaces de segregar una sustancia de aspecto aceitoso que, además de venenosa, es capaz de provocar enrojecimiento, erupciones e irritación sólo con entrar en contacto con la piel. Mejor que no nos toque los ojos. Curiosamente, aunque son insectos que caminan confiados a pleno día, no recuerdo que ni yo ni ningún otro niño de mi entorno fuera tan tonto como para tocar un cura con la mano. Podíamos coger grillos, aunque mordieran, pero sabíamos que los curas sólo se tocaban con un palito.

A diferencia de este último, la carraleja es un endemismo ibérico. Sólo se encuentra en el sur y el centro de la Península Ibérica. Dadas las necesidades de sus larvas, no es de extrañar que este y otros meloidos habiten medios abiertos con vegetación baja. Sin embargo Physomeloe corallifer parece bastante flexible. Por ejemplo, en el Parque del Sureste ocupa cerros yesíferos sin arbolado en El Espartal de Valdemoro, donde en ocasiones las precipitaciones no alcanzan los 300 mm cúbicos anuales (valores propios de un semidesierto). En otras zonas aparece en dehesas y campos próximos a monte bajo. En Gredos se la puede encontrar en praderas cercanas a bosques de robles y pinos. En nuestro caso, aquella carraleja se nos cruzó a más de 1.000 m de altitud, en la transición entre el piso del encinar y el del melojar. Aunque, eso sí, junto a una zona desarbolada en la que abundaban las jaras y otra vegetación pionera de pequeño porte:


En fin, esto es lo bueno que tienen las salidas al campo, que casi siempre tienes posibilidades de encontrarte con algo interesante en medio del camino.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

AJEDREZADAS BIGORNIAS EN EL ALTO TAJO

Visitar el Alto Tajo en el mes de Agosto, en las inmediaciones de Peralejos de las Truchas, es algo muy recomendable. Una paz impresionante te rodea a poco que te salgas de la carretera, entre enormes cañones de roca caliza, bosques de pinos, manchas de matorral y pastizales.



Abajo, en el fondo, fluye el Tajo, que por allí aún corre cristalino y gélido, entre bosques riparios dominados por salicáceas de diferentes especies:




Un lugar paradisíaco, donde poderse bañar (a quien le apetezca el agua helada) bajo la atenta mirada de los buitres.



Fue precisamente en la orilla del Tajo, en un pequeño banco de arena entre las hierbas junto a una chopera, donde descubrimos una impresionante concentración de mariposas de varias especies. Seguramente habían acudido allí a sorber sales. Las más abundantes, sin ninguna duda, eran unas pequeñas que formaban verdaderos enjambres:




Con mucha probabilidad se trataba de ajedrezadas bigornias (Pyrgus onopordi), unos lepidópteros de la familia Hesperiidae con un área de distribución limitada a la cuenca mediterránea occidental. Digo "con mucha probabilidad" porque en nuestro territorio coexisten varias especies de Pyrgus muy similares entre sí, y cuya diferenciación requiere no sólo de mejores fotos que las que yo hice, sino también de más conocimientos de los que poseo. Aun así, me decanto por Pyrgus onopordi dado que esta mariposa presenta en el reverso de sus alas posteriores un dibujo blanquecino característico, en forma de yunque. Aunque no muy bien, este diseño se puede observar en esta foto:




Otro hespérido parecido y que también está bastante extendido en la zona del Alto Tajo es la ajedrezada tórrida (Pyrgus cirsii), y no sería de extrañar que los enjambres que se posaban sobre la arena estuvieran formados por más de una especie.


La ajedrezada bigornia se encuentra distribuida de forma dispersa por el norte de África, desde el norte de Argelia al noroeste de Marruecos. En Europa aparece fundamentalmente en el centro y sur de la península ibérica (tanto en España como en Portugal), a lo largo de la península italiana y el sur de Francia, aunque se conocen algunas poblaciones más al norte, incluso en Suiza y la franja eurosiberiana del norte ibérico (donde es muy rara). Es, por tanto, un endemismo del Mediterráneo occidental.


Se trata de un insecto ligado a prados y matorrales con comunidades florísticas ricas, particularmente en localidades relativamente cálidas, y desde altitudes bajas a unos 1.800 m sobre el nivel del mar. Se observan ejemplares en vuelo desde abril a octubre, con tres generaciones anuales. Entre las plantas de las que se alimentan sus orugas se han citado Malva neglecta, y diversas especies de Althaea, Ruta, Rubus, Potentilla, Helianthemum, Scabiosa y Knautia.


Tal y como se puede ver en las primeras fotos, en la zona donde vimos los enjambres de ajedrezadas se encuentra bosques de coníferas con prados y matorrales que se desarrollan sobre suelos calizos. Y muy cerca se dan diferentes comunidades vegetales asociadas al río. En estas condiciones encontramos una enorme cantidad de especies de plantas en un espacio muy reducido, lo que supone una de las mayores riquezas del parque del Alto Tajo. En cualquier caso, permite que estas mariposas prosperen en los pastizales y praderas de tierras altas, al tiempo que pueden acceder a las cercanas fuentes de sales disueltas que el río les ofrece en sus márgenes.



lunes, 12 de diciembre de 2011

ESFINGE DE LA LECHETREZNA EN EL HOSQUILLO

Dejo aquí una foto de una oruga de esfinge de la lechetrezna (Hyles euphorbiae), que descubrimos en la visita al parque El Hosquillo, en la Serranía de Cuenca, el pasado agosto. Aunque la imagen no es muy buena, y no hace justicia a los brillantes colores que presentaba el animal, se puede apreciar el contraste entre los ocelos blanquinegros, el naranja, el amarillo y el rojo (que por desgracia, quedaron muy desvaídos por la falta de luz al tomar la foto):



Como puede apreciarse, se encontraba alimentándose en una ramita de lechetrezna de bosque (Euphorbia amygdaloides). La estrecha asociación entre esta mariposa y las lechetreznas (ya que las larvas se alimentan casi exclusivamente de hojas de varias especies de Euphorbia), me lleva a hacer un breve comentario sobre este grupo de plantas. Y es que este género de fanerógamas de la familia Euphorbiaceae, muestra un extraordinario polimorfismo, que para el neófito resulta desconcertante. Por ejemplo, quien está familiarizado con la lechetrezna de bosque u otras especies parecidas de nuestros campos y montes, difícilmente podrá relacionarlas con las plantas carnosas y espinosas (muy parecidas a cactus) que crecen en los cerros rocosos del sur de Marruecos. Y sin embargo, todas son Euphorbia. Unas 2.000 formas han sido clasificadas, incluyendo muchas adaptadas a semidesiertos, aunque también a sabanas, monte mediterráneo, bosques caducifolios, pinares, o paisajes abiertos rocosos. Un asombroso caso de adaptabilidad, en el que la evolución ha moldeado una enorme diversidad de estrategias vitales, por las que estas plantas pequeñas y discretas han logrado colonizar ecosistemas muy diferentes con notable éxito.

En el caso de la lechetrezna de bosque, aparece como parte del estrato inferior y en claros de bosques caducifolios o encinares frescos, aunque en la Serranía de Cuenca la observamos en pinares de Pinus nigra, en aquellos más húmedos de Pinus sylvestris, así como en pinares mixtos, bosques mixtos de pinos y quejigos (Quercus faginea), y encinares húmedos con quejigos. En el punto de El Hosquillo donde encontramos este rodal de Euphorbia amygdaloides en el que se alimentaba la oruga de la esfinge, caminábamos por un pinar mixto húmedo a unos 1.200 m de altitud. El bosque presentaba un estrato arbustivo bien desarrollado, dominado por matorrales típicos de ambientes frescos con abundante humedad, como el boj (Buxus sempervirens).

No obstante, la esfinge de la lechetrezna no es un lepidóptero exclusivo de zonas montanas, pudiéndosela encontrar en cotas bajas y medias (hasta unos 2.000 m de altitud). Al parecer, es una especie muy extendida y bastante común, aunque yo nunca he observado un ejemplar adulto. A diferencia de la esfinge colibrí (Macroglossum stellatarum), que puede verse volando en pleno día, la esfinge de la lechetrezna es fundamentalmente crepuscular, pudiendo alimentarse hasta bien entrada la noche.

Su área de distribución es esencialmente mediterránea, si bien existen poblaciones migratorias al norte de los Alpes. Existen numerosas formas emparentadas y muy parecidas (como Hyles gallii) repartidas por medio mundo. Esta esfinge ocupa diferentes tipos de hábitas, incluyendo bosque y monte mediterráneo de diferentes tipos, y sobre todo paisajes en mosaico en los que se alternan masas forestales, matorral, pastos y cultivos. Las orugas, que nacen en primavera, se desarrollan alimentándose básicamente de diferentes especies de Euphorbia, a lo largo del verano e incluso parte del otoño, diferenciándose dos generaciones anuales de mariposas. La primera aparece en primavera, al emerger los adultos de las larvas que han pasado el invierno ocultas. De los huevos que depositan estos ejemplares surgen nuevas orugas, que completan su desarrollo durante el verano. Al metamorfosearse, aparece la segunda generación de esfinges, que a su vez ponen huevos que dan lugar a orugas que crecerán durante el estío y el otoño, antes de hibernar y dar paso a la primera generación del año siguiente.

Los llamativos colores de estas orugas, además de ser muy fotogénicos, advierten a sus depredadores de que son tóxicas (igual que las plantas de las que se alimentan).

miércoles, 2 de noviembre de 2011

UNA DE ANFIBIOS EN LA SERRANÍA CONQUENSE Y ALREDEDORES

El tiempo que pasamos durante el mes de agosto en la Serranía de Cuenca, dio también para explorar algunos rincones en busca de anfibios. Una vez más, recorrimos algunos enclaves húmedos o con pequeños cursos de agua, con resultado desigual. La sierra está compuesta por elevaciones de materiales sedimentarios, que en su mayoría son fácilmente solubles en agua, por lo que los humedales tienden a ser pequeños. No obstante, las lluvias irregulares y en general poco abundantes son recogidas con bastante eficacia por las grandes masas forestales presentes en la zona, y dominadas por el pino negral (Pinus nigra) y, en menor medida, el pino albar (Pinus sylvestris):



Muy cerca del pueblo de Las Majadas, encontramos un charco menguante que resultó ser muy interesante para observar este tipo de animales:




Aunque detectamos renacuajos de sapo partero (Alytes obstetricans), llamaba mucho más la atención la gran cantidad de ranas comunes (Pelophylax perezi) de tamaño pequeño y mediano, que se amontonaban en las orillas para cazar insectos y tomar el sol:






Cuando nos acercábamos al agua, los saltos de decenas de ranas eran un verdadero espectáculo, y en cierto modo nos recordaba que, en un pasado reciente también en el sur y sureste de Madrid este anfibio era extraordinariamente común y abundante. Ya no es en absoluto así.


En cualquier caso, el lugar les era, evidentemente, muy favorable. El charco se encontraba rodeado de pastizales con muy poco arbolado, tal y como prefiere este anuro sediento de sol. Muy cerca también encontramos ranas comunes en un arroyo intermitente, pero en densidades mucho menores. El curso de agua se encontraba densamente cubierto por los árboles, y en ese momento se componía de un rosario de charcones inconexos:




Se trataba de un hábitat subóptimo para esta especie, y no era de extrañar que no encontráramos más de un ejemplar por charcón. Un poco más adelante, dimos con otro arroyo de mayor entidad, que fluía por un fondo de valle en el que se intercalaban arboledas de sauces y pastizales:




Aquí volvimos a encontrar ranas, y en una cantidad algo mayor. Esta pequeña corriente era embalsada en un azud de pequeñas dimensiones, rico en macrófitos acuáticos:




Precisamente entre la vegetación sumergida pudimos ver y fotografiar renacuajos de sapo partero:




La presencia de estas y otras pequeñas presas mantenía una población interesante de predadores, tanto en el azud como en el arroyo. Era el caso de este escorpión de agua (Nepa cinerea):



En los puntos en los que la cobertura del bosque de ribera era menor, y por tanto la superficie recibía mayor insolación, una mayor productividad primaria se traducía en la aparición de macrófitos y algas tapizantes:




No era de extrañar que fuera en estos puntos donde encontramos una mayor cantidad de fauna acuática, y en las inmediaciones, un primer ejemplar juvenil de sapo partero (Alytes obstetricans):




Este anuro primitivo, de la familia Alytidae, vive asociado tanto a masas boscosas como a matorral y áreas agrícolas del norte, centro y este de la península ibérica, así como buena parte de Francia, y algunas regiones de Bélgica, Suiza y Alemania. En el pasado era muy común en Madrid. Por ejemplo, existen citas de mediados del siglo XX a lo largo del valle del Jarama, donde actualmente sólo sobrevive una única población que agoniza en un manantial de Arganda del Rey. El sapo partero también fue, hasta hace muy poco, extraordinariamente común en el entorno del río Tajuña, el sureste madrileño y áreas alcarreñas adyacentes de Cuenca y Guadalajara. Allí, la subespecie endémica Alytes obstetricans pertinax está ahora al borde mismo de la extinción debido a la destrucción de sus lugares de reproducción (manantiales, abrevaderos, fuentes,...). Esta forma especializada era, hace sólo un par de décadas, relativamente abundante en pueblos como Ambite de Tajuña. El declive de estos animales hace que, por un lado, tengamos que ir cada vez más lejos para encontrarlos, y por otro es un síntoma del deterioro acelerado que está sufriendo nuestro medio.

Curiosamente, los anfibios pueden resultar muy adaptables si no se lo ponemos demasiado difícil. Por ejemplo, algunas especies se han adaptado muy bien al nacimiento del río Tajo, en la cercana Sierra de Albarracín. Concretamente, el Monumento al nacimiento del río Tajo (estéticamente una cagada, en mi opinión) se eleva a casi 1.590 m sobre el nivel del mar. A esa altitud la vegetación está constituida por prados alpinos, salpicados (o no) por sabinas rastreras (Juniperus sabina), y bosques de pino albar (Pinus sylvestris):



El lugar está sometido a un clima muy riguroso, con largos inviernos en los que se alcanzan temperaturas muy bajas, y en los que la innivación puede ser muy importante. Originalmente, el Tajo fluía como un arroyo a lo largo de un pastizal con pinos dispersos, pero a algún político aburrido se le ocurrió que era mucho mejor plantar allí un monumento. Se colocaron unas esculturas grises, y la pradera se excavó para hacer un estanque artificial cubierto de cemento. Parte del resultado es esto:



Pues bien, pese a todo, la fauna se ha sobrepuesto al atentado paisajístico (o al menos parte de ella), y en el estanque abundan las ranas comunes:







Resulta curioso que, aunque este tipo de ranas prefiere humedales cálidos de tierras bajas, con el tiempo ha acabado siendo más numerosa en las regiones montañosas más remotas. Y es debido al deterioro de los hábitats acuáticos en áreas humanizadas. Y si la rana común es un ejemplo de esto, más sorprendente aún es el caso de otro anfibio que localizamos en este enclave del nacimiento del Tajo. Se trata de ejemplares recién metamorfoseados de sapillo moteado (Pelodytes punctatus):



Se trata de otro anuro discreto y en general poco conocido, perteneciente a la familia Pelodytidae. Esta familia cuenta con sólo tres especies, una en el sureste del continente Europeo, y dos en el oeste y suroeste del mismo. En España encontramos estas dos especies, siendo una de ellas endémica (Pelodytes ibericus, del suroeste peninsular). En cambio, Pelodytes punctatus se distribuye, además de por el este y noreste de la península ibérica, por algunas regiones de Francia, áreas costeras del noreste italiano y, al parecer, algunos enclaves en Bélgica y Luxemburgo. El sapillo moteado suele hallarse estrechamente ligado a terrenos rocosos calizos, aunque localmente puede aparecer sobre suelos silíceos o ácidos (caso de los Montes de Toledo). Aparte de eso, muestra una cierta preferencia por ambientes abiertos o semiabiertos, incluyendo pinares poco densos, enebrales, sabinares, áreas agrícolas entre cerros calizos, e incluso cerros cubiertos por vegetación esteparia rala (como sucede en los alrededores de Zaragoza). Se reproduce en pequeñas charcas o arroyos de aguas tranquilas y vegetación abundante, pero los adultos son esencialmente terrestres y nocturnos, refugiándose durante el día bajo rocas o en fisuras del terreno.


En Madrid, eran muy conocidas las poblaciones de sapillo moteado del sureste, concretamente las de los cerros yesíferos de los ríos Jarama y Manzanares. Este anfibio aparece citado repetidamente en la documentación sobre la fauna del Parque del Sureste, y en su día fue una de las especies singulares que justificaban la existencia de este espacio protegido. Resulta escalofriante comprobar cómo el hábitat de este animal ha sido meticulosamente destruido desde la creación del Parque, debido básicamente al crecimiento urbanístico demencial de localidades como Rivas Vaciamadrid. Además, la sobreexplotación de los acuíferos ha supuesto que los manantiales en los que se reproducía se han ido secando. Resultaría muy interesante saber si aún sobreviven algunos ejemplares de este anuro en los cerros de la Marañosa, o incluso más al sur, en los cerros al norte de Titulcia.


Lo cierto es que el futuro de esta especie parece ahora más factible en un lugar inhóspito y duro, como el nacimiento del Tajo, que en otros enclaves antaño mejores. Nunca he visto un sapillo moteado en el sureste de Madrid, pese a que allí el hábitat en principio reuniría condiciones mucho mejores. Y es que, una vez más, los anfibios nos dan pistas de la salud del medio en el que también nosotros vivimos.