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sábado, 2 de abril de 2016

EL PÁJARO INESPERADO

Esta pasada Semana Santa, en una escapada a la Serranía de Cuenca, probamos a poner la cámara trampa dentro del bosque de ribera que flanquea un arroyo de montaña. El suelo del bosque estaba lleno de rastros de mamíferos, incluidos grandes ungulados, como jabalíes y ciervos, por lo que la idea era conseguir imágenes de este tipo de fauna. Sin embargo, tras dejarla colocada durante tres días y sus correspondientes noches, el único mamífero que apareció posando durante unos segundos fue una garduña (Martes foina), un mustélido muy abundante en la sierra:


No obstante, sí que aparecieron registradas diversas especies de aves canoras. Entre ellos, muchos ejemplares de petirrojo (Erithacus rubecula), que parece mucho más abundante en ese tipo de bosque húmedo de ribera que en los pinares cercanos:


La cámara llegó a filmar un primer plano de un petirrojo muy tempranero, que cumple con el refrán de <<a quien madruga, Dios le ayuda>>, visto la enorme lombriz que consigue capturar:



Además, ese pedacito de suelo forestal parecía especialmente rico en paseriformes de la familia Turdidae, con 3 especies registradas. De ellas, la que aparece con más frecuencia es el zorzal común (Turdus philomelos):


Siempre me ha parecido que este pájaro tiene un nombre poético, ya que, en griego, <<philomelos>> significa literalmente amante del canto o de la música. Sin duda, hace referencia a la belleza de su voz en primavera. Otro zorzal de mayor tamaño muy fácil de observar en la sierra es el zorzal charlo (Turdus viscivorus). No obstante, en mi opinión, los charlos prefieren ambientes relativamente despejados y he llegado a observarlos en verdaderas bandadas en pinares abiertos, con grandes árboles dispersos y poco matorral. En cambio, el mirlo común (Turdus merula) es más frecuente en ambientes húmedos y cerrados, cerca del agua, tanto en bosques como en matorrales. 

Pero, sin ninguna duda, la gran sorpresa fue filmar este ave mientras pasaba sigilosamente frente a la cámara:


Se trata de un rascón (Rallus aquaticus), un ave perteneciente a la familia Rallidae y, por tanto, emparentado con fochas, gallinetas, calamones y, en menor medida, con las grullas. Siempre había creído que los rascones eran aves acuáticas ligadas a ambientes pantanosos y humedales con vegetación densa, como carrizales, cañaverales, espesuras de juncos y herbazales inundables, malezas de sargas y otras formaciones vegetales espesas en aguazales y ambientes encharcados. Por este motivo, también tenía entendido que estas aves prefieren zonas situadas a baja altitud. El bosque de ribera en cuestión se encuentra a unos 1.240 m sobre el nivel del mar, en un valle estrecho en el que predominan los pinares de Pinus nigra y Pinus sylvestris, aunque este ejemplar se filmó dentro de un bosque de galería dominado por Populus sp. y Salix sp., con sotobosque formado por Crataegus, Rosa, Rubus ulmifolius y Sambucus nigra, entre otros. Aunque el suelo se encontraba encharcado en algunos puntos, no se da una vegetación palustre propiamente dicha, predominando estos matorrales y pastos en puntos soleados. Sé que varias especies de rascones tropicales viven en el interior de selvas densas, incluso en ambientes montañosos, pero ha sido una sorpresa encontrar un rascón europeo en un ambiente forestal montano. Dado que esta especie es extremadamente sigilosa y difícil de observar, me hubiese gustado poder quedarme más para intentar detectar otros individuos en la misma zona e incluso comprobar si crían. Con la cámara, claro.

viernes, 21 de noviembre de 2014

ESPLENDOR EN LA MIERDA: MOSCAS AMARILLAS DEL ESTIERCOL (Scathophaga stercoraria) EN UNA BOSTA DE VACA

Después de un tiempo de descanso, me he propuesto retomar la actividad del blog, subiendo un par de fotos de un insecto que me llamó mucho la atención al encontrarlo. Concretamente, me he tropezado con él en Somiedo, muy cerquita de La Peral.

Este año, tras volver al occidente asturiano en nuestras vacaciones de septiembre, hemos podido disfrutar de un tiempo excelente, hemos comido como reyes, hemos hecho rutas preciosas y, por si fuera poco, hemos tenido el privilegio de ver osos salvajes. No obstante, fotografiar, lo que se dice fotografiar, he tenido más suerte con animalitos más pequeños. Como siempre.

El caso es que, en una zona de prados de alta montaña, bien desbrozados por una abundante cabaña de vacas autóctonas asturianas, encontramos unos llamativos (y frescos) excrementos de vacuno. Llamativos porque se encontraban salpicados de motitas doradas que, al acercarnos, resultaron ser nada menos que moscas:


Parecían muy afanadas y el caso es que era la primera vez que yo veía unas moscas de colorido tan llamativo. Las fotos que les hice no hacen justicia a sus brillantes tonos dorados y amarillos, pese a que la luz no era mala:


La criatura en cuestión resulta ser Scathophaga stercoraria, un díptero con una inmensa área de distribución en el hemisferio norte, desde Europa al norte de Asia y Norteamérica. Pero, ¿por qué no me resultaba familiar, siendo una especie tan extendida y común? Bueno, desde luego en mi zona yo no las he visto nunca. Las moscas amarillas del estiercol son propias de regiones frescas y húmedas, por lo que en la península ibérica son mucho más comunes en la franja eurosiberiana del norte. Incluso abundan en áreas montanas, a gran altitud en los Pirineos, por ejemplo.

Sin embargo, las Scathophaga stercoraria no se alimentan de las bostas de vaca que frecuentan: son insectos depredadores que atacan y devoran otros dípteros de menor tamaño. Las que se alimentan del estiercol son sus larvas, razón por la que se concentran en los excrementos de grandes herbívoros para depositar allí sus huevos.

lunes, 19 de mayo de 2014

Eurranthis plummistaria, UN GEOMÉTRIDO ESPECTACULAR

Otro de los insectos que pudimos fotografiar en la cuenca alta del río Escabas, fue este lepidóptero de coloración sorprendente:


Se trata de una hembra de Eurranthis plummistaria, claramente diferenciable de un macho por la estructura simple de las antenas (en los machos adoptan una forma plumosa muy llamativa). A diferencia de lo que sucede con muchas polillas del grupo de los geométridos, Eurranthis plummistaria presenta una coloración muy contrastada y viva, con sutiles combinaciones de amarillo, blanco, negro y oro.

Se trata de un endemismo del Mediterráneo occidental: se encuentra en el noroeste de África, la península ibérica, el sur de Francia y el noroeste de Italia (Liguria). Esta especie ocupa preferentemente ambientes de matorral o bosques abiertos con claros ricos en vegetación herbácea, bordes de pastizales o laderas pedregosas con vegetación parcialmente abierta, desde el nivel del mar hasta por encima de los 1.000 m. En buena parte de la península ibérica, supera con frecuencia los 1.000 m. Nosotros la fotografiamos a más de 1.200, en el piso oromediterráneo. La vegetación se encontraba dominada por bosques de pinos (Pinus nigra-Pinus sylvestris), con un sotobosque variado que incluía Quercus faginea, Crataegus monogyna, Rosa sp. y al menos dos especies de Euphorbia, entre otras muchas plantas de porte bajo y medio. Sin embargo, Eurranthis plummistaria se localizaba exclusivamente en pastizales y sus bordes, caracterizados por presentar una gran diversidad de herbáceas y matorrales dispersos de Crataegus monogyna y Prunus spinosa. Estas praderas se encontraban fuertemente afectadas por la presencia de rebaños de ovejas y ciervos (que pudimos filmar con cámara trampa). 

Esta polilla de actividad diurna se encuentra estrechamente ligada a las plantas del género Dorycnium y, muy especialmente, a Dorycnium pentaphyllum. Esto se debe a que las larvas de Eurranthis plummistaria sólo se alimentan de ellas. Tanto la polilla como su planta nutricia se encuentran amenazadas en muchas zonas, debido a la conversión de pastizales naturales en cultivos, por el cierre del monte, la expansión de los bosques sobre laderas antaño dedicadas al pastoreo de ovino y caprino, las reforestaciones o la urbanización de sus hábitats.

lunes, 12 de mayo de 2014

EL ESCARABAJO TIGRE (Cicindela campestris)

Esta primavera hemos podido observar gran cantidad de ejemplares adultos de Cicindela campestris en la sierra de Cuenca septentrional. La cicindela campestre o escarabajo tigre es un coleóptero muy difícil de confundir, caracterizado por presentar grandes ojos y mandíbulas, y una coloración verde con ocelos blancos:


Todos los ejemplares que pudimos observar y fotografiar se encontraban en caminos y pistas de tierra que cruzaban bosques de coníferas, tanto en el nivel del pino negral (Pinus nigra) como en la transición con el nivel del pino albar (Pinus sylvestris), situado a mayor altitud. Tal y como indica el gran desarrollo de sus ojos, se trata de insectos predadores rápidos y agresivos. Pueden correr a gran velocidad y, en caso de peligro, pueden realizar vuelos cortos (unos cuantos metros a lo sumo). He encontrado en ocasiones cicindelas en otros lugares, pero nunca en mi vida había visto tantos ejemplares como esta primavera en la serranía.


Taxonómicamente, el escarabajo tigre se encuadra en la familia Carabidae, aunque dentro de una subfamilia bien diferenciada, la Cicindelinae. Presenta una amplia distribución en el Paleártico, estando muy extendida en Europa, la cuenca mediterránea (Magreb incluido) y grandes áreas de Ásia septentrional.

Al parecer, habita preferentemente medios forestales, aunque se encuentra fuertemente asociado a suelos arenosos y sueltos. De hecho, no encontramos cicindelas en el interior de los pinares, y sí en caminos (de suelo arenoso-pedregoso) que los cruzaban. Dado que estos escarabajos detectan visualmente sus presas y las persiguen a gran velocidad, esta selección de microhábitat se encuentra relacionada con su ecología trófica. Sin embargo, existe otra razón poderosa para que los escarabajos tigre permanezcan en las inmediaciones de suelos sueltos: sus larvas son estrictamente fosoriales, es decir, tienen que vivir bajo tierra. Para ser más precisos, excavan galerías verticales en el suelo arenoso, desde las que acechan sus propias presas. Y es que, ya en su fase larvaria, son carnívoros estrictos. Sin embargo, en este estadio son incapaces de correr y dependen del factor sorpresa para alcanzar a sus víctimas. Así, colocan su gran cabeza a modo de tapa en la entrada de su madriguera, y sólo se mueven para atacar algún invertebrado desprevenido que pase por allí.

En resumen, un coleóptero muy interesante y, además, dotado de una gran belleza:


miércoles, 19 de marzo de 2014

HONGOS EN ROBLEDAL TOLEDANO

En la misma salida de principios de noviembre en la que encontramos el saltamontes de matorral Steropleurus, asistimos la emergencia de una enorme variedad de setas dentro y en los límites del bosque. Se trata de un melojar, cuyo dosel está dominado por robles melojos (Quercus pyrenaica), con presencia local de encinas (Quercus rotundifolia), fresnos de hoja estrecha (Fraxinus angustifolia) y, de forma mucho más local, otras especies como quejigos (Quercus faginea) o arces (Acer monspessulanum). Las condiciones de pluviosidad y temperatura, producidas por la altitud y orientación del enclave, son muy diferentes de los de las planicies situadas a pocos km al norte. En general, puede considerarse un bosque con características predominantemente atlánticas, pese a la presencia de plantas propias del monte mediterráneo (como las jaras del género Cistus).


Esto le da un carácter bastante particular dentro de la provincia de Toledo, en la que en general predominan comunidades vegetales esclerófilas o esteparias. De hecho, aquel día de noviembre el bosque nos sorprendió por la asombrosa variedad de hongos que se encontraban emergiendo a nuestros pies. Una verdadera eclosión otoñal se estaba produciendo en aquel mismo momento, en una impresionante diversidad de formas y colores. 


Algunas muy poco frecuentes, por tratarse de especies propias de bosques húmedos o subhúmedos. Es el caso de la rúsula de Maire (Russula mairei):


Este hongo forestal, aunque muy extendido en bosques caducifolios del dominio eurosiberiano europeo, en el centro de nuestra península se desarrolla casi exclusivamente en bosques de roble melojo (Quercus pyrenaica) y, en menor medida, en castañares y pinares de pino albar (Pinus sylvestris). Estas comunidades forestales se caracterizan por recibir precipitaciones abundantes y, de hecho, la rúsula de Maire sólo aparece por encima de los 900-1.000 m de altitud en nuestra región geográfica. Presenta una sorprendente coloración roja y blanca.


Al parecer, no sólo tiene un sabor extremadamente picante, sino que podría ser tóxica.

Mucho más difíciles de identificar son las diferentes formas del complejo de especies emparentadas con el marasmiáceo Mycena pura, debido a la existencia de diversos taxones muy complicados de separar a simple vista. En general, emergen en grupos entre la hojarasca del suelo en otoño:




El tamaño de los sombreros de algunos ejemplares y su intenso color rosado (que no se aprecia bien en estas fotos) podrían corresponder en realidad con ejemplares de Mycena rosea, de mayor porte:


Otros, en cambio, eran claramente verdes:



Las micenas son hongos adaptables y oportunistas, aunque estrechamente ligados a bosques húmedos o subhúmedos. Son más frecuentes en robledales y bosques caducifolios, pero localmente ocupan también pinares húmedos. Aquí aparecían casi siempre bajo las copas de los robles melojos, aparentemente ligados a su hojarasca. Una gran variedad de hongos viven asociados a estos ambientes, con sus micelios entrelazados en la raíces de los árboles. No obstante, no es el caso de todos: existen muchas formas que han evolucionado para desarrollarse sobre los cadáveres de los propios árboles, descomponiendo sus troncos y tejidos muertos, en un reciclaje acelerado:


Tal vez, los que llaman más la atención son los hongos yesqueros de la familia Ganodermataceae. Varias de sus especies son fáciles de ver en tocones muertos o enfermos, y destacan por su tamaño. Otras, como Ganoderma lucidum, pueden resultar sorprendentes también por su colorido y aspecto de ostra:


Ganoderma lucidum es una especie cosmopolita y, en realidad, puede corresponder a un complicado complejo de especies. Sin embargo, pese a estar extendida por medio mundo, tanto en regiones tropicales como templadas, sólo encontramos un par de estos pequeños yesqueros (los de la foto) mientras que algunos de sus parientes mucho mayores resultaban mucho más fáciles de ver.


No todos los hongos son tan llamativos. Varias líneas evolutivas de estos organismos han desarrollado estructuras reproductivas mucho más complicadas de ver, incluyendo formas hipogeas que maduran bajo tierra. Algunas especies bastante discretas pertenecen a la familia Agaricaceae, conocidas como pedos de lobo (Lycoperdon spp). Encontramos este ejemplar aún blanco:


Al madurar, se oscurecen y acaban por reventar, liberando nubes de esporas negruzcas. En cambio, la presencia de especies de la familia Amanitaceae es mucho más evidente. Encontramos ejemplares de  Amanita de color marrón, posiblemente Amanita pantherina:



Se trata de una especie forestal pero muy adaptable, que ocupa bosques relativamente húmedos tanto de coníferas como planifolios. Mucho más conocida es su pariente de vivo color rojo, la Amanita muscaria:


De ambas especies encontramos varios individuos, aunque, dado que las diferentes especies de Amanita menos coloridas son difíciles de diferenciar, no estoy seguro de cuántas de ellas observamos ni cuáles eran exactamente. Eso sí, la coloración de la Amanita muscaria era espectacular:


Dentro del robledal, pero en el borde de un camino, encontramos una seta menos colorida pero mucho más grande, perteneciente al género Macrolepiota:


Existen varias especies de estos hongos forestales en el centro peninsular, pero no me resulta nada fácil decantarme por una. Podría tratarse de Macrolepiota procera, aunque el pie era totalmente blanco, lo que no me cuadra con esta especie. Mucho más sencillo de identificar me resultó este ejemplar de Coprinus picaceus:


Se trata de un miembro de la familia Psathyrellaceae, de distribución amplia. En el centro de la península, tiende a asociarse con bosques planifolios húmedos, con cierta influencia atlántica. Especialmente robledales de Quercus pyrenaica y castañares. Dadas sus preferencias, en Toledo se encuentra en gran medida restringido a algunas áreas del sur, donde ocupa bosques montanos. En cualquier caso, Coprinus picaceus fue una de las especies más sencillas de identificar. Justo lo contrario que la siguiente:



Pese a que la estructura porosa de la cara inferior del sombrero me hizo pensar que se trataba de un miembro del género Boletus, creo que pequé de una gran ingenuidad. Efectivamente, podría tratarse de Boletus subtomentosus, pero, al parecer, también de Xerocomellus chrysenteron. Ambas especies, incluso perteneciendo a géneros diferentes, son muy parecidas. O incluso, podría no ser ninguno de esos dos.

Resulta sorprendente la cantidad de seres vivos que, invisibles la mayor parte del tiempo, viven en los ecosistemas que nos rodean. En aquella breve salida, fotografiamos tan sólo una pequeña parte de las setas más llamativas de aquel robledal toledano. Sin duda, hubo muchísimas que pasamos por alto, y otras muchas que ya habían emergido y desaparecido, así como cantidad que todavía permanecían bajo tierra. Es cierto que es un placer para los sentidos buscar tranquilamente estas pequeñas criaturas. Pero también lo es que te hace pensar en cuánto desconocemos de la naturaleza que observamos cotidianamente.


miércoles, 13 de febrero de 2013

UN DÍA DE TEJONES

El pasado sábado 8 de diciembre, hicimos una salida muy interesante con Iván. Se trataba de explorar una zona boscosa donde él está realizando un estudio sobre tejones. Madrugar mereció la pena, sobre todo porque nos permitió conocer una zona muy interesante que nos queda relativamente cerca de casa.

El área donde Iván está haciendo el seguimiento de varias familias de tejones, se sitúa a algo más de 1.000 m de altitud. El clima puede considerarse de transición entre templado de verano seco y caluroso y templado de verano seco y templado. La temperatura media anual es de unos 12'5º C, siendo los inviernos muy fríos y con nevadas frecuentes. Las precipitaciones son relativamente abundantes comparadas con las que tenemos en el sureste de Madrid, superando de media los 780 mm anuales. En cuanto al suelo, está formado por plegamientos calizos, si bien existen afloramientos puntuales de rocas ácidas (cuarcitas). Esas condiciones favorecen la formación de comunidades vegetales dominadas árboles de hoja perenne, como encinas, sabinas y enebros, así como por algunas especies de hoja caduca o marcescentes (quejigos y en menor medida robles melojos). 

Iván nos había dicho que el lugar merecía la pena, no sólo por su fauna, sino en general por lo curioso de sus formaciones rocosas y por la belleza del paisaje en general. Desde luego, no decepcionó. Al margen de un pequeño incidente inicial con un cazador armado, que disparó en el mismo camino por el que caminábamos nosotros, pudimos disfrutar un entorno tranquilo y lleno de vida. La mayor parte del recorrido estuvimos rodeados por un bosque mixto de encinas (Quercus rotundifolia) y sabinas albares (Juniperus thurifera), entremezcladas con quejigos (Quercus faginea) en puntos donde el suelo era particularmente húmedo. Estas especies pueden observarse juntas en la siguiente foto:


La mayor parte del arbolado no alcanzaba muchos metros de altura. De hecho, se diría que se trata de un bosque en pleno proceso de maduración. La presencia de grandes ejemplares aislados de sabina, probablemente de varias veces centenarias, y encinas enormes, apuntan a procesos de deforestación en un pasado reciente. El porte de algunos gigantes supervivientes atestiguan que las condiciones locales permitirían el desarrollo de un bosque esclerófilo mixto, alto y sombrío:


Prácticamente al empezar a caminar, Iván nos mostró el primer rastro de presencia de tejones. Concretamente una letrina:


Fue la primera pista de la presencia de estos mamíferos, tan difíciles de observar y tan poco estudiados en nuestro país. El tejón (Meles meles) es un mustélido de gran tamaño que presenta numerosas particularidades en relación con otros carnívoros ibéricos. Para empezar, es de costumbres subterráneas, o mejor dicho, pasa buena parte de su vida bajo tierra en madrigueras que forman verdaderos edificios en el subsuelo. Sólo al anochecer salen en busca de alimento. Es entonces cuando aprovechan para marcar su territorio de una forma muy llamativa: excavando y defecando en letrinas comunales, que utiliza toda la familia. Y es que los tejones son, con toda seguridad, los mustélidos autóctonos más sociales: forman clanes que comparten territorio, sistema de galerías y habitáculos subterráneos. Las letrinas familiares, según nos explicó Iván, aparecen siempre a cubierto de un árbol o un saliente rocoso, probablemente para protegerlas así de los elementos. Los tejones escavan agujeros cónicos y depositan en ellos sus excrementos. El aspecto de las deposiciones varía mucho según la dieta, y ésta con las estaciones. En ese momento eran negras y blandas (aunque no me entretuve en comprobar físicamente la textura):


Muy cerca de aquella primera letrina observamos otros excrementos, incluyendo uno de zorro y otro de garduña. Este último, en medio del camino, se encontraba lleno de semillas de frutos de sabina y otras especies:


Al parecer aquella zona boscosa mantiene una comunidad de mamíferos carnívoros muy diversa, que incluye no sólo especies muy comunes, como el zorro, sino también ginetas o garduñas, además de animales más raros, como los tejones y los gatos monteses. Es interesante cómo cada una de estas especies explota los recursos alimenticios y el espacio de un modo diferente, de tal manera que la competencia se reduce. En el caso de la garduña (Martes foina), destacan en este sentido sus hábitos parcialmente arborícolas, el uso intensivo de roquedos y fisuras calizas y el consumo de oportunista de pequeños animales y gran cantidad de fruta.

De camino a la primera tejonera que íbamos a visitar, nos encontramos junto al camino esta magnífica encina:


La mayor parte de las encinas de gran tamaño que pudimos ver, se encontraban relativamente lejos de los caminos. Eso me hace pensar que tal vez el proceso de deforestación tuvo más que ver con la tala para la obtención de leña o carbón vegetal, que con quemas para obtener pastos. El caso es que la primera tejonera se hallaba no en un encinar, sino en un sabinar casi puro que quedaba un poco más al noroeste. Este es el aspecto del sabinar en maduración:



La tejonera era, para los estándares de la Iberia mediterránea, espectacular:


La familia de tejones había extraído del subsuelo una enorme cantidad de tierra, creando un gran montículo junto a la boca principal que daba acceso al sistema de galerías subterráneas. El tejón es un mamífero propio de climas húmedos, que muestra una especial predilección por alimentarse de lombrices de tierra. En Centroeuropa o en las Islas Británicas, la abundancia de su fuente alimenticia preferida mantiene grandes familias o clanes, que excavan enormes tejoneras con numerosas bocas. En la mayor parte de la península ibérica esto no es así. Tal y como nos explicó Iván, aquí la mayor parte de las tejoneras se encuentran ocupadas por una pareja, o bien por la pareja y algunas hembras hijas de ésta. Por ese mismo motivo, sus madrigueras son mucho más discretas y modestas. Ésta del gran montículo, por ejemplo, tan sólo tenía dos entradas. Ésta era la principal:


La segunda familia a la que le hicimos una visita, se había instalado en un bosque mixto (encinar-sabinar). La tejonera era incluso mayor que la anterior, con dos sectores diferentes que a su vez tenían varias bocas cada uno. Por desgracia, lo intrincado de la vegetación no dejaba hacer buenas fotos del espectacular montón de tierra que se acumulaba frente a las huras. Ésta es la más decente que pude hacer:


Debido a que los tejones excavan permanentemente y hacen continuos trabajos de acondicionamiento en sus  hogares subterráneos, sacan a la superficie gran cantidad de materiales. Iván nos contó una cosa que me pareció muy curiosa: había encontrado cráneos de tejón en esos montículos. Al parecer, a veces suben los restos de sus parientes o antepasados junto con la tierra que extraen en sus ampliaciones.

Dejo aquí algunas fotos de las bocas, en las que pueden observarse los carriles o surcos que los animales hacen en sus constantes entradas y salidas:




Muy cerca de allí, en un camino ligeramente húmedo, encontramos un rastro de tejones. Las huellas, muy características, recuerdan a las de un oso y en ellas se observan siempre las poderosas garras excavadoras, marcadas frente a los cuatro dedos principales:



Nuestro guía en aquella jornada de campo nos llevó a ver una zona de cuevas, y de camino nos encontramos con esta madriguera de tarántula (Lycosa) en una zona despejada:


He visto muchos nidos de tarántula en mi vida, ya que eran unos animales muy abundantes en el campo que había frente a mi casa durante mi infancia. Sin embargo, es la primera vez que veo la construcción que se ve en la imagen: un tubo tejido con palitos y fibras vegetales. Al lado puede observarse la tierra evacuada por la gran araña durante la excavación del túnel. En aquel claro encontramos otras tres madrigueras más de tarántula, todas similares, con los mismos tubos de palitos y materia vegetal seca. 

Poco después visitamos una cueva, que resultó ser muy interesante también. Se abría tenebrosa entre la vegetación. De hecho, una cortina de hiedras cubría todo un lateral de la entrada:


Aunque el suelo estaba cubierto de escombros acumulados a lo largo de siglos de desprendimientos, pudimos avanzar un poco en la oscuridad, alumbrándonos con las luces de los móviles. Iván nos mostró unas congregaciones de murciélagos, que se encontraban arracimados en grupos compactos:


En el momento no pude fijarme bien, pero después, viendo las fotos, se pueden diferenciar al menos dos especies. Una de ellas es muy grande (tal vez un tipo de Rhinolophus) y la otra, mucho menor, podría ser algún tipo de Myotis. Imposible saberlo, porque no quisimos molestarlos. Lo que está claro es que las cuevas que se abren en la zona son de gran importancia para los quirópteros. Algo nada despreciable, teniendo en cuenta lo vulnerables que son estos mamíferos, lo amenazados que se encuentran y lo poco que sabemos aún de su biología.

En las inmediaciones seguimos viendo tejoneras, muchas de ellas abiertas bajo salientes rocosos:


Y más encinas de gran porte, entre lapiaces calizos apartados de los caminos:


Poco después iniciamos el regreso. De camino al coche encontramos estos excrementos:


En resumen, una jornada de campo muy agradable y en la que aprendí muchas cosas. ¿Qué más se puede pedir?

miércoles, 21 de diciembre de 2011

AJEDREZADAS BIGORNIAS EN EL ALTO TAJO

Visitar el Alto Tajo en el mes de Agosto, en las inmediaciones de Peralejos de las Truchas, es algo muy recomendable. Una paz impresionante te rodea a poco que te salgas de la carretera, entre enormes cañones de roca caliza, bosques de pinos, manchas de matorral y pastizales.



Abajo, en el fondo, fluye el Tajo, que por allí aún corre cristalino y gélido, entre bosques riparios dominados por salicáceas de diferentes especies:




Un lugar paradisíaco, donde poderse bañar (a quien le apetezca el agua helada) bajo la atenta mirada de los buitres.



Fue precisamente en la orilla del Tajo, en un pequeño banco de arena entre las hierbas junto a una chopera, donde descubrimos una impresionante concentración de mariposas de varias especies. Seguramente habían acudido allí a sorber sales. Las más abundantes, sin ninguna duda, eran unas pequeñas que formaban verdaderos enjambres:




Con mucha probabilidad se trataba de ajedrezadas bigornias (Pyrgus onopordi), unos lepidópteros de la familia Hesperiidae con un área de distribución limitada a la cuenca mediterránea occidental. Digo "con mucha probabilidad" porque en nuestro territorio coexisten varias especies de Pyrgus muy similares entre sí, y cuya diferenciación requiere no sólo de mejores fotos que las que yo hice, sino también de más conocimientos de los que poseo. Aun así, me decanto por Pyrgus onopordi dado que esta mariposa presenta en el reverso de sus alas posteriores un dibujo blanquecino característico, en forma de yunque. Aunque no muy bien, este diseño se puede observar en esta foto:




Otro hespérido parecido y que también está bastante extendido en la zona del Alto Tajo es la ajedrezada tórrida (Pyrgus cirsii), y no sería de extrañar que los enjambres que se posaban sobre la arena estuvieran formados por más de una especie.


La ajedrezada bigornia se encuentra distribuida de forma dispersa por el norte de África, desde el norte de Argelia al noroeste de Marruecos. En Europa aparece fundamentalmente en el centro y sur de la península ibérica (tanto en España como en Portugal), a lo largo de la península italiana y el sur de Francia, aunque se conocen algunas poblaciones más al norte, incluso en Suiza y la franja eurosiberiana del norte ibérico (donde es muy rara). Es, por tanto, un endemismo del Mediterráneo occidental.


Se trata de un insecto ligado a prados y matorrales con comunidades florísticas ricas, particularmente en localidades relativamente cálidas, y desde altitudes bajas a unos 1.800 m sobre el nivel del mar. Se observan ejemplares en vuelo desde abril a octubre, con tres generaciones anuales. Entre las plantas de las que se alimentan sus orugas se han citado Malva neglecta, y diversas especies de Althaea, Ruta, Rubus, Potentilla, Helianthemum, Scabiosa y Knautia.


Tal y como se puede ver en las primeras fotos, en la zona donde vimos los enjambres de ajedrezadas se encuentra bosques de coníferas con prados y matorrales que se desarrollan sobre suelos calizos. Y muy cerca se dan diferentes comunidades vegetales asociadas al río. En estas condiciones encontramos una enorme cantidad de especies de plantas en un espacio muy reducido, lo que supone una de las mayores riquezas del parque del Alto Tajo. En cualquier caso, permite que estas mariposas prosperen en los pastizales y praderas de tierras altas, al tiempo que pueden acceder a las cercanas fuentes de sales disueltas que el río les ofrece en sus márgenes.