viernes, 26 de junio de 2009

PECES NATIVOS EN CABAÑEROS

A finales del pasado mes de mayo, en una visita que hicimos a Cabañeros, pudimos observar varias especies de peces autóctonos en los ríos del parque. El calor ya era muy fuerte, y el paisaje amarilleaba con la hierba seca en las rañas.

El primer río que visitamos fue el arroyo Milagro. Sus aguas claras y la ribera bien conservada dan idea de cómo debían ser la mayor parte de los cursos de agua del centro peninsular antiguamente. En el arroyo Milagro siempre hay ranas, y esta vez también se podía oír sus cantos. La mayor parte de los peces que pueden verse allí son calandinos (Squalius alburnoides), aunque también puede verse algún cacho (Squalius pyrenaicus). Posiblemente se den también otras especies en menor número, pero hemos podido ver el curso medio y bajo del Milagro seco, incluso este año de abundantes lluvias. Desconozco el motivo de este fenómeno, pero probablemente haga muy complicada la llegada de otras especies desde el río Bullaque.

La segunda parada fue en el Estena, concretamente en la Ruta del Boquerón que sale de Navas de Estena. Dicho río tiene agua todo el año, aunque su régimen es torrencial. Durante el verano sufre un estiaje muy pronunciado y su nivel baja considerablemente. En cambio con las lluvias de otoño y primavera sufre crecidas impresionantes, que barren el barranco y hacen subir el agua a gran altura. Pese a los arrastres y una dinámica fluvial tan dura y hostil (o tal vez gracias a esto) se encuentra en el Estena un buen porcentaje de las especies nativas de peces de la Península Ibérica.

Uno de los que más nos llamó la atención fue la colmilleja (Cobitis paludica), que aparecía en buen número entre los cantos del fondo, cerca de las orillas. Este pequeño pez de fondo es casi endémico del centro y el sur de nuestra península, si bien se ha citado en algunos ríos del norte de Marruecos. Habita ríos y humedales, con la condición de que el agua sea limpia y la corriente no muy fuerte. Desgraciadamente la contaminación, la regulación de los ríos mediante presas y embalses, la desaparición de arroyos, manantiales y humedales por las extracciones de agua y la introducción de especies exóticas, han hecho que la colmilleja haya desaparecido de buena parte de su territorio. En Madrid, unas décadas atrás, era incluso numerosa en la cuenca media del Jarama, donde actualmente se encuentra extinta.



Los peces del género Cobitis, se originaron en Asia. Desde allí, hace millones de años, alcanzaron Europa y la cuenca del Mediterráneo desde la región de Mesopotamia. Sucesivos procesos de colonización y especiación dieron lugar a las diferentes formas de cobítidos de nuestra región geográfica, y Cobitis paludica es una de las que han llegado más al oeste, hasta el Océano Atlántico. La otra es la lamprehuela (Cobitis calderoni), endémica del norte de nuestra península, que aparece fundamentalmente en las cuencas del Duero y el Ebro. Nuestro país cuenta con un tercer cobítido, la colmilleja del Alagón (Cobitis vettonica), que sólo se encuentra en este afluente del Tajo, y que es uno de los peces más raros del mundo. Dejo aquí dos filmaciones que hice de estos animales del Estena:

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En este segundo vídeo se observan también ejemplares de boga del Guadiana (Chondrostoma willkommii), calandinos y cachos.

Aunque en otras ocasiones hemos podido observar pardillas (Iberochondrostoma lemmingii), esta vez no ha sido así, pero en cambio hemos podido ver varios alevines de barbo comizo (Barbus comiza) con una librea moteada y su morro característico alargado. No pudimos ver individuos adultos, aunque dado que el comizo prefiere aguas profundas es probable que sólo se reproduzca en este río. Tras el desove seguramente los reproductores desciendan aguas abajo otra vez. Pero los barbos más numerosos eran los cabecicortos (Barbus microcephalus). Este gran ciprínido se encuentra restringido a la cuenca del Guadiana, y se encuentra amenazado, así que la población presente en el Estena es de gran importancia.

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En cuanto a las bogas, eran abundantes los alevines y ejemplares de pequeña talla, que mordisqueaban las algas de las piedras y rocas del cauce. De todos modos seguramente en número y biomasa la especie más numerosa era el calandino (Squalius alburnoides), que formaba grandes cardúmenes muy activos. Este ciprínido también es endémico de las cuencas atlánticas de España y Portugal, y además tiene una genética muy compleja, encontrándose con frecuencia individuos tetraploides. Su pariente, el cacho (Squalius pyrenaicus) era fácil de observar, pero en menor cantidad. Existen varias especies de pequeños cachos endémicas de nuestra geografía peninsular, y esta especie es la que presenta una distribución más amplia: aparece por todo el centro y el sur, particularmente en las cuencas del Tajo, Guadiana y Guadalquivir.

Como el calandino, es uno de los peces nativos que se adaptan a ríos y arroyos muy irregulares, que casi se secan en verano y sufren riadas con las lluvias. Parecen haber evolucionado para resistir en esos medios hostiles, y así pudimos comprobarlo más adelante, cuando alcanzamos en coche la zona de Santa Quiteria. Allí, en un riachuelo ya sin corriente, cuyo caudal menguante se concentraba en pozas aisladas, encontramos cachos y calandinos. Durante el verano muchos morirán en las pozas más pequeñas, pero los supervivientes se dispersarán cuando las lluvias otoñales devuelvan el caudal al riachuelo. Y durante la primavera se reproducirán en un medio que, por su dureza, cuenta con muy pocos competidores.

¿O eso era antes? Desgraciadamente, en las pozas descubrimos ejemplares de gambusia (Gambusia affinis) y percasol (Lepomis gibbosus), dos especies americanas de carácter invasor. Todos los peces autóctonos que encontramos en Cabañeros son especies cuyas poblaciones mundiales se encuentran únicamente en parte de la Península Ibérica, con la única excepción de la colmilleja. Han evolucionado en nuestros ríos y humedales durante millones de años y se encuentran muy bien adaptadas a sobrevivir aquí. Sin embargo, en las últimas décadas todas ellas han sufrido fuertes pérdidas y se han extinguido de gran parte de su área de distribución histórica. Las razones son la contrucción de presas, la pérdida de caudal de los ríos, la contaminación o la introducción de peces u otros organismos alóctonos. Se encuentran amenzadas, y dado que no viven en ningún otro lugar del mundo, nos corresponde a nosotros preservar lo que queda de ellas.

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