miércoles, 9 de diciembre de 2009

EL CAMBIO CLIMÁTICO Y LA CONTAMINACIÓN ATMOSFÉRICA REDUCEN LAS PRECIPITACIONES EN MADRID

Se acaba de publicar un trabajo muy interesante sobre este asunto. Adjunto enlace y resumen:

http://www.globalizate.org/global120909.html



El cambio climático y contaminación atmosférica reducen las precipitaciones en Madrid

La asociación Globalízate ha realizado un amplio estudio de 73 páginas sobre la evolución de las precipitaciones de 8 observatorios de Madrid con datos facilitados por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).

Los observatorios objeto del estudio han sido: Puerto de Navacerrada, Fuente el Saz, Aeropuerto de Barajas, Soto del Real, Hoyo de Manzanares, Parque del Retiro en Madrid, Torrelodones y Talamanca del Jarama. La serie de datos de todos los observatorios comienza aproximadamente en 1945 hasta 2009, excepto para el parque del Retiro cuya serie de datos comienza en 1893 hasta la actualidad.Los resultados principales del estudio han sido:

- Atravesamos el periodo más seco en los últimos 55 años.

- Las precipitaciones comienzan a evaporarse antes.

- Los meses de enero, febrero, marzo, junio y septiembre han sufrido descensos en la precipitación media mensual superiores al 30%.

- El mes de octubre es el único que registra un ligero aumento de precipitación.

Se ha observado una reducción de la precipitación media anual en todos los observatorios de estudio. Esta reducción oscila entre las reducciones moderadas del parque del Retiro (8.2%), Fuente El Saz (8.8%) y Navacerrada (8.8%) y las extremas de los observatorios de Torrelodones (23.6%), Soto del Real (20.6%) y el aeropuerto de Barajas (19.7%). Los observatorios de Talamanca del Jarama y Hoyo de Manzanares sufren un descenso intenso del 15.4% y del 12.2%, respectivamente.

Es importante la reducción de precipitaciones en todas las zonas, pero especialmente en las zonas que son cabeceras de cuencas hidrográficas. El significativo descenso de las precipitaciones de Navacerrada, Soto del Real y Hoyo de Manzanares, junto con la subida de las temperaturas medias anuales en la región hace que dure menos la nieve en las montañas, principal reserva de agua para los arroyos y ríos que nutren gran cantidad de pantanos de la Comunidad de Madrid.

Las causas de este descenso se deben a que cada vez pasan menos frentes y se forman menos centros de bajas presiones al oeste de la península que favorecen las lluvias más intensas en el centro peninsular. Esto a su vez, está relacionado con el aumento de las temperaturas en Groenlandia y la pérdida de hielo marino de la banquisa Ártica como consecuencia del calentamiento global.

En el estudio, se han encontrado indicios de que la contaminación atmosférica generada en Madrid capital, cinturones industriales y el tráfico aéreo en el aeropuerto de Barajas, podría estar inhibiendo la precipitación. De hecho, por encima de Torrelodones y Soto del Real circulan muchas aeronaves en sus trayectorias de despegue y aterrizaje en Barajas.

La región de Madrid podría haber entrado en un círculo vicioso consistente en que por culpa del cambio climático las situaciones anticiclónicas, estables y sin lluvias son cada vez más frecuentes. Estas situaciones de estancamiento provocan una acumulación de contaminantes y cuando llegan las lluvias, hay menos de las que habría en zonas limpias porque la contaminación suprime la precipitación. Por otro lado, las políticas de crecimiento tienden a crear ciudades más grandes que necesitan a su vez más agua, más energía y producen una mayor emisión de contaminantes lo que acentúa la reducción de la precipitación en las cabeceras de las cuencas hidrográficas.

El estudio ha contado con la inestimable colaboración de observadores de meteorología, un Doctor en ecología y el investigador Amir Givati, de la universidad Hebrea de Israel, experto en estudios sobre contaminación atmosférica y reducción de las precipitaciones.



Foto en la que se aprecia como un frente nuboso se deshace sobre la ciudad de Madrid, formándose un hueco de cielo despejado:



Para descargar informe:

http://www.globalizate.org/InformePRECP091209.pdf

sábado, 21 de noviembre de 2009

EL ACANTISITA O CHOCHÍN DE STEPHEN, Y EL DESTINO DEL ARCA

Cuando en el otoño austral de 1879 comenzaron las obras para construir el faro de la Isla de Stephen, en Nueva Zelanda, nadie pensó en ella como en un arca salvadora. Ni siquiera como en una balsa en la que un náufrago se hubiese echado desesperadamente al mar. Porque la Isla de Stephen, con sus 2.6 kilómetros cuadrados era un insignificante pedazo de tierra, sin más utilidad que la de sostener un faro frente a las costas de la Isla Sur de Nueva Zelanda. El paisaje áspero y barrido por los vientos la hacían muy poco acogedora.



Sin duda, ninguna de las personas que impulsaron el proyecto de aquel faro, ni las que lo construyeron, ni aquellas que se fueron a vivir a ese lugar inhóspito para atender la infraestructura, pensaron que sus actos estaban apunto de hacer naufragar a uno de esos habitantes únicos de nuestro mundo. Un desastre que sucedió rápidamente, y del que la humanidad tendría conocimiento cuando ya hacía tiempo que era un hecho consumado. Los indicios del hundimiento comenzaron a llegar en junio de 1894, sin que nadie imaginara lo que en realidad estaba sucediendo:

Un gato, al que llamaban Tibbles, comenzó a llevar al faro unos pajarillos en las fauces. Por suerte, un farero llamado Lyall estaba interesado en la historia natural, y se tomó la molestia de enviar uno de esos cadáveres a Walter Buller (naturalista y ornitólogo neozelandés). Éste reconoció los restos como pertenecientes a una especie de paseriforme no descrita aún por la ciencia. Se preparó así la descripción científica para publicarse en la revista Ibis. Durante el invierno y comienzos de la primavera, en la isla Lyall continuó recogiendo esos misteriosos pajarillos muertos que el gato dejaba en el faro. En base a algunos de los preservados, se realizaron ilustraciones como ésta:



Claramente hubo personas que, conscientes de lo que estaba sucediendo, trataron de sacar partido de la situación. Fue así como se le ofreció por una buena suma de dinero unos ejemplares a Lionel Walter Rothschild, banquero, político y zoólogo británico, que bautizó a la criatura como Traversia lyalli. Lo hizo en honor al naturalista llamado Travers, que le había vendido muy caros los especímenes asegurándole que pronto no quedaría ninguno, y también en recuerdo del farero.

El 24 de enero de 1895 Travers ofreció a Rothschild un especimen conservado en alcohol, con las vísceras intactas. El zoólogo nunca lo recibió. Tal vez porque unos días más tarde Travers visitó la isla, sin lograr encontrar ni un sólo pájaro. Por esos días, a comienzos de febrero, Lyall, el farero, escribió a Buller diciéndole que los gatos se habían asilvestrado y estaban acabando con todas las aves.

El 7 de marzo Travers informó a Rothschild sobre algunos de los hábitos que se habían podido observar en el pájaro, que no había sido visto vivo más que en dos ocasiones. Finalmente logró obtener otro ejemplar, que el gato había traído agonizante. Lo conservó en alcohol. El día 16 de ese mismo mes, aparecía en el periódico The Press esta afirmación en su editorial:

"Hay buenas razones para creer que el pájaro ya no puede encontrarse en la isla, y, como no se sabe que exista en ningún otro lugar, aparentemente se ha extinguido".

No había pasado un año desde que se descubriera la especie.

En abril se cambió su nombre científico, quedando englobado dentro de la familia Acanthisittidae (endémica de Nueva Zelanda): Xenicus insularis, actualmente Xenicus lyalli. El interés de los científicos no disminuiría, pero ya era demasiado tarde. Durante mucho tiempo se pensó que el caso de este animalito, bautizado como chochín de Stephen, era el único conocido en el que toda una especie hubiera sido exterminada por un solo gato. En realidad, su extinción fue consecuencia de una población asilvestrada de gatos domésticos. Pero estos sólo eliminaron los últimos supervivientes de una especie antigua, que había encontrado su última y desgraciada tabla de salvación en la isla de Stephen.

El chochín de Stephen pertenecía a una familia de paseriformes primitivos, que no se encontraban (ni se encuentran) fuera del archipiélago neozelandés. Habían evolucionado allí aislados durante millones de años, en un medio en el que no existían más vertebrados que algunos reptiles, unas pocas ranas, y dos especies de murciélagos. Aunque sin duda ninguna el grupo de animales vertebrados que había tenido más éxito para alcanzar y poblar las islas había sido el de las aves. Casi todas volando arrastradas por los vientos desde continentes remotos, y que al llegar encontraban un archipiélago lleno de nichos ecológicos libres. Y se desataron así las más sorprendentes fuerzas de la evolución.

Decía Platón que la realidad se divide en dos esferas o mundos: el Mundo de las Ideas, donde se encuentran los entes reales, eternos, perfectos, que nos son invisibles. Porque nosotros habitamos el Mundo Sensible, en el que todo lo que nos rodea (y nosotros mismos) no es más que un reflejo o imitación imperfecto de las ideas inmutables. Así, cuando vemos un caballo no vemos sino una copia que trata de imitar al original del Mundo de las Ideas, aunque acercándose sólo un poco. Estoy casi seguro de que Platón nunca había pensando en la evolución de los seres vivos. Y sin embargo en la naturaleza encontramos formas que se repiten, partiendo de la progresiva transformación de criaturas muy diferentes. Tal vez el filósofo, en sus paseos, vio alguna vez una musaraña buscando insectos entre la hojarasca del suelo del bosque. Si él hubiese podido viajar en su época a la isla de Stephen, habría observado atónito que allí la musaraña tenía plumas y correteaba sobre dos patas: el chochín de Stephen había desarrollado la forma de un pequeño insectívoro terrestre, hasta el punto de adoptar una forma de vida parcialmente nocturna.

Otras aves desarrollaron en aquellas islas las formas y el comportamiento de animales que se encuentran en otros continentes. Así, las gigantescas moas evolucionaron hasta convertirse en los equivalentes de los ciervos, alces y girafas. Los kiwis, como los erizos y los tejones, salían al anochecer de sus madrigueras para buscar lombrices por el suelo. Y los keas, unos loros, pasaron a transformarse en reflejos de los cuervos en las montañas.

Una estirpe de pajarillos antiguos (los acantisítidos) se diversificó hasta ocupar casi todos los hábitats locales. De ellos unos pocos llevaron al extremo la convergencia con la "idea de musaraña". En el caso del chochín de Stephen pasó a ser estrictamente terrestre, alimentándose sobre y entre la hojarasca. De hecho no podía volar, ni le hacía ninguna falta. Correteaba por el suelo con movimientos rápidos y ágiles, ocultándose en fisuras y agujeros como los ratones. Aunque no existen registros sobre su reproducción, si tenemos en cuenta los hábitos de otras especies supervivientes de su familia, hay que suponer que hacía su nido en agujeros, y que su descendencia era poco numerosa y se desarrollaba lentamente.

Pero el chochín de Stephen evolucionó sin tener que hacer frente a predadores eficaces, así que pudo poblar todo tipo de bosques y matorrales sin mayores problemas. En un microcosmos que se desarrollaba en paralelo al resto del mundo, y sin saber de él. Por eso, el día en que en el horizonte apareció una embarcación humana, navegando con los vientos desde islas lejanas, aquellas frágiles emanaciones de la naturaleza estuvieron perdidas. Porque desde que los antepasados de los maoríes pusieron el pie en Nueva Zelanda, se inició una catarata de extinciones en la fauna y flora locales.

De forma directa, aquellos primeros pobladores humanos cazaron hasta la extinción a diversas especies de aves terrestres, sobre todo las grandes y pesadas moas. Pero sin quererlo, en sus embarcaciones los humanos habían llevado consigo ratas, que se extendieron rápidamente, devorando huevos y pollos de otras muchas especies que la gente no cazaba. La oleada de extinciones recorrió el territorio hasta las cumbres más altas de las montañas, y uno de los grupos más afectados fueron los pajarillos-musaraña, que no volaban y criaban en el suelo.

Por eso, cuando llegaron los europeos al archipiélago, y comenzó la segunda oleada de destrucción (tal vez incluso más terrible y rápida), el pajarillo que quería ser musaraña sólo vivía ya en la isla de Stephen. Donde no habían llegado las ratas. Y como un náufrago aferrado a un madero, pretendía seguir existiendo. Su desaparición puede entenderse como símbolo de varias cuestiones importantes: de la fragilidad de nuestro propio mundo, al que entendemos como nuestra arca común. De la rapidez con la que nuestro planeta se vacía. Y también del alcance de la ignorancia, o el desinterés, que el ser humano muestra hacia las consecuencias de sus actos.

viernes, 20 de noviembre de 2009

UNA SENTENCIA JUDICIAL PROHÍBE LA MATANZA DE LOBOS AL SUR DEL DUERO

Por fin una noticia alentadora sobre la política que la Junta de Castilla y León mantiene respecto al lobo. Una política dirigida a convertir a este animal en una máquina de hacer dinero, promoviendo su explotación cinegética, mientras justifica ésta por unos daños al ganado que ni previene ni indemniza adecuadamente. Para ello, es capaz de legislar contra la legislación, algo a lo que ya nos tienen acostumbrados los políticos de Castilla y León. En este caso se salta, por ejemplo, la directiva comunitaria que da protección estricta al lobo al sur del río Duero.

La actitud de determinados gobiernos regionales (particularmente el castellano-leonés) con respecto a este depredador, está teniendo efectos desastrosos. Por un lado se favorece la sensación de indefensión entre los ganaderos, potenciándose así la conflictividad en el medio rural. Por otro, se aumentan las cuotas de cabezas de lobo que se cazan cada año, engordando un negocio extremadamente lucrativo, dado el alto precio que alcanzan los trofeos de lobo. Lejos de resolver nada, el efecto de estas medidas se deja sentir en el repunte del veneno en el campo, y en el crecimiento vertiginoso de un mercado negro de trofeos de lobo que se alimenta de la caza ilegal.



Al menos esta sentencia vuelve a dar una bofetada a la Junta. Aunque me pregunto cómo es posible que, después de encadenar un rosario de sentencias que declaran ilegales sus propias leyes, ni haya dimisiones, ni se vea un cambio de actitud.

Dejo este artículo de El País, sobre este asunto:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/justicia/prohibe/caza/lobo/sur/Duero/autorizo/Castilla/Leon/elpepusoc/20091120elpepusoc_3/Tes

La justicia prohíbe la caza del lobo al sur del Duero que autorizó Castilla y León

Varapalo a la Junta por convertir el lobo en especie cinegética en toda la comunidad pese a estar protegida - El Tribunal Superior da la razón en parte a Ecologistas en Acción

El Tribunal superior de Justicia de Castilla y León ha anulado buena parte del decreto de la Junta de Castilla y León de abril de 2008 que establecía las fórmulas para cazar el lobo al sur del Duero, donde está catalogado como especie protegida. El Tribunal considera que la Junta convierte al "lobo en especie cazable en todo el territorio de la comunidad autónoma" pese a que la UE los considera protegidos al sur del Duero. La sentencia da la razón en parte a Ecologistas en Acción -niega como alegaron los ecologistas que el proceso no fuera transparente-.

Características del lobo ibérico- Fuentes: Ministerio de Medio Ambiente, Museo Nacional de Ciencias Naturales, Sociedad Española para la Conservación y Estudio de los Mamíferos.

La sentencia supone un nuevo varapalo a la política ambiental de la comunidad autónoma, ya que el mismo tribunal ya anuló la estación de esquí de San Glorio en un espacio con osos protegido entre Palencia y León o la urbanización de Las Navas del Marques (Ávila) en un pinar protegido con cigüeñas negras y por la que fueron imputados decenas de cargos y técnicos que participaron en la aprobación del proyecto.

La sentencia considera que se puede concluir "sin especial dificultad" que "el Plan de Conservación y de Gestión del lobo en Castilla y león no se atiene" a la Ley de Patrimonio Natural, de 2007, ni a la directiva de Hábitats de la UE, de 1992, en lo relativo a "las especies que requieren una "protección estricta", como es en el caso el lobo situado al sur del Duero". El tribunal recuerda que "sólo los que están al norte podrán en su caso ser objeto" de caza.

La normativa europea permite cazar estos animales de forma excepcional y controlada si hay daños al ganado o a otras especies. En los últimos años, los ataques de lobos al ganado han crecido con la expansión de la especie, especialmente en Ávila y Segovia. La Junta aporbó con el decreto la caza pero lo hizo autorizándola en toda la comunidad. La sentencia prosigue con su crítica a la norma: "El Decreto realiza una clasificación por zonas en función del grado de aprovechamiento que el mismo permite, que se distribuyen por todo el mapa de la Comunidad de Castilla y León sin atenerse a la circunstancia de estar al norte o al sur del río Duero. Y lo que es más grave todavía, el artículo 19 establece que "en aquellas comarcas donde la situación demográfica de la especie permita su aprovechamiento cinegético", por lo tanto en todas ellas sin necesidad de atender a esa circunstancia de la ubicación, el mismo "podrá ejercerse durante la época hábil establecida en las órdenes anuales de caza"; lo que supone a fin de cuentas que está convirtiendo al lobo en especie cazable en todo el territorio de la comunidad autónoma, con independencia del lado del río Duero en que se encuentre".

El fallo recuerda que el Consejo Consultivo de Castilla y León ya advirtió de que la normativa tenía que tener en cuenta la legislación europea y nacional.
Varapalo a la Junta por convertir el lobo en especie cinegética en toda la comunidad pese a estar protegida - El Tribunal Superior da la razón en parte a Ecologistas en Acción.